Los glifos de los siete pueblos de Tláhuac

Agosto 19, 2017.- «Desde nuestra perspectiva –apunta el historiador Baruc Martínez–, los glifos que se han usado no corresponden a la realidad histórica, ni están elaborados por alguien que conozca bien la escritura pictográfica de los códices indígenas»

Por Baruc Martínez | Nosotros, Núm. 92 | Mayo de 2006

Segunda y última parte

Por último, Mixquic se deriva de dos raíces: mizquitl, mezquite, y c, en, lugar. Algunas personas afirman que hay mucha duda acerca del significado de este topónimo; en lo absoluto, lo que pasa es que el desconocimiento de la lengua náhuatl ha hecho derivar este nombre de la palabra miquiztli, «muerte», cuestión por demás absurda, pues «el lugar de la muerte» debe ser escrito como Miquizco y no Mizquic. Francisco Cristalinas dice que «(…) se traduce en Miquiztli (rostro de muerte)» [27], no obstante él supone que la partícula iztli es rostro, lo cual es un error, pues aquella palabra se dice en náhuatl ixtli. Miquiztli es muerte y proviene del verbo miqui, morir, y el sufijo iztli, sustantiva a aquel verbo.

Hay que enfatizar enérgicamente que el sentido de Mizquic es muy claro: «En el mezquite», y de ninguna forma el nombre evoca el culto a los muertos que hoy se realiza año con año. Ahora bien, Felipe Herrera menciona que: «Debido a que en el lugar no existen mezquites, que son propios de las regiones áridas, Mixquic no puede significar ‘en el mezquite’ o ‘lugar de mezquite’» [28]. ¿Cómo podríamos explicar esto?

Si bien es cierto que los mezquites se dan en zonas áridas, esto no es un impedimento para que en Mizquic, en la antigüedad, hubiesen existido esos árboles. Al respecto, José Odilón Martínez, al hablar de los primeros pobladores, afirma: «Posteriormente se establecieron en el islote que estaba cercano a la tierra firme, además de contar con muchas piedras en el centro, resultó poblado por incontables mezquites, por lo que decidieron llamar Mizquic a este lugar» [29].

Lo que José Odilón vertió en las líneas anteriores proviene, solamente, de la tradición oral de Mizquic; esta cuestión podría incomodar a más de un escéptico. No obstante y como reafirmación de esa tradición oral, el historiador Chimalpain Cuauhtlehuanitzin menciona que en el año 1229:

Auh yn o iuh ahcico yn motlallico oncan cuitlatetelco yn huehuetque Tenanca chichimeca, yc niman onyahque oncan callaquito, yn mizquic, ye ipan acito ye ihcac ye mani yn Mizquitl, yn axcan yc motenehua altepetl Mizquic.

«Y así llegaron, se asentaron en Cuitlatetelco, los ancianos tenancah chichimecah; en seguida partieron, fueron a entrar a Mizquic, ya sobre él fueron a llegar (lo encontraron), ya está de pie, ya permanece el mezquite (por ello ahora así se llama el pueblo de Mizquic)» [30].

Con esta cita textual se observa claramente que si se encontraba un mezquite, por lo menos así lo observaron los antiguos tenancah chichimecah, como lo menciona Chimalpahin. Así pues, el caso de qué significa Mizquic debe quedar cerrado, pues su sentido es muy claro; AÚN MÁS: el glifo que veremos a continuación se relaciona también con el mezquite y no contiene ningún signo acerca de la muerte.

Bien, una vez finalizada la traducción de cada uno de los siete pueblos, pasaremos a la cuestión de la escritura indígena tradicional. Aclaramos que sólo daremos una noción básica de esta forma de plasmar una realidad, ya que no somos ningunos expertos en códices de tradición indígena. Desde luego tenemos estas nociones elementales de las que hablamos y, siendo que la cuestión toponímica es de las menos difíciles, entre la escritura indígena, decidimos emprender esta tarea.

Siguiendo al doctor Miguel León Portilla podemos dividir la escritura indígena en cinco clasificaciones:

Las cinco clases principales de glifos, algunas de ellas semejantes a las otras escrituras indígenas, pueden distribuirse de la manera siguiente: Numerales (representación de números), Calendáricos (representación de fechas), Pictográficos (representación de objetos), Ideográficos (representación de ideas) y Fonéticos (representación de sonidos: silábicos y alfabéticos) [31].

