Día de Muertos en Tláhuac

Octubre 23, 2017.- En «Miccailhuitzintli Nican Tláhuac», el autor aborda esa gran tradición que se ha ido recreando en cada espacio y tiempo de venerar a quienes año con año regresan a sus antiguas moradas para convivir con sus parientes «vivos»

Por Baruc Martínez | Revista Nosotros Núm. 98 | Noviembre de 2006

Hablar del día de muertos es hablar de una gran tradición que a través de los años se ha ido recreando en cada espacio y en cada tiempo. Aquí, en San Pedro Tláhuac, ha tomado matices muy diferentes y, hoy en día, es única en los elementos de riqueza cultural que muestra. Desde la fuerte raíz indígena hasta los ritos «paganos» católicos que se efectúan no sólo en esa fecha, sino en cualquier caso que tenga que ver con la muerte.

A través de los años se ha ido reconfigurando esta celebración religiosa pero, en el fondo, se nota el mismo respeto, la misma alegría por la veneración de nuestros fieles difuntos que, año con año, regresan a sus antiguas moradas para convivir con sus parientes «vivos».

Anteriormente, en el mundo prehispánico, se tenían diversas creencias sobre el destino del difunto (teotl), algunas de las cuales todavía hoy se aprecian. Estos lugares, a los cuales iban los difuntos, son cuatro: Mictlan (lugar de muertos), Tlalocan (Morada de Tlaloc), Tonatiuh ichantzinco (venerable hogar del sol) y Cincalco (la casa del maíz).

Al Mictlan iban todos aquellos que habían muerto naturalmente, la gran mayoría se dirigía al Mictlan, por ello se le conocía con otros nombres: Hullohuayan (lugar a donde todos van), Tocenchan (nuestra morada común) y Tecenpohpolihuiyan (nuestro lugar común de perdernos).

Para llegar al Mictlan se tenían que pasar nueve vados o estancias en las cuales se encontraban obstáculos que el muerto debía librar para llegar hasta el noveno: Mictlan. Como primer punto se encontraba un río (Apanohuayan) [1], en el cual se necesitaba de la ayuda de un perro para poder cruzarlo.

En la región de los muertos moraban Mictlancihuatl (mujer de la región de los muertos) y Mictlantecuhtli (señor de la región de los muertos), dualidad de la muerte en complementación a la vida.

El Tlalocan era habitado por Tlaloc y sus tlalohqueh, quienes se encargaban de producir la lluvia, el granizo y las tormentas. A este lugar iban todos los que morían por accidentes relacionados con el agua.

A los que morían por rayo, ahogados, o por un tipo de enfermedad como leprosos, sarnosos, bubosos, gotosos e hidrópicos, les estaba deparado ir al Tlalocan, lugar de los tlaloques en donde jamás faltaban alimentos y frutos, además de ser un lugar de constante verano donde podían regocijarse y no pasar pena ninguna [2].

Se contaba que en el Tlalocan siempre era verano, nunca faltaba que comer y que se ubicaba principalmente dentro de los cerros. Por ello, en la actualidad en Tzapotitlan existe la creencia de un lugar donde hay verdor en el interior de los cerros de la Sierra de Yecahuitzotl.

En la actualidad en Tláhuac se sustituyó la figura de Tlaloc por el Charro Negro y los tlalohqueh, son las culebras de agua, esposas de ese singular personaje. Su vivienda, lo que constituiría el Tlalocan, se localiza, según la tradición oral, en las nubes y dentro de los ojos de agua [3].

A la venerable casa del sol se dirigían los guerreros muertos en combate y las mujeres que morían durante el parto. Ambos eran los acompañantes de Tonatiuh (el Sol), desde el amanecer hasta el cenit lo seguían los guerreros y después del mediodía hasta el ocaso las mujeres lo acompañaban. Pasadoas cuatro años los guerreros se volvían aves de belleza impresionante y las mujeres cihuateteoh, es decir, mujeres solares. El maestro Víctor Linares lo explica en lengua mexicana:

[…] auh intla aca in mitl in chimalli miquia ahnozo in cihuah immixihuitian omiquia, yazquiah in Tonatiuh ichan, ca yehuantin in yaoquizqueh, inehuian in Tonatiuh, in huehhhueyi yaoquizcatzitzintin.

[…] pero si la gente moría en combate o las mujeres durante el parto, irían a la casa del Sol, pues ambos son guerreros, el propio Sol lo es, son dignos y honorables guerreros [4].

