A propósito de «Solo sé que no se nada…»

Octubre 27, 2017.- Resulta deleznable saber que la casta política consume muchos recursos, que dicho en otras palabras, pudieran servir, por ejemplo, en programas robustos para la alfabetización de los compatriotas que por distintas razones no tuvieron el privilegio de la educación

Por Efrén Camacho Campos | Unamitas en Aguascalientes

Hace mucho tiempo, un primo de mi esposa, tal vez con la intención de hacerse el importante, me preguntó frente a varias personas acerca de quién había dicho el siguiente axioma: «Sólo sé que no se nada…». Tal vez ni le contesté acertadamente, porque estoy cierto que los que estábamos en ese momento no teníamos mucha idea de los filósofos griegos, y como diría el filósofo de Güemes: y ni ahora tampoco.

Seguramente esto no me quitó el sueño, pero como todo en la vida es cíclico, después de varios años, durante mi participación en un taller especializado en materia de administración del conocimiento, recordé la frase y ésta se volvió relevante para mi mejor comprensión en dicho tema.

Evidentemente, la frase es utilizada cuando no sabemos sobre alguna cuestión y de manera explícita hay un reconocimiento, por parte de las personas que la referenciamos,  que nos hace falta conocimiento, a la mejor, en un sinnúmero de asuntos. Por cierto, dicha frase es tan sólo una parte de una oración más larga: «Solo sé que no se nada y, al saber que no sé nada, algo sé; porque sé que no sé nada».

Asimismo, no deja de causar cierta sorpresa que algunos de nuestros flamantes diputados son prácticamente analfabetas funcionales. Lo anterior viene a colación porque hace unos días, a través de un noticiero matutino, la periodista preguntó a los que estaban cercanos a ella sobre artículos esenciales de nuestra Constitución Política, y ninguno supo, aduciendo que en ese momento no los recordaban e incluso uno que otro huía ante la presencia de la comunicadora indiscreta. También, en Facebook socializaron dos videos donde una reportera preguntaba a estudiantes de la UNAM e IPN, respectivamente, sobre eventos básicos acaecidos en nuestro país y en su mayoría las respuestas fueron erróneas.

Lo anterior puede tener varias lecturas. Una de ellas supondría que la educación en México es deficiente. Otra pudiera ser que quienes representan al pueblo son improvisados, mal preparados y que están ahí por pertenecer al sistema político de castas. En el caso de los estudiantes, pudiera ser la primera variante, aderezada con la intención de alguna mano amiga de desprestigiar a dichas instituciones de educación superior. Sin embargo, la sabiduría popular señala que lo doctor o lo diputado no te quita lo pen…tonto.

En este sentido, me pareció buena idea investigar sobre la formación profesional de los 500 diputados que integran la LXIII Legislatura (http://www.diputados.gob.mx/) y no hay información concentrada al respecto, por lo que la única posibilidad es la de revisar el currículum vítae de cada uno de los legisladores; sin embargo, cuando menos, me enteré que 300 son de mayoría relativa y 200 por representación proporcional.

Artículo Comunidad

Diputados analfabetas funcionales

Debo señalar que después de revisar cuidadosamente la página en cuestión, llegué a la conclusión de dirigirme directamente, vía correo electrónico, a alguno de los diputados y tratar de conseguir alguna pista al respecto. Escribí a uno de los cinco legisladores por el estado de Aguascalientes y no obtuve ninguna respuesta. Luego entonces, consideré que debían estar muy ocupados resolviendo asuntos de altísimo interés nacional. ¡Ya será para la próxima! A lo mejor alguno de los múltiples asistentes con los que cuentan los diputados, pudieran tener la misión de leer los mensajes que les manda la ciudadanía y, al menos, contesten que por el momento no cuentan con la información solicitada, pero se comprometen a investigarla y en breve darán respuesta.

Por cierto, sería muy positivo que en la página en comento se explicara claramente cómo se componen las distintas partidas presupuestales y cómo se ejercen, porque por principio de cuentas en el presupuesto autorizado para 2017, parece bastante oneroso que al capítulo 1000, denominado Servicios Personales, se le hayan asignado $4,712,402,026.00 pesos, de cuya cantidad le pagamos a los 500 diputados y demás personal de la Cámara de Diputados (personal administrativo, secretarias, intendentes, entre otros). Los que saben, dicen que cada diputado cobra alrededor de $200,000.00 pesos mensuales, lo que en un sencillo ejercicio matemático resulta que ellos tienen asignado algo así como el 25.4% de este recurso. Nada mal, ¿verdad?

Después de este prolegómeno, cabe mencionar que resulta deleznable saber que la casta política consume muchos recursos, que dicho en otras palabras, pudieran servir, por ejemplo, en programas robustos para la alfabetización de los compatriotas que por distintas razones no tuvieron el privilegio de la educación. En México, el porcentaje de personas analfabetas de 15 y más años, bajó de 25.8 en 1970 a 5.5% en 2015, lo que equivale a 4 millones 749 mil 057 personas que no saben leer ni escribir (http://cuentame.inegi.org.mx/poblacion/analfabeta.aspx?tema=P).

Retomando la frase inicial de este escrito, cabe resaltar que la tendencia de contratación en las grandes empresas ha migrado a terrenos diferentes, ya no contratan a las personas por las habilidades manuales que pudieran tener, ahora valoran el conocimiento que posee cada candidato; se evalúa el capital intelectual como factor de competencia.

Nike, por ejemplo, ya no fabrica productos, sólo los diseña y desarrolla; la manufactura se la entrega a empresas secundarias: «estamos entrando en la etapa del capital intelectual como el gran factor de competencia y valor de mercado a nivel mundial» (Periódico Reforma, Sección Negocios, jueves 7 de octubre de 1999, pág. 14).

En Skandia, empresa precursora en la medición del capital intelectual, se señala que es necesario cambiar los principios tradicionales de contabilidad, pues éstos no reflejan los valores intangibles de las empresas, los cuales son como las raíces de los árboles, no se pueden ver pero son importantes para el desarrollo: la tendencia es que las empresas más rentables no serán las que dediquen su esfuerzo a la producción, sino las que den prioridad a la investigación, desarrollen ideas y creen patentes. «En la actualidad, la ventaja competitiva de las empresas está en el talento y el conocimiento de los empleados» (Ibídem, pág. 14).

Pues bien, como nos hemos podido percatar, el conocimiento es un cimiento sólido para el desarrollo de ventajas competitivas, por lo que puede resultar muy provechoso preguntarnos de manera recurrente sobre: 1) Lo que sabemos que sabemos; 2) Lo que sabemos que no sabemos; 3) Lo que  no sabemos que sabemos; y, 4) Lo que no sabemos que ignoramos. En todos los casos, debemos definir cómo fortalecer lo que sabemos y, en consecuencia, qué hacer para conocer lo que no sabemos. El movimiento se demuestra andando, establezcamos nuestros respectivos planes de vida y carrera, para que gradualmente vayamos cerrando nuestras brechas de conocimiento. ◊

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