Obesidad, enfermedad de la incultura en hábitos de alimentación

Noviembre 12, 2017.- Cuatro de cada 10 niños –40% de los niños mexicanos– ya presentan afección del hígado similar a las personas que beben alcohol, aunque aún no hayan probado una sola gota

Por Sergio Rojas | Agencia Investigación y Desarrollo

La enfermedad de la obesidad afecta no nada más la panza y el abdomen, sino el sistema metabólico, a edades muy tempranas, por lo que cuatro de cada 10 niños, esto es, 40 por ciento de los niños mexicanos, ya presentan afección del hígado similar a las personas que beben alcohol aunque estos sin haber probado una sola gota, de ahí que en la etapa de su infancia desarrollen con mayor frecuencia la diabetes, cuando debieron padecerla a los 60 o 70 años.

Tras de que en la década de los 50, 60 y 70 había en México una gran prevalencia de desnutrición asociada con una gran mortalidad infantil, en el último cuarto del siglo pasado se empezó a dar una transición epidemiológica hacia la obesidad, por lo que empezaron a surgir enfermedades no transmisibles como la diabetes y el cáncer.

A decir del doctor Salvador Villalpando Carrión, encargado de la Clínica de Obesidad del Hospital Infantil de México, cuando en 1999 se conocieron los resultados de la Encuesta Nacional de Nutrición realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública, el 28 por ciento de los niños padecía de obesidad, lo cual fue considerado como «muy alarmante».

Pero no fue sino hasta poco después, entre el 2000 y 2006 cuando se dio la alarma; sin embargo, señaló, «no nos la creímos, aunque para el 2006 ya había incrementado 34 por ciento la obesidad en niños de seis a 11 años, y para 2012 no habíamos logrado bajar esta enfermedad, con todo y que ya estábamos en alerta».

En 2003 comenzó a trabajar la Clínica de Obesidad en el Hospital Infantil, debido al interés que ya había en el sector por atender a niños con sobrepeso y obesidad, aunque de acuerdo con Villalpando Carrión, en niveles epidémicos es imposible brindar ese tipo de atención a toda la población objetivo. Aun así, recordó que dicha clínica es pionera en su tipo y se ha renovado y mejorado.

«Como en muchas otras clínicas a nivel mundial –dijo–, las tasas de éxito para quitar la obesidad en población infantil son muy bajas, de menos del 10 por ciento, y en el Hospital Infantil tenemos una tasa de éxito del seis por ciento a doce meses. Esto quiere decir que al seis por ciento de los pacientes que entraron con obesidad, después de un año de haber sido intervenidos han quedado sin ésta. O sea, tenemos 94 por ciento de fracaso porque el tratamiento de la obesidad es muy complejo y tiene muy pocos resultados».

Acerca de los factores que han disparado la obesidad mencionó que el problema es mucho más complejo que simplemente culpar a la comida chatarra. «Tiene que ver con la falta de cultura en el consumo de agua potable –explicó–, con la actividad física que hacen los niños en la calle, con la disponibilidad de mayor cantidad no solamente de alimentos densos y calóricos, sino también de bebidas. La gente no lo asume como una posibilidad real, pero hemos perdido esa cultura, creemos que todo tiene que ser embotellado y aun así no se toma agua embotellada, sino refresco embotellado».

En esta parte «muy compleja», como la definió, en la conducta de la alimentación, interviene la tendencia al consumo de «alimento adictivo», un patrón de alimentación muy semejante a «las adicciones del tabaco y alcohol y, sin embargo, aquí no hay un alimento que sea adictivo, es la forma en que se consume porque se pierde el control en el comer, y esto ocurre hasta en 30 por ciento de los chicos que tienen obesidad», indicó.

Estos alimentos, abundó, son adictivos por los sabores, las personas se relacionan con ellos simplemente por una sensación de agrado y satisfacción, como ocurre de alguna manera con el alcohol y el tabaco. «Ni siquiera es un sabor específico, y pueden llegar a las zonas de recompensa del cerebro, es la forma de consumir los alimentos».

Dijo que uno de los factores muy importantes de la obesidad es el consumo de azúcares añadidas, por lo que cerca del 30 por ciento de los niños entre seis y 11 meses de edad ya están consumiendo bebidas azucaradas y hasta carbonatadas. «Las mamás, las abuelitas, los papás, están cómodos con ver que el niño está rollizo en su casa al lado de un niño delgado, pero un niño delgado sigue siendo uno normal».

De acuerdo con el doctor Villalpando Carrión la morbilidad que acompaña a la obesidad lleva implícitas otras complicaciones en la vida de un joven, como enfermedad articular, de rodillas, caderas y el sistema ortopédico, así como alteraciones de nivel dermatológico y nivel emotivo. Aun así, «los niños obesos no se van a morir en la infancia, pero van a llegar como adultos con muchas morbilidades», puntualizó.

Por lo anterior, el pediatra y gastroenterólogo dio tres recomendaciones para prevenir la obesidad: la alimentación al seno materno de manera exclusiva en los primeros seis meses; vigilar el peso y la talla de los niños desde el nacimiento hasta los cinco años, y el tercer punto es clave, el más crítico, dijo, porque se trata de la atención de la mujer embarazada y el incremento de peso en los nueve meses. «Si la mamá está con obesidad su incremento de peso deberá ser de cuatro, cinco o seis kilos máximo; pero si está con peso muy bajo tendrá que ser de ocho, nueve o 10 kilos máximo», apuntó.

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Doctor Salvador Villalpando Carrión

Sólo 6% de éxito en tratamiento de la obesidad

Como en muchas otras clínicas a nivel mundial las tasas de éxito de quitar la obesidad en una población infantil son muy bajas, de menos del 10 por ciento. En el Hospital Infantil de México se tiene una tasa de éxito del seis por ciento a doce meses. «Esto quiere decir que al seis por ciento de los pacientes que entraron con obesidad después de un año de haber sido intervenidos quedan sin obesidad. O sea, 94 por ciento de fracaso. El tratamiento de la obesidad es muy complejo y tiene muy pocos resultados», expresó.

Se trata de un problema que está diezmando a la población, indicó, «la obesidad es menos atractiva de invertir que la enfermedad de cáncer por ejemplo, que recibe una enorme cantidad de financiamiento porque a la gente le mueve el corazón, mientras que la obesidad no».

¿Por qué no le mueve el corazón a la gente?, preguntamos.

«Porque tenemos un cierto prejuicio de que las personas con obesidad tienen conductas de insaciabilidad al comer, que son personas indisciplinadas o que tienen una voluntad pobre y que es su culpa ser obesos», respondió.

Por último, el doctor Villalpando Carrión señaló que, efectivamente, los niños con obesidad no se van a morir en la infancia, «pero van a llegar a la etapa adulta con muchas morbilidades». ◊

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