Por último, el Cincalco se encontraba habitado por Tonacatecuhtli, el señor de nuestra carne. Ahí se dice que iban los niños que morían en una edad temprana [5] y sin haber alcanzado uso de razón. En este lugar existía un árbol que tenía muchísimos senos, de los cuales manaba leche. Este árbol, llamado Chichihualcuauhco, servía para alimentar a los niños pequeños. El doctor León Portilla comenta con respecto a esta estancia: «[…] iban a este lugar los niños que morían sin haber alcanzado el uso de la razón. Allí eran alimentados por ese árbol, de cuyas ramas goteaba leche».

En el marco de estas creencias, se hacían toda una serie de ritos para que los difuntos llegaran al sitio que les correspondía, de acuerdo con el pensamiento náhuatl.

Las principales fiestas en honor a la muerte se daban dentro de dos veintenas: Tlaxochimaco (se dan flores) y Xocotl huetzi (caen frutos). Estas dos celebraciones eran, respectivamente, la Miccailhuitontli (pequeña fiesta de muertos) y Huey Miccailhuitl (gran fiesta de muertos).

Con la llegada de los europeos y la nueva religión, las creencias indígenas son prohibidas; sin embargo, empieza un proceso de simbiosis y asimilación que culminará con la actual fiesta de muertos en México: «Desde los primeros momentos, el culto indígena a los muertos, ya prohibido por los frailes en su versión pagana, y las fiestas cristianas de difuntos, van a fundirse sincréticamente, generando poco a poco la típica fiesta mexicana de muertos» [7].

Pues bien, todos estos procesos de sincretismo están claramente reflejados en la tradición mortuoria de San Pedro Tláhuac, además, se encuentran matizados fuertemente por la presencia indígena que posee. Para nosotros cuatro son los elementos cruciales del Día de Muertos en Tláhuac: las estrellas, la ofrenda, la alumbrada en el panteón y la pixca.

Trataremos de abordar estos cuatro elementos aunque sea de forma sucinta, pues su importancia es al que sin ellos no se comprendería el día de muertos en Tláhuac.

Las estrellas (cihcitlaltin)

Todo comienza quince días antes del 1 y 2 de noviembre. Allá por el 15 de octubre los habitantes de Tláhuac se aprestan a construir sus estrellas. El armazón de éstas se construye con carrizo que se va a conseguir a las chinampas, más tarde se forran con papel de china, aunque en la actualidad también se les pone celofán. El papel se adhiere con engrudo y deben ser colores combinados para resaltar la luminosidad de estas artesanías. Se les coloca un foco por dentro y se cuelgan en los lugares elevados de las casas, permitiendo de esta forma que todo el mundo las observe.

Cada noche deben estar prendidas para que cintilen como verdaderos astros en las calles de Tláhuac. Si se les preguntase a los tlahuacah por qué colocan estas estrellas, ellos, enseguida, responderían: «son para guiar a nuestros difuntos». En verdad tienen razón, las estrellas sirven para guiar a los difuntos en su paso hacia la tierra (tlalticpac), pero, también, lo cierto es que una creencia indígena guía este proceder y ésta proviene desde los remotos tiempos prehispánicos.

zzzz3738598pg

Día de Muertos en Tláhuac

Se dice que cuando Quetzalcoatl va al Mictlan en busca de los huesos de los hombres de las generaciones pasadas, tiene que pasar un río caudaloso, del cual ya hemos hablado. Para poder alcanzar su objetivo Quetzalcoatl llama a su nahual, especie de gemelo oculto, quien se llama Xolotl y resulta ser un perro, pero también una estrella. Él lo ayuda a pasar el río y otra serie de obstáculos hasta que logra rescatar los huesos de las humanidades pasadas y forma al hombre del quinto sol [8].

En esta tesitura podemos afirmar que las estrellas son Xolotl, ellas poseen el significante de perro–guía–estrella. Cuando nuestros muertitos emprenden su camino de regreso a la tierra tienen, forzosamente, que pasar este río caudaloso de nombre Apanohuayan, para lograr esto nosotros los ayudamos con las estrellas, la presencia del perro–guía de difuntos. De esta forma llegan hasta la tierra para convivir con sus seres queridos. Sin la existencia de estas estrellas difícilmente podrían cumplir su objetivo, por ello todos los tlahuacah colocan sus estrellas en las fachadas de las casas.

