La Calavera de Cristal

Octubre 27, 2017.- La calavera de cristal que se exhibe en el Museo del Quari Branly en París, Francia, indudablemente es de origen prehispánico, posiblemente maya. Para los franceses es considerada misteriosa y casi hechizante porque resplandece, irradia y vibra

Por Manuel Garcés Jiménez

Ya murió la calavera | Ya la llevan a enterrar | Entre cuatro zopilotes | Y un ratón de sacristán.

Anónimo.

Este año nadie tiene motivos para organizar una fiesta por el Día de Muertos, al contrario, se debe reflexionar acerca de los graves problemas sociales que vivimos para así honrar a nuestros ausentes.

A raíz de la situación que vivimos el pasado 19 de septiembre la sociedad rescató un valor primordial de los mexicanos: la unión ante situaciones difíciles.

Desgraciadamente, ante esa solidaridad también volvió a salir lo oscuro, lo de que se tiñe a diario nuestro país de sangre: la rapiña, los políticos que se aprovechan de las causas nobles, incluso de la solidaridad de otros países, incluso, así como la opacidad en torno a los donativos.

La festividad de Día de Muertos reconocida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad [1] es donde aparecen los cráneos o calaveras como la representación del hombre descarnado, símbolo dado desde tiempos prehispánicos, apareciendo además en sellos y vasijas para ofrendas ceremoniales y en zompantlis, cráneos de piedra incrustados en muros, símbolo de eternidad en el inframundo.

El cráneo como motivo místico desde tiempos ancestrales, y a la falta de un estudio profundo se ha convertido en una fantasía popular que desde hace milenios se deleita en la representación de la muerte, reflejándose en nuestros días con el regalo a los niños de calaveras de azúcar, amaranto y chocolate, con el nombre de la criatura o adulto, y se come encantado el dulce macabro, como si fuera la cosa más natural del mundo.

Respecto a las calaveras de cristal, los antropólogos descubrieron hace años un cráneo de este material puro que le han adjudicado muchas hipótesis respecto de su elaboración y origen; fue motivo de declararlo como de dudosa procedencia y a este cráneo se le ha denominado como la misteriosa Calavera de Cristal.

Al respecto, encontré el artículo de Anne Marie Mergier en la Revista Proceso con fecha 8 de agosto de 2008, quien refiere cómo algunos ingenuos han dicho que proviene de algún lugar de Europa, menos de nuestra cultura maya o mexica; inclusive, que otros sostienen que su origen es extraterrestre.

Asegura que, definitivamente, la calavera de cristal que se exhibe en el Museo del Quari Branly en París, Francia, indudablemente es de origen prehispánico, posiblemente maya. Para los franceses es considerada misteriosa y casi hechizante porque resplandece, irradia y vibra.

La escultura está perfectamente elaborada, es del tamaño del cráneo de un niño, mide 11 centímetros de altura y pesa poco más de 2.5 kilos. Durante más de un siglo ha fascinado a generaciones de franceses.

Como bien la menciona Eduardo Matos Moctezuma en su libro Muerte a filo de obsidiana, el hombre al dejar esta vida encuentra su prolongación en otro estadio siendo esta calavera de cristal –mineral demasiado duro–, obra maestra de nuestra cultura mexica tallado por un artista azteca [2]. Recordamos que el cráneo es considerado en el mundo mexica una figura sublime de Mictlantecuhtli y   Mictlancihuatl, que reinaban en el mundo de los muertos.

Es por ello que la calavera de cristal ha sido uno de los tesoros del museo etnográfico del Trocarrero, creado en el año de 1878, y luego del Museo del Hombre que le sucedió en 1947.

En estos últimos años empezó nuevamente a dudarse de su autenticidad, por lo que dejó de ser exhibida espontáneamente durante varios años, hasta su reaparición en 2006 en una exposición en el museo del Quai Braly que heredó del Museo del Hombre, con el título De una mirada a otra.

La calavera de cristal es mostrada con suma cautela y se advirtió al público que muy probablemente se trataba de una obra realizada en algún sitio de Europa a mediados del siglo XIX.

Otro de los misterios que la envuelve es que se afirma que existen un total de 13 calaveras de cristal en todo el mundo. Tres se encuentran en museos: una en París, la segunda en el British Meseum de Londres y la tercera en Smithsonian Institutión de Washington. Otras nueve pertenecen a coleccionistas privados con distintos sobrenombres: Sinergia, la Calavera Mayan, otra como ET, la Calavera de Amatista, la Calavera de Cristal Rosado y de la Cruz Relicario. No se sabe nada de la decimotercera.

