Pedro Ortega, creador de imágenes con el papel

Septiembre 27, 2017.- «No hay ninguna relación entre los artesanos de Tláhuac. No tenemos nada en común que nos una como artesanos, es decir, ninguna institución, ni la delegación tiene interés en hacerlo», dijo hace 20 años

Por Sergio Rojas | Revista Nosotros, Núm. 4 | Mayo de 1997

Desde hace 17 años, Pedro Ortega encontró la manera de plasmar sus sueños en un objeto material. Descubrió la nobleza del papel y entabló con él un lenguaje singular, delineó formas y proyectó ahí anhelos y virtudes. El papel le impulsó a mover sus manos y sutilmente conformó un universo particular. Consolidó una peculiar manera de expresión. Es un artista de Tláhuac cuyas obras se encuentran en diversos lugares de la República, ya sea en manos de particulares o en el Museo Nacional de Artes e Industrias Populares, Fonart, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes o Bellas Artes misma, además de Fomento Cultural Banamex, Cigarrera La Moderna o el Museo del Papalote en donde tienen un módulo móvil de muñecas que él creó, por mencionar sólo unos cuantos ejemplos.

Hace 17 años se dedicó a investigar en diferentes partes del país, como en Puebla, específicamente en Huixcolotla, cerca de Tecamachalco, donde familias enteras se dedican a este oficio, para encontrar los antecedentes de lo que posteriormente haría. Investigó lo que había acerca del uso del papel de china, la manera en que podía picarlo y cómo debía crear nuevas formas. ¿Por qué? Debido a la influencia que tuvo de los artesanos de Tláhuac. Comenzó por observarlos en el Jardín Principal y vio cómo elaboraban los tradicionales y hermosos adornos para las festividades de algún santo patrono. Ahí obtuvo su primera motivación y la postrera inclinación.

Sus manos trabajan con la destreza del artesano y configuran elementos populares. La casa de Pedro Ortega, en San Pedro Tláhuac, es frecuentada por quienes van a solicitarle productos «comerciales», como él mismo define al resultado de esa parte de su quehacer artesanal, y que incluye de manera primordial el papel picado, el cual trabaja a través de diferentes técnicas: a navaja, a tijera o con cincel que le permite una amplia producción. El papel picado es requerido para adornar las fiestas, bien sean religiosas o paganas, lo mismo bodas que bautizos, quince años o primeras comuniones, al igual que festividades cívicas como el 15 de septiembre, el aniversario de la Revolución Mexicana o la conmemoración de los fieles difuntos en Mixquic y la Navidad.

Para las distintas ocasiones le son requeridos aquellos productos que resalten más la mexicanidad, bien sean manteles elaborados cuidadosamente con papel de china o, también, banderas de todos los tamaños… Al cliente lo que pida.

Pero también tiene una producción artística en la que se cuentan los retablos, a veces apartados estos de los temas religiosos, los cales elabora con diferentes tipos de papel como el estaño, cartón e hilo. Incluye aquí el papel picado fino, aunque en materia artística la producción es menor, pues solamente se hacen 25 papeles porque aquí lo que importa es la calidad.

Pedro Ortega ensancha su universo de trabajo y echa a volar su imaginación con el papel picado, al cual tiñe con tinta china y pinta con anilinas de diferentes colores.

Lugo guarda sorpresas cuando de trabajar el collage se trata, y que realiza con un modo de expresión particular, al igual que los demás. Ni que decir de los globos de cantoya las esculturas de papel de China, la elaboración de judas o las calaveras en papel maché vestidas con tela y diamantina.

 

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Pedro Ortega (Facebook)

El reconocimiento que tiene es de otro círculo

En sus inicios, Pedro Ortega recurrió precisamente al Museo nacional de Artes e Industrias Populares, «donde me metieron a un concurso en 1986, en el que había que rescatar lo tradicional de la técnica del papel picado y obtuve el tercer lugar». Después se dedicó a la elaboración de los retablos, para lo que visita las iglesias de la ciudad antes de poner manos a la obra, pues estudió muy bien lo que era el barroco mexicano, el plateresco, y en base a este ejercicio cotidiano da vida a sus creaciones netamente personales, originales, debido a que no son copias.

Dice que por fortuna tiene el reconocimiento a su trabajo, «desafortunadamente no es el de mi pueblo, Tláhuac, sino de otro círculo». Y es que sus primeros trabajos los vendió a una institución gubernamental en el estado de México, después a los que ya anotamos líneas arriba. Aquellos primeros trabajos fueron temas definidos, después vinieron otros más populares como el del génesis o de las sirenas en papel picado fino.