Los topónimos, es decir, los nombres de lugares, pueden contener varios elementos de las cinco divisiones de glifos. Por ejemplo: si un lugar se llamase Centzontepec, derivado de centzontli, cuatrocientos; tepetl, cerro y c, lugar o en, se están utilizando dos elementos de diferente clasificación. A saber: un numeral (cuatrocientos) y uno pictográfico (cerro). Así se «leería» de arriba para abajo y quedaría: Centzontepec.

Pero la escritura indígena no se limita a «leerse» de arriba abajo, también hay casos en que se «lee» de abajo hacia arriba, de derecha a izquierda o de izquierda a derecha. Una vez conjuntados todos estos elementos podemos afirmar que, a fin de cuentas, la «lectura» no es lineal sino circular. Por ello, una de las posibles traducciones para la lengua náhuatl (nahuatlahtolli) es «palabra en círculo», esto por la forma en la que se lee. En Veracruz, en el pueblo de Ichcatepec, para preguntar si hablas náhuatl te dicen: ¿tinahuatl?, literalmente «¿haces círculo?» [32].

En esta tesitura tenemos que notar que la escritura indígena tradicional nada tiene que ver con la occidental alfabética. Uno de los investigadores, que trató de demostrar que la escritura indígena era fonética y sólo bastaba descubrir los cánones para descifrarla, fue don Joaquín Galarza. Si bien, su aportación al mundo de los códices indígenas es hoy insoslayable, también hay que admitir que cometió una serie de errores al forzar la escritura indígena. Sólo daremos un ejemplo de ello: para representar la palabra Tonantzin (nuestra venerable madre) Galarza utiliza la imagen de un pájaro (tototl) y el trasero (tzintli) de un ser humano. En primer lugar hay que notar que esto diría tototzintli o tototzinco, lo cual da a entender: «trasero de pájaro» o «en el trasero del pájaro; el escritor pretende mostrar que esta imagen debe «leerse» como Tonantzin, tomando sólo la primera sílaba de ambas palabras: to y tzin y adicionando la particula nan, que no existe en ningunod e los elementos mencionados.

Interpretaciones como ésta encontramos constantemente en el libro del doctor Galarza [33]. En fin, sólo mostramos este tipo de desviaciones para no caer nosotros mismos en ellas y para ir puliendo nuestro mismo trabajo con base en otros que se han realizado, como es el caso de los libros del doctor Joaquín Galarza.

Pues bien, al observar los glifos que el doctor Galarza elaboró para los doce pueblos de Milpa Alta y que hoy se pueden apreciar en los muros de la iglesia de Santa Ana Tlacotenco y a un costado de la capilla del barrio de Santa Martha en Villa Milpa Alta, decidimos estudiar el tema y realizar los siete de los pueblos de la delegación Tláhuac. Esto atendiendo a lo que dijimos en páginas anteriores: los glifos que actualmente existen para estos últimos pueblos no corresponden con todos los elementos de la escritura indígena tradicional.

Debemos entender que la historia específicamente los discursos históricos que existen, se van construyendo a través del tiempo y son favorecidos por las coyunturas, ya sea de tipo político, económico y cultural, entre otros [34]. Actualmente se está dando una coyuntura específica: el autonombramiento de pueblos originarios del Distrito federal, esto puede ser explicado por muchas causas, pero,e staremos de acuerdo que una de ellas es la constante urbanización y la agudización del colonialismo que vivimos. Por ello, en diversos pueblos originarios se están construyendo historias, diferentes a las que entonces se habían escrito. Los pueblos han tomado el mando de su propio devenir, están rompiendo la subordinación que el colonizador les impuso. Toda esta situación hace que las construcciones históricas de los pueblos se legitimen y sean usadas como isntrumentos para su autoconservación.

Las líneas anteriores nos dan pauta para sustentar este trabajo, que bien podríamos denominar de construcción de elementos históricos, por tratarse de los glifos de nuestros pueblos. Todo esto lo hemos dicho ya que un prestigiado cronista local nos ha atacado diciendo que es inútil nuestro trabajo y que nos desmentiría públicamente si lo dábamos a conocer. Sin embargo, como hemos visto, la construcción de la historia es un factor legítimo; debemos olvidarnos de la visión decimonónica que decía que la historia ya está hecha, que sólo la tenemos que recopilar. Nada más falso que esas palabras de origen rankiano.

El trabajo sobre los glifos de Milpa Alta, del doctor Galarza [35], nos abrió las puertas y así fue como elaboramos los glifos de Tláhuac, basándonos también en diversas obras y códices.