Innumerables grupos esotéricos y distintas corrientes del New Age esparcidos en el mundo, rehúsan hacer caso a los arqueólogos que afirman existen 13 calaveras de cristal mágicas en todo el mundo, 12 de las cuales corresponden a los 12 mundos que albergaron vida humana en la noche de los tiempos. Afirman sin parpadear que esas calaveras fueron llevadas a la tierra por los izas, oriundos de la Atlántida [3]. Inclusive mencionan que son provenientes de extraterrestres.

Su exhibición al público viene de mediados del siglo XIX, cuando Eugéne Boban, quien nació en 1814 en Francia y vivió en México en 1850, en 1860 tenía una tienda de antigüedades prehispánicas en el callejón del Espíritu Santo en la Ciudad de México.

En 1864, aparece entre los miembros de la Comisión Científica creada en París Francia e integrándose como recopilador de informaciones y antigüedades prehispánicas. En 1865, el Ministerio de Instrucción Pública le solicita a Eugéne Boban que envíe su colección de antigüedades para la exposición universal de París de 1867.

Dada la derrota de Napoleón en México, sus casi dos mil piezas Boban pretende venderlas al Museo al Museo Louvre por 50 mil francos.

En 1865 sale de México para hacerse cargo de sus negocios en París y abre una tienda de Antigüedades Americanas en la Ciudad Luz, con materiales como barro, sílex y jade. Entre sus piezas sobresale esta obra de Cristal de Roca, no sabiendo con exactitud si era la misteriosa Calavera de Cristal.

En 1875, la suerte le sonrió cuando Alphonse Pinart, un joven explorador, riquísimo y apasionado por la etnografía y la arqueología del Continente Americano, se apasiona por la colección de Eugéne Boban.

Pascal Riviale argumenta que conoció el catálogo detallado de las piezas vendidas al anticuario Alphonse Pïnart, quedando estupefacto al descubrir la presencia de la calavera de cristal.

Tres años después, el millonario Alphonse Pinart se había quedado sin dinero, pero soñaba con explorar el continente americano. Negoció con el ministro de Instrucción Pública llegando a un acuerdo: regaló toda su colección de arte prehispánico al Estado francés y a cambio obtuvo que se le financiera una misión científica a Yucatán.

Fue así cómo en 1878 recopiló más de dos mil piezas prehispánicas de origen mexica, incluyendo la misteriosa calavera de cristal enriqueciendo al Museo de Etnografía que acababa de abrirse en el Palacio del Trocadoero.

Pascal Riviale dijo que la colección de Eugéne Boban fue la espina dorsal del flamante museo y la calavera de cristal, junto con la máscara de Xipe Totec y una espléndida estatua de Quetzalcóatl, fueron exhibidas como las piezas estelares. La calavera de cristal se exhibe actualmente en el museo del Quai Branl, donde para algunos sigue siendo un misterio su procedencia. ◊

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*Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta. Secretario de la Crónica de Cabildos de la Ciudad de México.

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Bibliografía:

Ayala, Leopoldo. ¡Qué viva la muerte! Grupo Editorial Éxodo. México, 2014.

Westheim, Paul. La Calavera. Lecturas Mexicanas número 91, México, 1985.

Revista Proceso. Sección Cultura. «La misteriosa Calavera de Cristal», por Anne Marie Mergier, 8 de junio de 2008.

Citas:

[1] El 7 de noviembre de 2003 el Día de Muertos fue declarado Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

[2] La Calavera, Paul Westheim, pág. 19.

[3] El neologismo Atlántico podía ser un topónimo náhuatl compuesto de las radicales atl, agua; tlan, posposición, abundancia; tl, ligadura que vale por entre, y co, adverbio de lugar; siendo su traducción: en medio de mucha agua. Cabe mencionar la similitud de estas raíces de Atlántida, deducimos que fueron los atlantes los que llegaron a México por la desembocadura del Río Pánuco (Panoaya). Hay quienes argumentan que fueron los olmecas, de ullin (hule), considerada por los historiadores como Cultura Madre de Mesoamérica. Eliseo B. Aragón, Toponimias en lengua náhuatl del estado de Morelos.

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