Además, en Tláhuac se nota un respeto por los perritos, ya que sin estos no pasaríamos este río del que los abuelos nos dan referencia. Por ello, antiguamente se daban consejos de cómo había que tratar a los caninos; inclusive, existen algunas leyendas con relación a personas que murieron y platicaron su experiencia en el «más allá»; asimismo, el cómo es que el perro les ayudó a pasar este cuerpo acuático. Así se les decía a los niños: ahmo ixmaca in chichitun, pampa yehuatzi techmoyacaniliz cuac ticpanozqueh acalohtle (no le pegues al perrito, porque él nos guiará cuando pasemos el río).

Este es el primer punto para que inicie la fiesta de día de muertos en Tláhuac. Después del 15 de octubre se pueden apreciar, en la negrura de la noche, las estrellas cintilando para guiar difuntos, nuestros difuntos. Es la presencia de Xolotl, él es quien está presente en cada una de los astros que brillan con esplendor por el regreso de nuestros muertitos.

Nuestros abuelos de Cuitlahuac Ticic (Tláhuac) quisieron guiar a los difuntos que emprendían el regreso del Mictlan hacia Tlalticpac, la tierra, colocando estas estrellas que en la penumbra de la noche cintilaban, marcando el camino que nuestros antepasados debían recorrer por los nueve lugares o parajes.

Cada noche, antes del «Día de Muertos», también llamado Miccailhuitl en las comunidades de habla náhuatl, en las calles de Tláhuac se pueden apreciar las estrellas centellantes, aquí está Xolotl guiando a nuestros difuntos para que lleguen a los hogares, en donde los esperan con una gran ofrenda (tlamanalli), conteniendo todas las delicias que nos ofrece la madre tierra [9]

El siguiente punto a seguir, ya casi llegando Día de Muertos, es el dirigirse al mercado o al tianguis para asirse con lo necesario para la colocación de la ofrenda.

La ofrenda (tlamanalli)

Aproximadamente unos dos o tres días antes del treinta y uno de octubre es necesario ir al mercado para comprar todo lo que se necesite para la integración de la ofrenda o tlamanalli.

Se compran diferentes productos, entre ellos: frutas típicas (cañas, mandaronas, limas, tejocotes, guayabas, calabaza y chilacayote), veladoras, copal, pan de muerto, rodeos o golletes, jarros de barro, calaveras de azúcar, papel picado, cempoalxochitl, alelí, tlemolito, pulque, cerveza, perritos de barro, petates y otras cosas más.

Primeramente se colocan sólo las cosas que les gustan a los niños, pues el 31 de octubre a las tres de la tarde llegan los muertitos pequeños. Así ellos degustan de las frutas, los dulces típicos, los tamales sin picante, los juguetes, el necuatole y el chocolate. Los difuntos niños se retiran a la misma hora del nuevo amanecer.

Los difuntos grandes llegan a las tres de la tarde del primero de noviembre, a esa hora ya deben estar colocados todos los elementos en la ofrenda: los tamales picosos, los jarros de pulque, la cerveza, el molito y el ayate. Los muertitos grandes degustan los alimentos que les estamos ofrendando. Al día siguiente deben partir a su morada: el Mictlan, pero cada año los esperamos con gusto, pues la alegríade la muerte es grande dentro de nuestros corazones.

La ofrenda tradicional en Tláhuac debe ser de tres pisos, en el nivel inferior se coloca un petate. Las tres divisiones en la ofrenda representan la visión que se tenía del universo desde el México prehispánico. Los tres puntos principales son: Omeyocan: lugar de la dualidad, donde todo fue creado por Omecihuatl y Ometecuhtli. Tlalticpac: la tierra, donde todo lo creado se desenvuelve y vive en contacto con lo que le rodea. Mictlan: donde se va cuando uno muere, de la tierra se pasa al lugar de los muertos gobernado por Mictlancihuatl y Mictlantecuhtli.

Los tres pisos describen la existencia de todo ser humano: fuimos creados en el Omeyocan, hemos vivido en la tierra e iremos al lugar de los muertos. El ingeniero Estanislao Ramírez Ruiz, nativo de Tláhuac, afirmaba: «En el Universo, todo fluye del Omeyocan al Mictlan» [10]. Tenía razón, todo eso está fundamentado en nuestra ofrenda. Si en el Mictlan se coloca un petate es porque representa la muerte, ya que antes se envolvían los cadáveres en puros petates. Hasta en la actualidad la frase popular petatearse equivale a morirse.

