«Ni yendo a bailar a Chalma». La peregrinación de Milpa Alta

Julio 9, 2017.- La tradición del catolicismo en Milpa Alta

Por Manuel Garcés Jiménez* | Nosotros, Núm. 76 | Enero de 2005

Entre la variedad de tradiciones que existen en los doce pueblos que integran la delegación Milpa Alta, sobresale la peregrinación anual a Chalma, caminata que tiene duración de dos días con sus noches para postrarse ante el Santo Señor del lugar y regresar caminando otra vez luego de nueve días de estancia en el santuario.

Para los habitantes de Milpa Alta la visita al santuario del Santo Señor de Chalma no consiste solamente en caminar y elevar sus plegarias. Así de simple no sucede. Para el milpaltense se trata de una peregrinación que tiene significado sumamente especial, cuya organización es de un año y donde lleva implícita una añeja tradición vecinal.

Tal manifestación religiosa representa para los habitantes de la demarcación la parte más importante de sus creencias religiosas que van desde la coronación del nuevo mayordomo con el apoyo de la comunidad (económicamente o en especie, mediante maíz, frijol, manteca y hojas de totomoxtle, entre otros productos), para la elaboración de alimentos que se ofrecen a los peregrinos durante el trayecto, en la estancia en el santuario y en el retorno, tomando el paraje Tlalpilo como sitio de tradición para pernoctar en la noche del octavo día.

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Unas 10 mil personas caminan al santuario

Por último, el descanso obligado es en San Pedro Atocpan, lugar donde se divide la columna para que cada quien se dirija a sus respectivos poblados, en donde los andantes peregrinos son recibidos con honores por ser promotores de la tradición católica.

La tradición del catolicismo en Milpa Alta está muy arraigada. De acuerdo con los mayordomos de los poblados alrededor de 10 mil personas caminan al santuario, puede vérseles transitando por caminos de terracería y atravesando el bosque de pinos, encinos y oyameles. Van niños, jóvenes y adultos, con alegría y júbilo por compartir tanto fe como amistad y alimentos.

La delegación Milpa Alta cuenta actualmente con un promedio de casi cien mil habitantes, luego entonces podemos considerar que uno de cada diez milpaltenses mantiene su fe yendo a Chalma, ya sea a pie, en autobús o en automóvil.

Porque además de visitar el santuario de Chalma y oír la solemne eucaristía, el peregrino milpaltense se nutre de conocimientos históricos y culturales al concurrir, a escasos kilómetros, al legendario pueblo de Malinalco, no sin antes aprovechar la oportunidad de degustar la comida del rumbo o, bien, saborear las truchas recién pescadas del estanque de agua fría preparadas en múltiples formas.

En Malinalco el peregrino puede apreciar el impresionante cerro que se levanta al oeste de la localidad, donde en lo alto se localiza el sitio arqueológico con algunos centros ceremoniales labrados en la misma roca, y que las crónicas del lugar establecen que fue en el año de 1501 cuando Ahuizol ordenó la talla y construcción de una serie del conjunto ceremonial, entre los que destacan por su magnificencia el Cuauhcalli o «casa de las águilas», tallado casi en su totalidad sobre la roca del lugar. Su exploración fue a iniciativa del general Lázaro Cárdenas en una visita realizada el ocho de diciembre de 1935, recayendo el proyecto en el arqueólogo José García Payón. Los trabajos se realizaron de 1936 a 1939.

De acuerdo con la versión de algunos historiadores, se cree que en este sitio se celebraban las ceremonias de iniciación de los guerreros águila y tigre, que fueron las órdenes más importantes en la jerarquía militar mexica, título que era otorgado a los guerreros nobles que habían destacado en campos de batalla.

Las características de la construcción del sitio son únicas en el país, por lo que arqueólogos y antropólogos la equiparan con los templos monolíticos de Ellora en la India, Petra en Jordania y Abú Cimbel en Egipto.

Pero la trascendencia histórica de Malinalco no se circunscribe a la época prehispánica, ahí pernoctó don José María Morelos y Pavón cuando se dirigía a Cuautla, Morelos, en su lucha por la independencia nacional. También, durante el movimiento revolucionario Malinalco fue visitado en varias ocasiones por el general Emiliano Zapata.

Ahora bien, el peregrino chalmeño, al llegar al centro del poblado, frente al ex convento, descubre la antigua casa del portal y, al este, puede dirigirse al histórico convento agustino construido a final del siglo XVI dedicado al Divino Salvador, construcción que dio inicio pocos años después de la llegada de los evangelizadores en 1533 a nuestro país. Este inmueble es considerado como una maravilla de la cultura colonial y vestigio de la evangelización de los agustinos en México.

Al ingresar al convento el peregrino milpaltense puede contemplar sobre las gruesas y enormes paredes del claustro varios frescos (recién restaurados), donde se ve un interesante herbario monumental acompañado de una variedad de animales de ese rumbo, mismos que se encuentran representados en tres manuscritos mexicanos del siglo XVI: el Herbario o Libellus de Martín de la Cruz, la Historia natural, del doctor Francisco Hernández, y el libro 11 (Las cosas de la tierra) del Códice Florentino de fray Bernardino de Sahagún.

Las plantas nativas que fueron plasmadas en lo alto del inmueble agustino fueron aquellas que habían tenido importancia cultural dentro de la sociedad prehispánica, identificándose por lo menos 34 especies: 18 tenían valor medicinal, nueve eran altamente deseadas como artículos de prestigio y por su importancia ceremonial, las siete restantes por sus aspectos económicos y nutritivos.

Así tenemos, por ejemplo, el huecalxochitl, que se usaba para combatir las infecciones y para engalanar a los héroes militares y al tlatoani. De la misma manera aparece la clavelina o xiloxochitl, la «flor de seda del maíz»; el xiloxochitl, árbol del cacao que se utilizaba para uso exclusivo de ciertas clases sociales; el ololiuhqui (manto de la virgen) al que se le reconocía por sus cualidades psicotrópicas, entre otras plantas de la región.

Dentro de los animales aparecen el colibrí y el tlacuache, pues se les consideraba importantes en la farmacopea prehispánica.

Es interesante saber que dentro de las escenas de la flora y la fauna fueron evidentes las conexiones que mantuvieron los ilustradores del manuscrito de Tlatelolco con los artistas muralistas de Malinalco.

Como vemos, asistir al santuario del Señor de Chalma, además de cumplir con el sagrado deber religioso, amplía los conocimientos gastronómicos e históricos de los pobladores del rumbo, de tal manera que después de realizar el recorrido y adentrarnos en ellos, sentimos la emoción y satisfacción por conocer el legado cultural ancestral de nuestros antiguos mexicanos.

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

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