Ritos funerarios en el Templo Mayor

Octubre 20, 2017.- Los cuerpos eran cremados posterior a la muerte en una pira formada por camas, al estilo hindú, y en donde solamente los personajes más importantes eran enterrados a los pies de las deidades

Publicado en revista Nosotros Núm. 86 | Noviembre de 2005

A decir de la antropóloga Jimena Chávez Balderas, los estudios realizados a las ofrendas funerarias del Templo Mayor permitirán comprender el significado y los procesos rituales que seguían los sacerdotes mexicas, así como los diversos niveles de complejidad de cada una de las ceremonias, las cuales estaban determinadas por la importancia del personaje en turno.

Las ofrendas provienen principalmente del Complejo «E» del Templo Mayor y corresponden al periodo comprendido entre los años 1469 y 1481. La mayoría de las urnas intervenidas contienen huesos de personas de entre 24 y 28 años, las cuales son acompañadas por diversos elementos funerarios, a partir de los cuales ha podido determinarse la importancia de los individuos.

«Pudimos determinar que los cuerpos eran cremados posterior a la muerte en una pira formada por camas, al estilo hindú, y en donde solamente los personajes más importantes eran enterrados a los pies de las deidades, en el caso de los edificios principales de Tenochtitlan —dedicados a Huitzilopochtli y a Tláloc—, para que el gobernante se convirtiera en una deidad».

Otras de las investigaciones consiste en la interpretación de los glifos encontrados en las urnas funerarias de los espacios sagrados del Templo Mayor, lo que ha permitido entender que los personajes y las imágenes zoomorfas se refieren a la cosmovisión mexica que explica el proceso de cambio de un universo a otro, de nuevo, con referencias distintas para cada uno de los individuos colocados ahí.

Fueron encontrados dos tipos diferentes de entierros: uno para quienes morían por vejez o enfermedad, los cuales eran acompañados por ofrendas vistosas pero austeras, como el esqueleto de un perro que, de acuerdo con la cosmovisión mexica, les ayudaba a llegar al Mictlán; y otro en las que el fallecimiento se debía a la muerte en batalla, los elementos mortuorios eran más numerosos y, en ese caso, el animal que acompañaba al cadáver era el halcón, símbolo de fuerza.

De acuerdo con la mitología mexica, los dioses expresaban la concepción de un mundo mágico, oculto y a veces terrible; eran presencia de una realidad que vivía y moría, y fueron creados por el hombre quien, motivado en parte por el miedo y por la esperanza, buscaba respuestas a la necesidad innata de trascender.

Para consolidar la comunión del hombre con las divinidades, el ritual hacía las veces de enlace, y frecuentemente los ritos representaban a los mitos que dieron origen a los dioses.

«Toda la actividad humana estaba impregnada de un profundo sentimiento religioso, por lo que el ritual formó parte inherente e indisoluble de la vida del hombre que quería comunicarse con sus deidades. Igualmente, los rituales eran una necesidad colectiva y un instrumento de control de los jerarcas hacia la sociedad y también instrumento de poder y excusa para dominar a terceros», precisó.

Los rituales se celebraban conforme lo dictaba el calendario Tonalámatl, y variaban en forma, contenido y duración, dependiendo de la divinidad invocada; pero uno, el ritual del sacrificio humano, guardaba la esencia primigenia de morir para nacer, concluyó Chávez Balderas. ◊

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