La tradición extranjera. Culto religioso a la muerte

Octubre 18, 2017.- En diversas partes del país se mantiene la devoción a la muerte. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, lugar de veneración de San Pascualito

Publicado en Nosotros, Núm. 86 | Noviembre de 2005

La devoción a la muerte en la actualidad se remonta a la Época Medieval en Europa, y no a la Prehispánica como se supone, señaló la investigadora Elsa Malvido Miranda, al referir que a pesar de que por orden papal los esqueletos salieron del culto religioso en México, aún existen lugares donde además de venerarlos se les atribuyen milagros.

Precisó que frente a la reglamentación antes señalada que aplica a la iglesia católica, la ortodoxa todavía permite la devoción a figuras o imágenes de osamentas humanas.

Con el proceso de mestizaje, en el que se mezclaron tradiciones españolas e indígenas, la veneración de esqueletos se ha relacionado con episodios en los que los pueblos se han visto amenazados por epidemias, «se les personificaba como esqueletos sentados en carretas, con corona y cetro, lo que simbolizaba el triunfo de la muerte», dijo Malvido Miranda.

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Monja coronada

Puntualizó que en el territorio nacional existen todavía 35 puntos en los que se mantienen costumbres de veneración, a lo que se ha denominado «La santa muerte», y donde se realizan procesiones con la osamenta; 12 que peregrinan por el país, mientras que en la Ciudad de México hay otras 10.

Entre las tradiciones de Semana Santa también se realizan procesiones con estas imágenes, al igual que en España, donde pueden verse recorridos con calaveras, e inclusive participan individuos vestidos de esqueleto, refirió al acotar que esta devoción se ha ido reinventando a lo largo de la historia.

Durante un taller acerca de la muerte, en donde se abordó el tema San Pascualito y la Carreta de la Muerte, a cargo de Fernán Pavía Farrera, historiador de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas –lugar donde se venera la réplica de esta imagen originaria de España–, se hizo referencia a la vida del santo, nacido el 17 de mayo de 1540 (onomástico de San Pascual Bailón), y fallecido el mismo día pero en 1592.

Pavía Farrera explicó que los restos que son la reproducción de San Pascualito enterrado en la Península Ibérica, son objeto de culto en la Santa Iglesia Católica Apostólica, Ortodoxa Independiente Mexicana, donde se puede atestiguar la devoción al pequeño y pálido esqueleto diademado, el cual viste un hábito azul franciscano, ex votos y relicarios, depositado en un carretón.

El también llamado Santo de los Pobres, según la tradición oral, fue tallado en madera por manos indígenas anónimas aproximadamente en 1601, después de una epidemia registrada en el Valle de Guatemala entre los indios pipiles (en ese entonces Tuxtla era parte de la capitanía general de Guatemala), época en la que se registraron apariciones del santo que salvó de la muerte a los nativos.

El suceso se divulgó por las provincias, naciendo el culto al milagro de San Pascual Bailón como protector de los indios. Actualmente en Olintepec, Guatemala, se venera también la imagen de la osamenta coronada. Ahí se le conoce como San Pascualito Rey.

La réplica venerada en Tuxtla Gutiérrez se puede ver pocas veces al año, como el 17 de mayo –natalicio y muerte de San Pascual Bailón–, donde se lleva a cabo un ritual para sacarlo de la carretilla y proceder a su limpieza y cambio de hábito; posteriormente tiene lugar una peregrinación por las principales calles del lugar para, después, devolverlo a su templo. ◊

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