Un día en clase con mi nieto en la primaria

Octubre 1, 2017.- Tratar de encontrar información actualizada sobre lo que nuestro país destina a la educación, ciencia y tecnología, a veces es complicado, pero seguramente esto no ha variado al 2.5 % del Producto Interno Bruto, que desde hace años se viene asignando

Por Efrén Camacho Campos | Unamitas en Aguascalientes

Cuando mi hija me pidió sí podía acompañar a mi nieto todo el día en su escuela, con la finalidad de fungir como visor y, de alguna manera, servir como testigo por parte de los padres de familia acerca de la dinámica del proceso enseñanza-aprendizaje en esa institución educativa, me emocioné fuertemente al vislumbrar que acompañaría a mi pequeño. De manera automática me remonté a la época en que mis hijos iban a la primaria y cómo me hubiera gustado acompañarlos a ellos también.

La maestra, mujer joven, con mucha vocación, fue guiando a los niños en una lectura sobre distintas frutas, asociándolas a sus colores, recalcando cómo se forman las palabras y, sobre todo, enfatizando en el significado de las mismas.

Esta experiencia me hizo reflexionar acerca de la cantidad de niños mexicanos que en estos momentos se están preparando. En nuestro país, de acuerdo a cifras del INEGI (Anuario estadístico y geográfico por entidad federativa 2016), hay 14’351,037 millones de estudiantes en el nivel primaria, de los cuales 7’322,782 son hombres y 7’028,255 mujeres. Sin embargo, hace días en las noticias dieron un dato duro bastante preocupante, en el sentido que solamente de estos estudiantes, el 61% de ellos concluirán la educación media superior.

En función de lo anterior y tomando en cuenta que la educación es la palanca para el desarrollo de cualquier país, cabe preguntarnos acerca de lo que necesitamos hacer  como nación para tener la expectativa que el 100%, al menos, de quienes están ahora estudiando la educación básica, culminen con sus estudios medios superiores.

En primer lugar, bajo el riesgo de señalar una perogrullada, se debe aumentar el presupuesto para la educación. En un reciente estudio de la OCDE, citado por BBVA (www.bbva.com/es/educación-asignatura-pendiente-américa-latina/), se hace referencia que en México el gasto medio anual por estudiante en el nivel primaria estará por arriba de los 2 mil dólares, mientras que países como España y Portugal destinarán más de los 6 mil dólares por educando.

Tratar de encontrar información actualizada sobre lo que nuestro país destina a la educación, ciencia y tecnología, a veces es complicado, pero seguramente esto no ha variado al 2.5 % del Producto Interno Bruto, que desde hace años se viene asignando. En este sentido, sería recomendable que se ampliara mínimamente al 8 %, tal y como lo hacen los países altamente desarrollados.

Ahora, con los pasados desastres naturales, las autoridades señalan que se requerirán al menos 37’500,000 millones de pesos para la reconstrucción de escuelas y monumentos históricos. Esta cantidad de dinero debe ser utilizada racionalmente para mejorar la infarestructura educativa, para un mayor y mejor equipamiento de las escuelas, para la formación y desarrollo de los docentes y, asimismo, para una remuneración justa de los maestros, quienes actualmente reciben en general bajos salarios, obligándolos en muchos casos a buscar otras percepciones que los distraen de su función esencial, que es el de la educación.

Hace tiempo, en 1948, Justo Sierra, en un documento denominado «Conquista de la patria por la educación» (Justo Sierra, Obras completas, UNAM, México, 1948-1949),  aseguraba que «la misión educadora del maestro lo pone moralmente por encima de todos cuantos prestan, como ciudadanos, servicios a la Patria… es cierto que el maestro que arma al niño de los conocimientos que necesita para organizar su vida y mejorarla; que el educador que despierta en el alma del niño la conciencia, haciendo germinar en ella el hábito del cumplimiento del deber y subordinando a él el ejercicio del derecho; que el que llega a penetrarse de que la escuela es un venero de amor, de amor a la Patria, a la familia, al mexicano, al hombre, ese forma almas vivas, ese crea valores, ese aumenta el valor moral de un pueblo, ese acrecienta la patria, la sube a la cima más alta…». Desde luego, hay mucho más en la obra del que fuera ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en el gabinete porfirista y, asimismo, fundador de la Universidad Nacional de México (22 de septiembre de 1910), pero sobre todo, agregaría el que esto escribe, los maestros forman pensadores.

La Reforma Educativa, de reciente cuño o no, puede ser un inicio, pero no basta, hay que destinar más presupuesto, sobre todo ahora que muchas escuelas se dañaron con los pasados sismos. Pero no sólo es dinero, hace falta poner mayor atención y completar la ecuación. Si no se castiga la corrupción, siempre prevalecerá la impunidad. Este círculo vicioso se irá acrecentando hasta convertirse en un gran tornado que literalmente nos trague y del cual nos sería muy difícil salir. Los tomadores de decisiones tienen esa misión y, por consecuencia, la ciudadanía evidentemente debe recordársela. ◊

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