Un importante texto, que se utilizó en la elaboración de las representaciones gráficas antes citadas, fue el que escribieron los norteamericanos Robert H. Barlow y Byron MacAfee [36], publicado hace ya un buen número de años, pero no por ello ha perdido vigencia en las investigaciones de escritura indígena. Fue en esta investigación en que principalmente nos basamos.

Los glifos que líneas abajo describiremos ya los habíamos presentado. Sobre todo hay que tener presente la exposición que montamos con alfunas personas en Mizquic y que estuvo en el museo de ese poblado del 30 de julio al 10 de septiembre de 2005. Las personas que nos dedicamos a ello fuimos Javier Alfaro Alonso, coordinador del Museo Andrés Quintana Roo de Mizquic, Felipe Herrera Acosta, profesor de historia, y quien esto escribe.

La exposición fue titulada: Imihtoloca in chicome altepetl («Historia de los siete pueblos de Tláhuac») y, como su nombre lo señala, tratamos de mostrar «(…) el desarrollo histórico de los Siete Pueblos, que hoy forman parte de la Delegación Tláhuac» [37]. Esto se hizo posible a través de fotografías y mapas antiguos, los glifos de los pueblos, libros y revistas, entre otros.

En el díptico que se entregó, a manera de invitación, y en la misma exposición fueron mostrados, por vez primera, los glifos que habíamos elaborado sobre los siete pueblos de la delegación Tláhuac y su correspondiente traducción al español.

Como ya han pasado algunos meses desde aquella exposición, hemos decidido presentar aquí el resultado de nuestras investigaciones. Así pues, he aquí una pequeña descripción de los glifos de los siete pueblos. En esta descripción también incluiremos a los que ya existían en códices, es decir, los de Tláhuac (Cuitlahuac Ticic), Tzapotitlan y Mizquic.

1 Glifos TlhTzapotitlan

Su descripción es muy simple y sencilla. Se encuentra representado por un árbol de zapotes (tzapocuahuitl); de las hojas de este árbol sobresalen unos frutos de color verde oscuro, representación de los zapotes mismos (tzapotl). En la parte del tronco del árbol se dibujó una dentadura (tlantli) abierta, signo fonético que da la terminación tlan, sufijo que denota abundancia [38]. Así todo junto nos da Tzapotitlan.

Tlaltenco

En realidad hemos tomado el nombre más antiguo de este pueblo, Tetlalpan, para elaborar el glifo correspondiente. Este nos muestra el símbolo de la tierra (tlalli) en la parte inferior de la imagen [39]. Sobre este símbolo se encuentra el signo de piedra (tetl) [40], al estar éste encima de aquel, en la escritura náhuatl, se sobrentiende el vocablo pan, «sobre». Así, «leyendo» de arriba abajo, nos dice Tetlalpan, perdiendo el sufijo terminal las raíces (tl y li).

Cuitlahuac Ticic

En esta ocasión sólo tomaremos el topónimo de contenido geográfico, es decir: Cuitlahuac. Hace tiempo, en el artículo que publicó la revista Nosotros, describimos así el glifo de Cuitlahuac:

«En primer lugar se encuentra el apantli, que literalmente dice extensión de agua, y su traducción al español es ‘canal’. Este apantli es de color amarillo, cortic Dentro del apantli se encuentra agua, atl, la cual se muestra de color azul, matlaltic. En segundo término tenemos la vírgula o signo de cuitlatl, ésta también es utilizada en los códices para decir que alguien está hablando; en esa tesitura la vírgula se lee como tlahtohua, ‘hablar’; su color es amarillo, coztic. El signo cuitlatl se encuentra flotando sobre el agua».

«Junto a todos estos elementos se encuentran otros dos: un chalchihuitl, piedra preciosa, y dos pequeños caracoles, tecciztli; […] En algunos casos éstos, el chalchihuitl y los dos tecciztli, se encuentran en color blanco, iztac, pero en otros son de color azul, matlaltic» [41].

La vírgula flotando en el canal da la idea de las excrecencias (algas) que se encontraban en los canales de nuestro pueblo. Más explícito es otro glifo que aparece en el Códice Xolotl, en éste se ve un círculo grande de agua, simulando la que rodeaba a la isla de Cuitlahuac Ticic, lleno de signos de cuitlatl, «excrecencias», que se pegaban en las orillas de la antigua ciudad [42]. Esta imagen parece ser la más descriptiva de la situación geográfica que guardaba nuestro pueblo con respecto al gran lago de Chalco-Xochimilco y mostrando las algas que lo rodeaban.