Son nueve los elementos principales para la conformación de la ofrenda, cada uno de ellos representa los parajes que el difunto atraviesa en su recorrido hacia la tierra. Los elementos son los siguientes:

Agua (atl): sirve para que sacien su sed los difuntos después de su largo trayecto, es fuente de vida.

Sal (iztatl): purifica y evita que se corrompa el cuerpo del difunto. Es un elemento importante contra los «aires» (ehecameh).

Copal (copalli): purifica el ambiente, aleja a los «aires» y es un elemento de ofrenda y consagración para con los muertitos.

Pan o tortillas (tlaxcalli): ofrenda del alimento principal para nuestros muertos, constituye nuestro sustento.

Rodeos en las cañas (tzompantli): son la rememoración de los cráneos que se colocaban en la antigüedad, sólo se insertaban aquellos que habían sobresalido en algo, personas dignas.

Itacate (ihtacatl): se compone de todos los alimentos que se pusieron en la ofrenda, los difuntitos se lo llevan y en su camino de regreso pueden degustar lo que se les ofrendó.

Flor de muerto (cempoalxochitl): fuerza del sol, ayuda a nuestros muertitos a no perder el camino, por ello se colocan caminos con estas flores.

Ocote o cera (ocotl | tlahuilli): es la luz que guía el caminar de los difuntos para que no se pierdan.

Petate (petlatl): símbolo de descanso, porque es cama (pehpechtle) en vida y tumba en la muerte [11].

La colocación de la ofrenda está sustentada en algunas leyendas que se cuentan en Tláhuac, una de ellas relata que: un muchacho flojo no creía en el día de muertos y, cuando su madre le decía que trabajara y pusiera algo para la ofrenda, él contestaba: «Madre, los muertos, muertos son». En vez de trabajar bebía pulque con sus amigos y se embriagaba. Como ofrenda, sólo les ponía a sus difuntos un ocote. Un día de muertos salió a cortar leña a las chinampas y en su camino se topó con todos los muertitos, que se iban contentos con todo lo que les habían ofrendado sus parientes. Sólo hasta el final de la fila venían unas personas que no se les reconocían los rostros pues los traían tiznados. Al esforzarse por ver quiénes eran se dio cuenta que ellos eran sus difuntos y vio que lloraban y se quejaban de hambre y sed. Al percibir esto, sintió mucha tristeza y vergüenza por sus actos. Al volver al hogar le contó a su madre lo sucedido y, desde entonces, todos los años colocó su respectiva ofrenda [12].

Cierto día, al preguntarle a mi abuelita el por qué poníamos ofrenda me contestó más o menos esto:

«Mi omá, doña Bartolita Galicia, me decía que un año no puso ofrenda en el día de muertos, tiempo después, en un sueño, se le aparecieron dos de mis hermanitos, que entonces ya habían muerto, llorando y diciéndole que tenían mucha hambre y sed. Mi omá se sintió muy mal por sus hijitos y desde entonces todos los años puso ofrenda» [13].

De esta forma me justificó la ofrenda de acuerdo a nuestras creencias y, en verdad, creí en sus palabras. Por eso todos debemos poner nuestra sagrada ofrenda en día de muertos, por lo menos aquí en Tláhuac.

La alumbrada (tetlahuiliztli)

Los días 31 de octubre y primero de noviembre se van las familias enteras a alumbrar a sus muertitos, primero los pequeños y luego los grandes. Llevan comida, copal, bebida, flores y más flores al panteón. Ahí limpian las tumbas de sus muertos y los esperan gustosos porque saben que una vez más vendrán a visitarlos.

Esta tradición es una forma de convivencia social que unifica los lazos de hermandad, ya sea entre vivos y entre vivos y muertos. Se prenden los sahumerios (popochcomitl) y el copal se esparce sin parar, el ambiente se vuelve místico y mágico, se siente que los muertitos están llegando. Los olores se confunden, ya sea incienso, atole, amales y pulquito.

zzzz3738598pg

Panteón de San Pedro Tláhuac (Facebook Espejo de Tláhuac)

De la iglesia de San Pedro Apóstol, donde antes se encontraba la construcción prehispánica en honor a Mixcoatl, se coloca un camino con cempoalxochitl y sahumadores con copal, es el camino de los muertos, el miccaohtli; éste los conduce diectamente hasta el panteón en donde ya sus familiares los esperan. El miccaohtli impide que los difuntos se pierdan y las guían directamente hasta el panteón, la calle Miguel Hidalgo se convierte en un pasadero de nuestros difuntos, todos están ansiosos de sentir en la piel la llegada de nuestros parientes «muertos»:

La alumbrada se hace en muchos pueblos a la caída del sol en el panteón. Encienden cirios que asemejan luciérnagas. En cada tumba arreglada con flores, acompañando toda la noche a los muertos, en este ambiente de misterio y misticismo, para que éstos tengan buen camino y no quieran quedarse, sino que partan para que puedan volver al año siguiente.

