El mariachi se ha comercializado

Julio 27, 2017.- En la actualidad los mariachis de elite, con el Vargas como prototipo, son tan sólo una nueva versión de la Orquesta Típica del Porfiriato

Revista Nosotros, Núm. 89 | Febrero de 2006

Durante el siglo veinte la figura del mariachi atravesó por una serie de cambios que lo alejaron de su esencia original y, por lo menos, marcaron dos tendencias en su desarrollo: al mariachi tradicional lo rebasaron las imágenes de charro popularizadas por los medios masivos de comunicación. Sin embargo, en la actualidad ha tenido una transformación de tal magnitud que rompe con las principales características de su antecesor.

Las anteriores son algunas de las conclusiones de Jesús Jáuregui Jiménez, quien habló de las transformaciones del Mariachi Vargas de Tecalitlán en el siglo veinte, en el marco de la XVII Feria del Libro de Antropología e Historia, y cuya exposición estuvo amenizada por numerosas referencias musicales, así como por un concierto a cargo del Mariachi Tradicional de Apatzingán, Michoacán.

Doctor en antropología por el CIESAS y especialista en el Occidente de México, Jáuregui Jiménez cuestionó la permanencia de los rasgos originales de los mariachis tradicionales en los modernos conjuntos con orquesta, por lo que para resolver tal inquietud hizo un recorrido pormenorizado por las principales etapas del Mariachi Vargas de Tecalitlán.

«Se ha construido todo un mito alrededor de este conjunto, de tal manera que incluso se ha abierto al público el Museo del Mariachi Silvestre Vargas, en el propio municipio de Tecalitlán, Jalisco, con la intención de narrar su historia, pero que adolece de una verdadera crítica al discurso oficial», precisó.

En la conformación del Museo, tanto la investigación historiográfica de Jonathan Clark, como la asesoría de Ignacio Orozco, «quedaron sometidos a una perspectiva ideológica y a una intención museográfica correspondientes al mito que sobre el mariachi han creado los medios de comunicación masiva a partir de la década de 1930».

Otro de sus argumentos para criticar al guión museográfico, es que no se haya recurrido a estudios fundamentales acerca del tema, como los realizados por los etnomusicólogos Irene Vázquez y Rolando Pérez Fernández, los cuales rastrean las fuentes de la tradición mariachera tanto en el son del sur de Jalisco, como la influencia que sobre este último ejerció la rítmica africana.

Y aclara que ante la perspectiva de una historia sin sobresaltos que se presenta acerca del Mariachi Vargas en dicho Museo, amén de un enfoque «hiperlocalista», a lo largo de sus investigaciones ha logrado distinguir «cuatro grandes etapas contrastantes, que cuestionan la permanencia de una tradición musical jalisciense, de la que este conjunto sería el exponente por excelencia a largo de más de una centuria».

En el panorama presentado por el doctor Jáuregui Jiménez, las primeras figuras del mariachi vestido de charro corresponden al año de 1907, época heredera de una enorme exaltación del folclor mexicano, y que había dado inicio con «las modas de las orquestas típicas».

Antes los mariacheros andaban de manta y huarache, rememora el especialista; además, los grupos no pasaban de cuatro a cinco individuos, por lo que incluso la instrumentación de los conjuntos que en ese año se presentaron en una recepción al secretario de estado de los Estados Unidos de América, corresponde a una «genial improvisación rústica de las orquestas típicas porfirianas».

La presentación del mariachi jalisciense en ese evento «fue un acontecimiento que impactó y generó crónicas por lo característico de su conjunto, su indumentaria netamente nacional y el sabor regional de su música».

Mediante un relato cargado de anécdotas, fechas e imágenes de la sociedad mexicana, Jáuregui Jiménez hizo gala del oficio de historiar y presentó las diferentes vertientes por las que atravesó el mariachi fundado por Gaspar Vargas en 1898, y cuyos primeros años se limitó a «alegrar las fiestas de la comarca” y a exponer la «amplia tradición regional del sur de Jalisco».

Cabe destacar que para el antropólogo, hay evidencia que arroja serias dudas acerca de la designación de «jalisciense» para esta música, pues a su juicio se trata de una arbitrariedad de límites territoriales entre entidades políticas; «de hecho la población de Nuestra Señora de Guadalupe de Tecalitlán había sido fundada en el último cuarto del siglo XVIII como dependiente de la alcaldía mayor de la Provincia de Colima».

En su segunda etapa (1930-1950), cuando el Mariachi Vargas arriba a la Ciudad de México, entra en contacto con Emilio Azcárraga Vidaurreta, poco después de amenizar la toma de posesión del general Lázaro Cárdenas como presidente de México, y comienza el ascenso de su popularidad. Sin embargo, aclara el investigador, también se deja de lado parte de su origen.

«La tradición jalisciense, pero también michoacana y colimense que difunde el Mariachi Vargas durante su segunda etapa, no representa toda su amplia variedad». Durante el periodo, reflexiona, se ejecutó música ajena a la región «para ser difundida por los medios de comunicación masivos en calidad de campirano».

Nacía entonces la imagen mítica del mariachi con ejecutantes que se adaptaban a la «nueva versión comercial del sonido del mariachi, a la que ellos darían el toque estandarizado definitivo».

Y rememora:

«En la película en la que debuta María Félix, en la escena en que le lleva serenata Jorge Negrete con dos mariachis y él montados a caballo, es el momento en la que el mariachi adquiere el papel de charros acompañantes del charro cantor».

Para Jáuregui Jiménez la tercera (1950– 1970) y cuarta etapas (1970–momento actual) consolidan una tendencia irreversible, en la que el llamado «mejor mariachi del mundo» –calificativo impuesto por su disquera–, se ha convertido en una marca comercial.

«Ya su música no corresponde a la tradición del Occidente de México; los géneros mariacheros sólo permanecen en el repertorio como una obligada prueba del pregonado origen jalisciense del Mariachi Vargas».

A los éxitos ajenos a su origen como La Vikina, New York New York, El mariachi loco y los popurrís, Jáuregui Jiménez agrega que, incluso, tanto la instrumentación como el estilo de ejecución han sido diseñados en la Ciudad de México.

De músicos líricos ahora los del Vargas son todos, sin excepción, músicos de nota, y algunos egresados del Conservatorio Nacional de Música. Por lo que para el ponente cabe preguntarse si permanece algo de la gran tradición original del sur de Jalisco en el actual estilo del Mariachi Vargas.

«El Vargas es un producto de su vinculación con los medios de comunicación masiva y con los músicos de nota. En este sentido, en cuanto a profundidad de tradición no puede compararse con los mariachis de los yaquis y los mayos o coras que mantienen una tradición muy próxima a las piezas barrocas del siglo XVIII».

Y finaliza con un diagnóstico del siglo que termina para la tradición mariachera: «En la actualidad los mariachis de elite, con el Vargas como prototipo, son tan sólo una nueva versión de la Orquesta Típica del Porfiriato, cuya principal característica es su peculiar sonido de las trompetas, que no es originario de Jalisco, sino de México Distrito Federal». ◊

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