Yecahuitzotl: Aquí también decidimos elaborar el glifo con base en el nombre antiguo del pueblo: Cuauhtli Itlacuayan. Este es el único caso en el que utilizamos un sistema ideográfico y no tanto fonético, como en el de los anteriores; es decir, quisimos representar una idea más que unos sonidos. En el dibujo se muestra la imagen de un cerro grande (tepetl), se trata del Tetlaman, hoy erróneamente nombrado como de Guadalupe, en cuyas faldas se ubica el pueblo de Santa Catarina Yecahuitzotl. Dentro del cerro se encuentra un árbol grande en donde, según los habitantes antiguos de este pueblo, bajaba un águila a comer [43]. Así entendido, la idea que expre4sa nuestro glifo es la de «el comedero del águila», basado en la tradición oral antigua de Yecahuizotl.

Iztayopan: El glifo está basado en dos de sus características geográficas más importantes: la altitud del lugar y la salinidad de sus terrenos. Para la cuestión de la sal hubo que revisar otros glifos que contuvieran el elemento salino. De esta forma se concluyó que a la sal (iztatl) se le representaba con un círculo que, en su interior, tuviera puntos diseminados a manera de granos de este elemento [44]. Con la imagen anterior obteníamos la raíz iztayo, pero faltaba la cualidad de un lugar alto y nos daba como resultado el sufijo pan [45]. Una vez unidos los elementos correspondientes teníamos Iztayopan.

Tetelco: Nuevamente volvimos a basarnos en el nombre más antiguo: Cuitlatetelco. Aquí dos imágenes eran necesarias: el signo cuitlatl y cómo representar la raíz tetelli. Evidentemente no podríamos coincidir con Esteban Chavarría, quien sólo colocó repetidas veces el signo de piedra (tetl), acción que no correspondía con el sistema de escritura tradicional indígena. En el Diccionario de elementos fonéticos (…) de Barlow y MacAfee se observa una imagen que debe «leerse» como tetelli [46], una especie de basamentos superpuestos. Para completar el elemento faltante agregamos, encima de estos basamentos, el signo cuitlatl, tomado del glifo de Cuitlahuac Ticic. Una vez juntos los dos elementos nos darían como resultado: Cuitlatetelco.

Mizquic: Existen diferentes jeroglíficos de este pueblo. En el Códice Mendocino aparece sólo un árbol de mezquite, identificado por sus espinas, al lado de un templo en llamas, significando la conquista de Mizquic por parte de Acamapichtli [47]. En la matrícula de tributos se observa una casa (calli), de la cual salen dos vainas de la parte superior. Barlow y MacAfee interpretan estas dos vainas como mizquitl [48]. Algunas personas han dicho que este glifo debe leerse como «Mizcalco», ya que la casa aporta la terminación calco y tiene que traducirse como «en la casa de los mezquites». En realidad no, aunque aparezca el signo calli o «casa» no necesariamente debe terminar con el sufijo calco. Ejemplos de lo anterior hay bastantes; simplemente obsérvense los glifos de dos barrios de Tláhuac: Ticic y Tecpan, en ellos existe una casa y ninguno de los dos termina con calco. Además, si se quisiera decir «en la casa de los mezquites» tendría que ser «Mizquicalco» y no «Mizcalco», porque esto último significa «en casa de los felinos», de la palabra miztli. Lo que está indicando el signo de casa, de acuerdo con nuestra interpretación, es que el lugar estaba habitado.

De esta forma hemos presentado todos los glifos de los siete pueblos originarios de Tláhuac. Hasta aquí concluye nuestra investigación; hemos tratado de ser concisos y breves, pero el tema es muy extenso. Es necesario continuar con la investigación histórica de nuestros pueblos, esto es un imperativo categórico para entendernos a nosotros mismos. También invitamos a las personas que deseen comentar este trabajo, ya sea a favor o en contra, que lo hagan, pues todos los comentarios nos motivan a seguir adelante y a corregir nuestros propios errores.

Como habitantes originarios de estas tierras tenemos una gran responsabilidad histórica a cuestas.

Zan cententli ontentli: Axan monequi ticmatizqueh quenin cualli ticmahuizpiezqueh in topializ, toyuhcatilliz, in tlein otechmocahuiltihqueh tohuehcatahtzitzihuan, ipampa ihquion otechmolhulli Faustino Chimalpopocatzin, tlahuacatl: «(…) in tzintlanihqueh tlacah ca ometequipachohtzinohqueh lhuan omotequitillihqueh ipampa in inpilhuantzitzihuan». (Sólo algunas palabras: Actualmente es necesario saber cómo conservar el legado que nos dejaron nuestros antepasados, porque como alguna vez dijo Faustino Chilampopoca, nativo de Tláhuac: «(…) los fundadores (de Tláhuac) mucho padecieron y trabajaron por sus hijos (sus descendientes)».

Baruc Martínez.

Huexocalco, Ticic tlaxllacalco, Tlahuac altepec. Desde la «casa de los ahuejotes», en el «barrio» de Ticic, en el pueblo de Tláhuac. 2 de febrero de 2006 (Día de la Candelaria y de la bendición de nuestras semillas). ◊

Ver Los glifos de los siete pueblos de Tláhuac. Primera parte

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Citas:

  1. Francisco Cristalinas Aguilar. Celebración de los muertos en Mixquic. Edición del autor. México, 2004. 38 p., p. 12.
  2. Felipe Herrera Acosta. Mixquic, lugar donde se venera a los muertos. Edición del autor. México, 1987. 49 p., p. 14.
  3. José Odilón Martínez Valdés. Mixquic así vive, así piensa. Delegación Tláhuac. México, 2004 (1998). 20 p., p. 4.
  4. Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpain Cuauhtlehuanitzin. Op. Cit., p. 64. El subrayado y la traducción son nuestros.
  5. Miguel León Portilla. Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares. Colección Popular número 88. Fondo de Cultura Económica. México, 2003. 200 p., p. 56.
  6. Información proporcionada por el temachtihquetl (maestro) Santos de la Cruz Hernández, nativo de este pueblo (Tláhuac, 2004).
  7. Joaquín Galarza y Carlos López Ávila. Tlacotenco Tonantzin Santa Ana, tradiciones, toponimia, técnicas, fiestas, canciones, versos y danzas. 2ª Edición. México, Amatl, 1995. XX+196 p.
  8. Véase Iván Gómezcésar Hernández. Para que sepan los que aún no nacen… Construcción de la historia en Milpa Alta. Tesis de Doctorado en Ciencias Antropológicas. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa. México, 2005. 215 p., pp. 191-194.
  9. Joaquín Galarza. «Glifos aztecas de Milpa Alta», en Ce-Acatl, Revista de la Cultura de Anáhuac. Número 20, noviembre 27-diciembre 16. México, 1991. 18-21 p.
  10. Roberto Barlow y Byron MacAfee. Diccionario de elementos fonéticos en escritura jeroglífica (Códice Mendocino). Rafael García Granados (Intr.). Instituto de Historia. Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1949. 46 p.
  11. Historia de los siete pueblos de Tláhuac (Imihtoloca in chicome altepetl). Dirección de Desarrollo Social. Gobierno del Distrito Federal. Delegación Tláhuac. México, 30 de julio de 2005. 2 p., p. 2.
  12. José Corona Núñez (interpretación). «Matrícula de Tributos», en Antigüedades México, basada en la recopilación de Lord Kinsgborough. Agustín Yáñez (prólogo). IV tomos. Secretaría de Hacienda y Crédito Público. México, 1964. Tomo I, lámina 2.
  13. Roberto Barlow y Byron MacAfee. Op. Cit., p. 40.
  14. Ibid, p. 37.
  15. Baruc Martínez. Op. Cit., p. 27.
  16. Códice Xolotl… t. I, pp. 70-71 y t. II, lámina 7.
  17. Manuel María Herrera y Pérez. «Tláhuac», en Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Época III, volumen 1. México, 1873. 294-303 p. Citado en Carlos Justo Sierra. Op. Cit., p. 206.
  18. Véase Víctor Linares Aguirre. «Pequeña relación de algunos topónimos de Anáhuac», en Ce-Acatl, Revista de la Cultura de Anáhuac, número 10. México, mayo 11-30 de 1991. 11-15 p., p. 13.
  19. Joaquín Galarza. «Glifos aztecas…», p. 20.
  20. Roberto Barlow y Byron MacAfee. Op. Cit., p. 37.
  21. El Códice Mendoza, p. 22.
  22. Roberto Barlow y Byron MacAfee. Op. Cit., p. 26.

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