El incienso que con abundancia se quema en los sahumerios, lleva la fragancia espiritual de sus oraciones. La expresión de sus rostros muestra la felicidad que sienten porque las almas de sus seres queridos estuvieron una vez más con ellos [14].

Así se celebra la alegría de la muerte en Tláhuac y se siente el dolor de la vida.

La pixca (pixquiztli)

La pixca o cosecha es el último acto ritual dentro del ciclo festivo vida-muerte en San Pedro Tláhuac y muchos otros pueblos originarios. El primer paso de vida fue el de dos de febrero, día de la Candelaria, cuando se llevan a bendecir las semillas y se prepara la tierra para sembrar. El dos de marzo se debe comenzar a sembrar.

A través de los meses el trabajo se va realizando, que si hay que resembrar, que si hay que echar montón, que si ay que recoger los primeros elotes. Por fin el elote se vuelve mazorca y hay que ir a pixcarlo, es decir, a cosecharlo. Las mazorcas sirven para que se hagan los tamales que se colocarán en la ofrenda, para el atole, las tortillas y otros menesteres. Por su parte, el tlaullalli, el maíz que se pudrió, se le da a los puercos para que coman.

En antaño cuando se pixcaba se cantaba el Alabado [15], el cual consiste en una serie de cantos de muerte; se hacía fiesta en grande, muchos cohetes, la banda tocaba, mucho neuctle (pulque). Lo curioso es que el Alabado sólo se canta cuando alguien muere, esto significa que el maíz ha muerto y ya se ha cumplido su ciclo vital. Del 2 de febrero al 2 de noviembre existe el ciclo vida-muerte en el tiempo sagrado para la renovación del mundo. Se muere porque otra vez se tiene que nacer.

El maíz es considerado en Tláhuac como alguien vivo, un ser sagrado que merece todo nuestro respeto. Anteriormente los abuelos, los tíos y tías, nos contaban que el maicito se dormía, por ello no era permitido desgranarlo cuando llegaba la noche, ya que éste se dormía, como todos nosotros, y necesitaba descanso [16].

Pero el maíz también es el que anuncia muerte, es decir, es un tetzahuitl, un mensaje, un presagio. Si las mazorcas se dan muy grandes, como nunca antes se habían dado, la persona que las sembró morirá, por lo menos esto lo cuentan los tlahuacah [17].

La pixca, en síntesis, es un símbolo de muerte, pero de una muerte que genera vida, que sustenta. Es la culminación del tiempo cíclico, de raíz profundamente mesoamericana. ◊

