Día de fieles difuntos. Celebración de raíces prehispánicas

Octubre 9, 2017.- El origen de la fiesta de Todos los Santos data del siglo VII, cuando el Papa Bonifacio IV trasladó al antiguo templo que está dedicado a todos los dioses paganos, llamado Panteón, los huesos de muchos mártires cristianos extraídos de las catacumbas

Por Esteban Gómez Belmont | Nosotros, Núm. 86 | Noviembre 2005

El fraile de la Orden de los Dominicos Diego Durán, nos dice en su obra monumental Historia de las Indias de Nueva España e Islas de la Tierra Firme que el noveno mes del año indígena, a ocho de agosto, según nuestro calendario, celebran las culturas mesoamericanas el noveno mes de su año en orden de veinte días, llamaban a su fiesta al principio de este mes Miccaihuitontli, que en diminutivo quiere decir fiesta de los muertecitos, que se entendía, según la relación, ser fiesta dedicada a los niños inocentes… En la ceremonia de este día hacen ofrendas y sacrificios a contra y respecto de estos niños (Durán. 1984, I: 269, párrafo 1).

La segunda fiesta le correspondía a la fiesta grande de los muertos y recibía el nombre de Xocotlhuetzi. Esta gran fiesta de los difuntos se celebra en el décimo mes, según la cuenta de nuestro calendario a 28 de agosto; era un día solemnísimo y principal donde se sacrificaba un gran número de hombres, en lo cual consistía la solemnidad y excelencia de las fiestas. Pero al faltar esto, dado que al celebrar esta fiestas se hacían ofrendas y otro tipo de ceremonias y regocijo, no llevaba la pompa, ni aparato, ni grandeza como cuando había muertes de hombre, porque el comer en ellas carne humana, la hacían toda doble y solemnísima; y las demás eran simples o cuando mucho dobles. (Durán. 1984, I: 271, párrafo 1).

18 Día difuntos

Tradiciones y costumbres de nuestras raíces culturales

Origen Cristiano

El origen de la fiesta de Todos los Santos data del siglo VII, cuando el Papa Bonifacio IV trasladó al antiguo templo que está dedicado a todos los dioses paganos, llamado Panteón, los huesos de muchos mártires cristianos extraídos de las catacumbas. El 13 de mayo de 610 dicho Papa dedicó esa nueva Basílica cristiana a Santa María y a los mártires, para que esta fiesta de Todos los Santos nos recuerde el triunfo de Cristo sobre las imágenes paganas.

Esta fecha del 13 de mayo cobraba fama, ya que cada vez acudían los peregrinos a Roma, lo cual ocasionaba escasez de alimentos; y esta fue una de las razones por la que el Papa Gregorio IV, dos siglos después, cambiaría la celebración al uno de noviembre, cuando ya se habían levantado las cosechas y abundaban los alimentos.

Tal celebración es difícil de definir de cuándo se celebra el Oficio de Difuntos en la Iglesia Católica, probablemente esto sucede a partir de los siglos VIII al IX. El antifonario (Libro de antífonas) contiene versículos que se canta o rezan antes y después de los salmos y de los cánticos en las horas canónicas, compuestos en la catedral de Metz, en Francia, y que los sitúa a continuación de la Fiesta de Todos los Santos.

Al llegar estas celebraciones católicas, que combinadas con las heredadas de las antiguas culturas ibéricas a la Nueva España, surge un nuevo sincretismo. Las fiestas indígenas de Miclailhuitontli y Xocouhetzi fueron cambiadas en su fecha y reducidas en duración, no sin grandes dificultades, al instaurarse en la Nueva España el Calendario Juliano y Liturgia Católica, a los días uno y dos de noviembre. Este cambio se llevó a cabo en 1563, en la Hacienda de Careaga, en Azcapotzalco, por el fraile de la Orden de San Francisco de Asís, Sebastián de Aparicio, 42 años después de la caída de México Tenochtitlan ante los conquistadores españoles al mando de Hernado Cortés Pizarro, el 13 de agosto de 1521 (Criterio. 1991: 2 y 6).

En nuestro país la preservación de nuestras tradiciones y costumbres es una de las mejores formas de reconocer la riqueza que guardan estas raíces culturales, ya que así nos lo ha demostrado el pueblo durante su evolución e historia donde ha sabido suplir carencias con ingenio y sensibilidad; esta genuina raigambre es la celebración del Día de los Fieles Difuntos como uno de los más importantes conciertos culturales que datan de tiempos inmemoriales.

Nuestro pueblo año con año se prepara con perseverancia y profundo respeto a sus seres queridos que han partido, renuevan con esta celebración la vida a través de la muerte para ahondar en el sentir nacional y orgullo de tan importantes tradiciones.

