¿Miedo a las bacterias?

Octubre 4, 2017.- El trastorno obsesivo-compulsivo se genera a partir de pensamientos intrusivos que producen aprensión, inquietud, preocupación o conductas repetitivas, enfocadas en reducir la ansiedad asociada

Para algunas personas, saberse expuestas a una inmensa cantidad de microorganismos patógenos les puede desatar una fobia o un trastorno obsesivo-compulsivo.

La primera es un miedo inmenso e irracional a alguna situación ambiental, que lleva a quien la padece a ponerse irritable, agresivo e, incluso, a un punto en que pareciera que la persona se congela; estas conductas tienen una correlación específica ante un estímulo.

El trastorno obsesivo-compulsivo se genera a partir de pensamientos intrusivos que producen aprensión, inquietud, preocupación o conductas repetitivas, enfocadas en reducir la ansiedad asociada.

De acuerdo con el doctor Guillermo Peñaloza Solano, psiquiatra adscrito a los servicios de Atención Psiquiátrica de la Secretaría de Salud, quienes presentan trastorno obsesivo-compulsivo no controlan las imágenes o ideas que se les presentan.

En el caso del temor a contagiarse de gérmenes en el transporte público u otro sitio en específico, tienen respuestas como evitar estar ahí o lavarse las manos muchas veces al día, comportamientos que no pueden dejar de hacer.

En ambos escenarios, se trata de enfermedades mentales cuya causa es multifactorial, es decir, depende del temperamento de cada persona, de su grado de neuroticismo, o si presenció un evento traumático relacionado; pero otro factor es la herencia genética, pues si en la familia se han presentado casos de fobia o de trastorno de ansiedad, es probable que se puedan heredar.

El especialista indica que tanto las fobias como los trastornos obsesivo-compulsivos pueden ser atendidos con antidepresivos y ansiolíticos, pero «lo principal y más importante es que deben tener terapia cognitivo-conductual, que les ayude a conocer mejor sus pensamientos y tratar de identificar las emociones dentro de ese trastorno», señala.

Sistema inmunitario, el gran aliado

Sin duda, no solo en el Metro sino en cualquier sitio nos exponemos a agentes infecciosos que pueden afectar nuestra salud, pero frente a ello contamos con un gran aliado: el sistema inmunitario.

Nuestra primera línea de defensa es la piel, una barrera física muy eficiente, que es complementada por las mucosas presentes en los compartimentos del cuerpo que están abiertos al mundo exterior como la nariz, la cavidad bucal o la vagina y que pueden tener compuestos antibacterianos.

Como si se tratase de un ejército de soldados que define el territorio, la principal fortaleza del sistema inmune es la capacidad de reconocer millones de bacterias, hongos, virus y parásitos, para producir moléculas solubles y células específicas contra ellos, señala la doctora Yvonne Rosenstein, investigadora del Instituto de Biotecnología de la UNAM.

«Es un conjunto organizado de células que monitorea los ataques del exterior, un sistema de vigilancia que actúa como una patrulla que pasa por el cuerpo y lo recorre varias veces al día en búsqueda de agentes patógenos. Cuando los detecta, produce moléculas con actividad antimicrobiana, a esto se le llama inmunidad innata», dice.

La inmunidad adaptativa se conforma a partir de la primera respuesta a patógenos, creando una memoria inmunitaria y generando células (linfocitos) que lo reconocen y anticuerpos específicos.

De acuerdo con la especialista, no nos enfermamos más en el Metro o en entornos aglomerados porque de los gérmenes que ahí pueden presentarse, no todos son dañinos. Muchas de las bacterias son microorganismos que son parte natural del ambiente y de nuestro cuerpo.

«El que estemos en lugares muy concurridos puede ser beneficioso porque nos permite enriquecer nuestro microbioma, y este lo necesitamos para estar sanos», añade.

En ese sentido, considera el doctor Jaime García Mena, la microbiota aerotransportada mantiene alerta nuestro sistema inmune para que, a través del ejercicio de la producción de la respuesta inmune (innata y adaptativa), podamos gozar de buena salud.

Es por ello que la doctora Rosenstein recomienda «no demonizar» al Metro que, aunque en él circulan muchísimos gérmenes, gran parte de ellos contribuye a nuestro complejo ecosistema. ◊

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