_____

Citas

  1. Alfredo López Austin. Cuerpo humano e ideología, las concepciones de los antiguos nahuas, 3ª Edición, 2 t., México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, 1989, t. 1, p. 63.
  2. Eduardo MatosMoctezuma, Muerte a filo de obsidiana, 2ª Edición, México, SEP, 1986, 153 p., (Lecturas Mexicanas 50), p. 60.
  3. Información proporcionada por mi abuelita doña Carmelita Osorno Galicia, nativa de San Pedro Tláhuac (Tláhuac, 2005).
  4. Víctor Linares Aguirre Itzcuauhtli, «Tonatiuh ipihuantzitzin, los venerables hijos del Sol», en Ce-Acatl, Revista de la Cultura de Anáhuac, México, número 58, del 12 al 31 de marzo de 1994, 25-27 p., pp. 25 y 27.
  5. Patrick Johansson, «Días de muertos en el mundo náhuatl prehispánico», en Estudios de Cultura Náhuatl, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, No. 34, 2004, 167-203 p., p. 174.
  6. Miguel León Portilla, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, Ángel Ma. Garibay (Pról.), 9ª Edición, México, UNAM, 2001, 456 p., p. 209.
  7. Patrick Johansson, Cit., p. 201.
  8. Baruc Martínez Kuauhtonal, ¿Tleica cihcitlaltin?, ¿Por qué las estrellas?, México, Uey Kalmekak Kuitlauak, 15 de octubre de 2004, 17 p.
  9. Ibíd., p. 9. El subrayado es del autor (cursivas, en este caso).
  10. Estanislao Ramírez Ruiz en Paula Gómez Alonzo, Datos comentados sobre Filosofía Náhuatl, México, Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 1965, 43 p., p. 28.
  11. Argelia Celis y Carolina Trejo. Celebración del Día de Muertos, Delegación Tláhuac, México, Edición mecanográfica, 2001, [32 p.], pp. 19-20.
  12. Tradición oral de Tláhuac. No menciono a nadie en especial pues son diversas las personas que cuentan esta leyenda en nuestro pueblo; sin embargo, es interesante hacer notar que se parece mucho a un cuento que el antropólogo Robert Barlow recogió en el pueblo vecino de Milpa Alta. Véase Robert Barlow, «Un cuento sobre el Día de Muertos», en Estudios de Cultura Náhuatl, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, No. 2, 1960, 77-82 p.
  13. Información proporcionada por mi abuelita doña Carmelita Osorno Galicia, nativa de Tláhuac (Tláhuac, 2004).
  14. Argelia Celis y Carolina Trejo, Cit., p. 23.
  15. Información proporcionada por mi abuelo don Domingo Martínez Chavarría (q.e.p.d.), campesino nativo de Tláhuac (Tláhuac, 2004).
  16. Información proporcionada por mis abuelos: doña Carmelita Osorno Galicia y don Domingo Martínez Chavarría, ambos campesinos nativos de Tláhuac (Tláhuac, 2004).}
  17. Información proporcionada por mi madre, la profesora Reyna Martínez Osorno, nativa de Tláhuac (Tláhuac 2004).

_____

Bibliografía

BARLOW, Robert. «Un cuento sobre el Día de Muertos», en Estudios de Cultura Náhuatl, Instituto de Historia, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, No. 2, México, 1960, 77-82 p.

CELIS, Argelia y TREJO, Carolina. Celebración del Día de Muertos, Delegación Tláhuac. Edición mecanográfica. México, 2001, [32 p.].

FLORES ARCE, José Concepción Xochimeh. «Mictlan», en Ce-Acatl, Revista de la Cultura de Anáhuac, Número 53-54, noviembre-diciembre. México, 1993. 13-20 p.

GARIBAY K., Ángel María. Poesía náhuatl. Miguel León Portilla (Pról.), 2ª Edición, 3 tomos. Instituto de Investigaciones Históricas. Universidad Nacional Autónoma de México. México, 2000.

GÓMEZ ALONZO, Paula. Datos comentados sobre Filosofía Náhuatl. Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. México, 1965. 43 p.

JOHANSSON, Patrick. «Días de muertos en el mundo náhuatl prehispánico», en Estudios de Cultura Náhuatl. Instituto de Investigaciones Históricas. Universidad Nacional Autónoma de México. Número 34. México, 2004. 167-203 p.

LEÓN PORTILLA, Miguel. La filosofía Náhuatl estudiada en sus fuentes. Ángel Ma. Garibay (Pról.), 9ª Edición. UNAM. México, 2001. 456 p.

LINARES AGUIRRE ITZCUAUHTLI, Víctor. «Tonatiuh ipihuantzitzin, los venerables hijos del Sol», en Ce-Acatl, Revista de la Cultura de Anáhuac, México, número 58, del 12 al 31 de marzo de 1994. México, 25-27 p.

LÓPEZ AUSTIN, Alfredo. Cuerpo humano e ideología, las concepciones de los antiguos nahuas, 3ª Edición, 2 t., Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1989.

MATOS MOCTEZUMA, Eduardo. Muerte a filo de obsidiana, 2ª Edición, SEP, Colección Lecturas Mexicanas 50. México, 1986. 153 p.

MARTÍNEZ KUAUHTONAL, Baruc. ¿Tleica cihcitlaltin?, ¿Por qué las estrellas? Uey Kalmekak Kuitlauak. México, 15 de octubre de 2004. 17 p.

VARGAS PÉREZ, Isabel. «Mizquic en el Día de Muertos». En Ce-Acatl, Revista de la Cultura de Anáhuac. Número 51-52, octubre-noviembre. México, 1993. 19-21 p.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: