El instante decisivo en la fotografía

Agosto 11, 2017.- Los artistas de la lente coinciden en que ese «instante decisivo» está asociado al feeling interno para decidir cuándo es el momento de apretar el obturador

Por Efrén Camacho Campos | Unamitas en Aguascalientes

Para quienes éramos unos adolescentes en los años 70, nos tocó conocer una fotografía que con el tiempo se convirtió en icónica y, paradójicamente, también en una mercancía que aún sigue comercializándose hasta nuestros tiempos. La fotografía a la que me refiero se titula Guerrillero Heroico y es del Che Guevara, misma que fue tomada en el «instante decisivo» por Alberto Díaz Gutiérrez (Korda), el cinco de marzo de 1960.

Esta imagen icónica tiene mucha historia, pero lo más aberrante es que fue aprovechada como un producto que se comercializó por todo el mundo y que como se asegura «el Che dejó de ser un figura revolucionaría y se convirtió en un logo».

Al igual que esta fotografía, existen algunas otras consideradas también icónicas, entre las que se encuentran Almuerzo en la cima de un rascacielos (1932), El beso (1945), la portada del Abbey Road de Los Beatles (1969), Niña desnuda en llamas (1972), El rebelde desconocido (1989) y Albert Einstein sacando la lengua (1951), solamente por mencionar algunas.

Ahora bien, reflexionando sobre el arte de la fotografía y cuyas imágenes anteriormente mencionadas son un ejemplo de ello, queda preguntarnos qué se necesita para que cualquier imagen sea considerada como icónica; por ejemplo, que el motivo fotografiado sea la de un personaje famoso en cualquier faceta de la vida, o bien, alguna situación violenta, extraña, poco común, o la de algún animal en situación predadora.

Sea cual fuere la respuesta al por qué una fotografía alcanza el estatus de icónica, todas tienen que ver con ese momento en que se captura la imagen, Korda lo definió de manera certera como el «instante decisivo». He tenido la fortuna de conocer a través de mi vida a varios artistas de la lente y aún recuerdo el apasionamiento con la que ellos comentaban cada una de las imágenes logradas, las dificultades inherentes, las cuestiones de iluminación, cuando así lo requería el trabajo a realizar; pero, indudablemente, todos ellos coincidían en ese «instante decisivo», asociado al feeling interno para decidir cuándo era el momento de apretar el obturador.

Pero hasta antes del advenimiento de la telefonía celular con cámaras integradas, el trabajo fotográfico no consistía solamente en capturar imágenes en el momento adecuado; sino que después de ello, venía la etapa, si se me permite decirlo de esta forma, artesanal; es decir, el revelado de rollos, impresión de contactos, selección de imágenes para su preparación de álbumes, folletos, inclusión en revistas o para exposiciones.

Todo este proceso descrito constituye en mi opinión el arte de la fotografía, donde si se me permite la analogía, el fotógrafo era una figura fundamental de la sociedad, equiparado a la del doctor, el maestro, el párroco. Sin embargo, es innegable que el avance tecnológico ha venido a cambiar sustancialmente estos estereotipos y, ahora, todos somos fotógrafos, aunque no sé si todos con la finalidad de lograr buenas fotografías y con el íntimo deseo que algunas de ellas en lo futuro pudieran ser consideradas como icónicas.

En la actualidad, es cotidiano ver a la gente tomando fotos con su celular, de pie, en el autobús, en la bicicleta, en el automóvil, en el café y, en algunos casos, hasta en el baño. En mi caso, yo tomo fotografías a mis nietos y familia en general, pero tengo el cuidado de almacenarlas periódicamente, tanto en la computadora como en una unidad externa de almacenamiento, porque al final son mi tesoro y disfruto enormemente verlas de tiempo en tiempo. Es importante desarrollar un sistema de clasificación, por ejemplo carpetas, que nos facilite su búsqueda. El papel impreso, al menos en la fotografía, ya no tiene la misma demanda que hace algunos años.

Este choque cultural de lo que era el proceso de la fotografía con lo que actualmente es, indudablemente que ha trastocado la definición el esquema que se tenía de los artistas de la lente. Recuerdo, con un gran sabor de boca, que hace años, en esta etapa de inscripciones escolares, eso si bien peinaditos, íbamos a sacarnos la foto; el estudio fotográfico contaba con una cámara de fuelle, pared azul de fondo, el fotógrafo veía por la lente la imagen invertida, introducía la placa en la cámara y con la indicación previa de «no te muevas» apretaba el obturador. Una vez que comprobaba que la fotografía tenía buena cara, señalaba que al día siguiente, después de las 16:00 horas, podíamos pasar a recoger nuestras fotografías.

Pues bien, como todo en la vida son ciclos y espero virtuosos. Hace días llevé a mi nieto por sus fotografías de estudio para la primaria y cuál fue mi sorpresa que escasamente tuve que esperar diez minutos para que me las entregaran. Inmediatamente acudió a mi mente aquella canción de la Guadalupe Pineda: Cambia todo cambia

Quise ir un poco más allá de solamente aceptar convencido que todo cambia, por lo cual contacté a dos buenos amigos, a quienes merecidamente se les puede llamar artistas de la fotografía, a efecto de preguntarles acerca de cómo les ha impactado este cambio tecnológico, porque incluso las cámaras ya no son de rollo, son digitales, y aparentemente solamente basta seguir aquella instrucción de preparen, apunten, fuego.

El primero de ellos –Víctor Torres Chung–, con más de 30 años de experiencia en la realización de fotografías para exposiciones industriales, catálogos, folletos y, eventualmente, de eventos sociales, opina que ese «instante decisivo» está directamente relacionado con el conocimiento y experiencia que se tenga de la actividad que se está cubriendo. Tal es el caso, por ejemplo, de los deportes, donde adicionalmente al conocimiento técnico sobre equipos para la fotografía y periféricos adicionales, el hecho de estar familiarizado con la práctica de éstos, ayuda a prever jugadas o situaciones dignas de capturar, donde también el feeling interno del fotógrafo influye en el trabajo.

Asimismo, Torres Chung hace referencia que ante el avance tecnológico en todas las actividades de la vida humana, solamente hay una respuesta: estudiar y practicar constantemente nuevos esquemas en la fotografía. Señala que para quienes pretenden hacer de la fotografía una actividad competitiva y sustentable, valdría la pena que revisaran el estudio de Ansel Adams sobre el sistema de zonas, el cual consiste de un «método sistemático para definir con precisión la relación entre la manera en la que ve el sujeto fotográfico y el resultado que alcanzará el trabajo».

El segundo –Efrén González Estrada–, joven fotógrafo especializado en la fiesta brava, colaborador permanente en las corridas que se desarrollan en Aguascalientes y sus alrededores. Para él, con todo y cámara digital al hombro, el «instante decisivo» es consustancial a la corrida de toros, no desde el punto de vista sangriento, sino más bien de capturar la estampa del toro y el porte del torero al realizar sus faenas, es decir, captar a ambos en apasionada entrega, como alguna vez lo definiera el gran cronista Pepe Alameda, con quien ocasionalmente tuve el gusto de coincidir algunas tardes dominicales en la redacción de El Heraldo de México. ◊

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