Bailongos callejeros, riesgo para la salud por ruido

Julio 12, 2017.- En delegaciones como Tláhuac, Xochimilco y Milpa Alta fiestas particulares callejeras contaminan con estridente ruido

Aun cuando el ruido está catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el contaminante más compartido en el mundo, la segunda mayor amenaza ambiental para la salud de las personas y, sin embargo, el menos atendido, en delegaciones como Tláhuac, Xochimilco y Milpa Alta, las fiestas particulares o bailongos que de igual forma se celebran en la calle o espacios públicos, estos últimos con motivo de celebraciones supuestamente patronales, la autoridad ha ignorado por años que el estridente sonido de la música que permanece hasta altas horas de la madrugada, significan un grave riesgo para la salud física y emocional de las personas.

Por ello, es bienvenido el proyecto que investigadores del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) llevan a cabo y por el que buscan definir la relación entre estrés, ruido y salud, a través del estudio de hábitos de vida y concentraciones de cortisol en saliva.

Al respecto, el doctor Everardo Camacho Gutiérrez y la maestra Claudia Vega Michel, académicos del Departamento de Psicología, Educación y Salud del ITESO, compartieron algunos de sus principales hallazgos en el proyecto Análisis de zonas ruidosas urbanas, contra zonas no ruidosas, con respecto a niveles de cortisol, depresión, horas de sueño y consumo de alcohol, realizado en 2016.

Para el estudio, se tomaron muestras periódicas de saliva de 30 hombres en edades productivas, que trabajan o habitan en seis zonas de la Zona Metropolitana de Guadalajara. En tres de estas zonas, los participantes se han sometido a un ambiente con niveles de ruido que superan los 85 decibeles por al menos ocho horas diarias, durante un periodo de cinco años o más.

Los resultados de estos individuos fueron comparados con las muestras de quienes laboran en zonas de poco ruido, que no superan los 65 decibeles durante el día.

«Encontramos que el ruido aumenta el nivel de cortisol en saliva. Esta es una hormona de todo un eje de reacción biológica; se ha demostrado en otras investigaciones que cuando el nivel de cortisol es alto, el sistema inmunológico se inhibe y deja de operar de manera efectiva, lo cual genera que cualquier virus o bacteria ataque y que, por tanto, la persona sea más susceptible a enfermedades bajo condiciones de estrés», señaló Camacho.

En tanto, la investigación en la parte cualitativa arrojó que estas condiciones también pueden conllevar a depresión y dificultades para conciliar el sueño.

«La gente que vive en zonas ruidosas tiene un mayor consumo de alcohol, pero ello no quiere decir que tengan mejor calidad de sueño. También encontramos que duermen en promedio una hora más», apuntó Claudia Vega.

A través de un inmunoensayo en laboratorio, los catedráticos determinaron el nivel de cortisol en nanomoles sobre litro de saliva, tomando como muestra la saliva de los participantes en momentos específicos del día.

¿Relación entre ruido y dinero?

Un primer proyecto llevó a los investigadores a establecer la relación que guardan el estrés y la salud en humanos. A fin de someter a los participantes a niveles de estrés sin sobrepasar las dimensiones éticas, los investigadores se decidieron por exponer a las personas a ruido bajo condiciones controladas.

«De manera accidental nos metimos al tema del ruido y descubrimos que, en condiciones naturales en los centros urbanos altamente poblados, como la Zona Metropolitana de Guadalajara, tiene un impacto muy fuerte en la salud», comentó el doctor Camacho.

En tanto que Claudia Vega afirmó que puesto que el ruido no produce efectos inmediatos —como el caso de la contaminación del aire, que provoca irritación de ojos y problemas respiratorios—, la gente es poco perceptiva de sus efectos en la salud.

«Los efectos en la salud son a mediano y largo plazo. Este es uno de los ejemplos de cómo variables ambientales como el estrés en forma de ruido nos vuelve más vulnerables a contraer alguna enfermedad», afirmó.

«El ruido puede estudiarse desde un enfoque económico, en el entendido de que el ruido produce somnolencia al impedir una buena calidad de sueño durante la noche y esto se puede reflejar en una productividad mermada de las personas en el trabajo», dijo el investigador. «Estas relaciones están poco estudiadas», mencionó, a la vez que dejó entrever que a partir de este trabajo se pueden desprender nuevas investigaciones para complementar el entendimiento que guarda el estrés causado por ruido y sus implicaciones en la salud.

Este trabajo derive en el reforzamiento de las políticas públicas ya existentes en la materia. «Tenemos normativas municipales muy claras, pero a veces queda sólo en el papel y no siempre se cumple. Existe un marco legal jurídico que regula —el tema del ruido— pero nadie que lo supervise y vigile que se lleve a cabo», advirtió Vega. ◊

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