Dicha celebración sucede los últimos días del mes de octubre y los días uno y dos de noviembre, cuando estamos en pleno otoño conmemorando con todo nuestro vigor una de las tradiciones más entrañables, la fiesta de Todos los Santos; así tenemos que el día primero está dedicado a Todos los Santos y el día dos a los Fieles Difuntos (Enciclopedia de México, 1987; X:5652–5653).

Ofrendas

Al colocar las ofrendas sobresale el ingenio y la imaginación del mexicano, en donde hay un repertorio amplio de elementos tanto de origen prehispánico e hispánico, los cuales han servido para afianzar tan importante tradición. Entre los más importantes sobresalen las viandas, el sahumerio, las flores y la fruta. Todos estos elementos tienen un significado especial. Por ejemplo, las manzanas representan la sangre y la amabilidad, el pan es el alimento más preciado, el agua es la pureza del alma, las flores de cempoalxochitl son el símbolo de la festividad, las ceras son el medio por el que se guían las almas para que regresen a su antiguo hogar, el dulce de calabaza simboliza las buenas relaciones, las imágenes representan la paz, la fe y la tranquilidad y el sahumerio expresa la purificación del alma.

La ofrenda es el conjunto de elementos que se colocan junto al difunto para que estos sean utilizados en su camino al Mictlan, al Tlalocan o al Reino de los Muertos.

La colocación de la ofrenda se pone para la celebración del Día de Muertos y contiene ciertos elementos esenciales con diversos significados:

El agua. Es el elemento fundamental presente de la vida, y a la vez mitiga la sed de las ánimas.

La sal. Es lo que representa físicamente la voluntad de las acciones del hombre, su sabiduría e inteligencia.

Las velas. Son utilizadas para que los familiares que ya murieron, al ser encendidas les sirvan de guía en su camino al hogar que en vida habitaron. Lo mismo sucede al encender las ceras o cirios (alumbramiento) en los cementerios para que las almas emprendan el regreso por el camino iluminado al reino de los muertos.

El petate. Sobre él se integra la ofrenda y es parte de la vida cotidiana, ya que también en él se come, se duerme, se guardan las pertenencias cuando se viaja y se envuelve a los muertos, que nos muestra el elemento de unión, en la vida, la recreación, el descanso y para merecer.

El sahumerio. Que sirve para quemar el copal o el incienso cuyo olor purifica el ambiente, y a la vez marca el camino hacia el hogar, refrescándole así la memoria a los muertos.

También en algunos lugares de nuestro país y el Distrito Federal se utilizan en la ofrenda otros elementos como imágenes, fotografías, objetos religiosos y utensilios personales de los familiares muertos (La Ofrenda. 1999: 21).

Estas festividades, tanto en el medio urbano como rural, tienen hermosa –por su colorido– devoción tradicional, la cual es vivida vehementemente dentro de los corazones de todos los mexicanos.

El Día de Muertos sigue siendo reverencial para nuestro pueblo, a pesar de la intromisión o introducción de patrones ajenos como la invasión del halloween que a toda costa nos tratan de imponer los vecinos del país del norte. Pero el pueblo de México se resiste a tal innovación para preservar así sus tradiciones y costumbres.

Estas celebraciones tradicionales tienen muchas facetas llenas de la sensibilidad de nuestra raza y de nuestra cultura.

Para empezar, la flor principal que data de la época prehispánica en el día de muertos es la flor de cempoalxochitl (veinte flores), especialmente cultivada en nuestro país para tal celebración (López de la Parra. 1994: 28).

Al hablar del culto a los muertos, algunos le nombramos el arte de morar que produce una emoción estética cuya filosofía acerca de la muerte y de la inmortalidad se ha visto manifiesta en un sinnúmero de poemas (Salomón. 1994: 32). ◊

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Referencias Bibliográficas:

DURÁN, Fray Diego. Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme. Editorial Porrúa. Colección Biblioteca Porrúa… 36-37. México, 1984. 2ª edición (2 Tomos).

Criterio. Órgano informativo de la Arquidiócesis de México y Metropolitana Circundante. Número 15, segunda época; 2ª quincena de octubre de 1991. México, 1991. pp. 2 y 6.

Enciclopedia de México. SEP. México, 1987. Tomo X. pp. 5652-5653. 2ª edición (14  tomos).

NOSOTROS, Revista de Reflexión y Difusión. «La ofrenda».  Número 21, octubre de 1999. México, p. 21.

LÓPEZ DE LA PARRA, Manuel. «Día de los Fieles Difuntos. Conmemorar en la usanza mexicana».  En Revista de Revistas. Número 4422, 31 de octubre de 1994. México, 1994.

SALOMÓN, Carmen. «El arte de morir y los días de muertos». En Revista de Revistas. Número 4422, 31 de octubre de 1994. México, 1994.

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