Reconoce que no hay ninguna relación entre los artesanos de Tláhuac. «No tenemos nada en común que nos una como artesanos, es decir, ninguna institución, ni la delegación tiene interés en hacerlo. La autoridad delegacional simplemente nos ve como una curiosidad y eso no es dar un valor real a los artesanos. Claro, tampoco queremos el reconocimiento oficial, sólo queremos respeto, que no se nos vea como algo exótico, que se nos vea como quienes tenemos una expresión cultural dentro de este mosaico de tradiciones que hemos mamado desde el seno materno y que se va perdiendo a pasos agigantados».

Debemos revalorar lo que tenemos

«Por otro lado –dice–, tenemos los artesanos mucho en común, la tierra a la que pertenecemos, y lo que hemos hecho por ella fuera de Tláhuac a través de nuestro trabajo artesanal. Los que hacen vitrales, que trabajan con popotillo, o el plástico picado como Bernardino Vázquez. Lo importante es promover el lugar donde uno ha nacido, máxime cuando se tiene una historia y una trayectoria artesanal desde la época prehispánica hasta la actualidad».

«Hay ocasiones en que la gente no sabe dónde queda Tláhuac –refiere– y eso es penoso con toda nuestra trayectoria histórica».

Pedro Ortega, quien no deja de trabajar en la elaboración de un retablo para un particular, comenta que ve difícil que algún día la delegación pueda convocar a los artesanos tlahuaquenses con el fin de que la comunidad, «nuestros vecinos y amigos», conozcan sus propuestas. «Porque no hay un plan de trabajo culturalmente hablando, todo lo que hemos visto ha sido improvisado, incluso esto se ha dado en otras instituciones fuera de la delegación. Debemos compartir y revalorar lo que tenemos, porque Tláhuac nos ha dado mucho».

En su opinión debemos revalorar la historia de Tláhuac, de toda la demarcación, porque vemos cómo las tradiciones se mueren, y es que una de las causas naturales por lo que muchas se han olvidado es porque se ha perdido el hábitat, la misma naturaleza, y es que estas estaban relacionadas con el agua. Ya no se puede hacer una sanjuaneada cando el agua ya no es propia para hacerla, podría incluso hasta hacernos daño. Ya muchas familias han dejado de ser campesinas precisamente por el tipo de pérdida de nuestro hábitat.

Tuvieron que partir de la chinampa a la ciudad y eso conlleva la pérdida de nuestra personalidad, de nuestra historia y cultura, y cuando regresan lo hacen con otras ideas y costumbres. Lo mismo sucede con la gente que viene de fuera a vivir aquí, mucha se adaptó, pero también mucha ni siquiera quiso continuar con sus tradiciones culturales, si es que las tenían en sus lugares de origen.

La delegación ha manipulado nuestras tradiciones

«Luego, las autoridades de la delegación han manipulado muchas de nuestras festividades, las han descompuesto, ahí están como ejemplo los carnavales, la misma feria de junio, donde imponen criterios y con ello perdemos parte de lo que somos», comenta.

Reflexivo, incisivo y punzante, Pedro Ortega no deja de dar forma al cartón con sus anos, pero tampoco guarda silencio, al contrario, responde al entrevistador cuando se le pregunta si los tlahuaquenses no tendrán culpa alguna.

«Es verdad, hay apatía de la comunidad con respecto a los problemas que enfrentamos todos, me da tristeza decirlo, pero no la puedo justificar porque ha habido falta de honestidad con los gobernantes y en los propios representantes tradicionales, por eso la falta de credibilidad de los tlahuaquenses, por culpa de personas que la han utilizado para sus fines personales. Tal vez por eso nuestra gente no es participativa», dijo.

Aunque tampoco deja de mencionar la situación socioeconómica que enfrentamos los mexicanos.

La entrevista lleva más de una hora en el taller del artesano, del artista, ubicado a un costado del amplio patio de su moderna casa, con arcos típicos de las casonas de provincia. Enfrente se ve la cocina, con su talavera poblana y decorada con jarros de barro, limpia, reluciente, impecable. Al otro lado está el taller donde Pedro Ortega trabaja en serie el papel picado.

«Es importante rescatar nuestras tradiciones, no para que nuestros jóvenes las realicen con el sentido original que tenían, porque entonces sería como retroceder y debemos ser hombres de nuestro tiempo, pero si para dar a conocer esas bellas tradiciones a nuestra misma gente con la finalidad de que se tenga una idea más completa de nuestro pasado y así podamos revalorar más nuestro presente, no para hacer show y sentirse intelectual, sino para ver lo que ha sido Tláhuac, lo que es y lo que puede llegar a ser», concluyó. ◊

(Fotografía superior: Irene Barajas)

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