Opinión pública, ¿para qué?

Septiembre 2, 2017.- Hoy por hoy –más bien siempre–, la gente nos manifestamos ante lo que está pasando en nuestro país, atrapado con tantos problemas de corrupción e impunidad. dice el autor

Por Efrén Camacho Campos | Unamitas en Aguascalientes

Casi siempre escuchamos acerca de la opinión pública, incluso en los noticiarios radiofónicos y televisivos. Invariablemente se hace alusión a estas dos palabras, mismas que de entrada todos comprendemos, pero podría asegurar que no todos tenemos claro para qué sirven. En esencia, consiste en el hecho de que numerosas voces se manifiestan ante eventos del acontecer diario, tanto nacional como internacional, y no necesariamente porque éstos sean negativos o lesivos para la humanidad. Pongamos de ejemplo lo acontecido a Diana Frances Spencer –Diana de Gales–, ¿quién puede negar la gran expectación que se creó cuando lo de la «boda del siglo» y, en contrapartida, cuando este personaje murió, con toda una serie de claroscuros alrededor de su tragedia. La gente se manifestó ante ambos hechos. Era común que en reuniones de tipo social se hablara con verdadero entusiasmo y furor de todo el glamour de dicho evento. Asimismo, cuando murió, también se tejieron un sinnúmero de conjeturas al respecto.

Desde luego, mi propósito no es el de concentrarnos en aspectos de la socialité, sino más bien en situaciones que desde hace mucho tiempo se están dando en nuestro país y por más que se diga de la opinión pública, a mi entender no pasa nada. Hoy por hoy –más bien siempre–, la gente nos manifestamos ante lo que está pasando en nuestro país, atrapado con tantos problemas de corrupción e impunidad. Todos los días y a todas horas nos enteramos de nuevos hechos lesivos cometidos por nuestros gobernantes, que raya en lo enfermizo. Estamos atentos a que al día siguiente se anuncie un nuevo hecho cometido por quienes deben cuidar la estabilidad, seguridad y patrimonio del país, pero nuestra realidad actual nos muestra que algunos políticos no tienen llenadera, como decían las abuelitas. Por tanto, se desvía la atención, se tienden cortinas de humo, esperando que a los mexicanos se nos olviden pronto dichos asuntos, aderezado con la promoción encarnizada de los diferentes torneos de futbol, o bien, con la venta de boletos para el partido de la NFL, por cierto a precios de locura.

Y mientras tanto, el acontecer nacional sigue salpicándose de corrupción e impunidad. Se supone que la opinión pública se pronuncia en contra o a favor de un hecho, «como algo estrictamente derivado de los regímenes democráticos». Sin embargo, la pregunta forzada por hacer es la de si realmente la opinión pública sirve para algo, o solamente se circunscribe a temas de conversación con los amigos. Pienso, tal vez de manera errónea, que ésta no se traduce en nada.

El próximo año tendremos las elecciones más abultadas del país (para presidente de la República, 128 Senadores y 500 diputados federales) y, desde ya, se está calentando el ambiente, todos los días escuchamos y leemos acerca de los suspirantes a la silla presidencial, por ejemplo. Pero lo más importante aún, es el hecho que entre amigos, vecinos y en general con la gente con la se tiene oportunidad de coincidir, se percibe un hartazgo hacia los partidos (PRI, PAN) que nos han gobernado desde el término de la etapa revolucionaria; sin embargo, siempre ganan las elecciones los mismos. Luego entonces, ¿dónde queda el desencanto externado por la gente en la llamada corriente de opinión? ¿Será que en el momento de decidir pesan más el dinero y las tortas distribuidas entre los connacionales que se encuentran en condiciones de extrema pobreza?, o bien, de alguna manera siguen prevaleciendo las malas prácticas electoreras, mismas que al alcanzar el objetivo deseado tal vez se truecan en prácticas recomendadas, listas para ser puestas en operación en los siguientes comicios electorales.

Tampoco estoy preconizando que la izquierda dividida sea la alternativa y tampoco sé quién pudiera ser un buen gobernante, posiblemente algún candidato independiente pudiera ser la respuesta. Pensemos en gente como Juan Ramón de la Fuente y tantos otros que sí tienen vergüenza de lo que pasa en el país y están dispuestos a cambiar el modelo actual de gobierno.

Ante todo lo anterior, cabe destacar que la función del periodista consiste en que con su trabajo la gente esté informada y, en consecuencia, participe de la cuestión pública. Sin embargo, cabe la reflexión si en la actualidad los medios tradicionales de comunicación y, ahora, las redes sociales son los cauces para la participación ciudadana. Pienso, sin tener la certeza, que la prensa en todas sus modalidades continuará con su esquema de informar puntualmente en una sola dirección sobre lo que acontece. Pero, otra cuestión son las redes sociales, que con su profundidad de alcance pueden promover o contribuir a los cambios sociales, porque de lo contrario solamente serán como una válvula de escape ante nuestra realidad actual y que como las ollas de presión, al dejar escapar el vapor se evita que éstas estallen. A lo mejor no es el símil idóneo, pero ilustra perfectamente el panorama descrito. Las redes sociales tienen mucho de positivo, ayudan a la toma de conciencia, pero al no existir la posibilidad de llevar la participación a otros niveles, ésta se vuelve inocua. ◊

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