Teoría de la conspiración: las estelas químicas

Junio 19, 2017.- Unamitas en Aguascalientes. Hay muchas cosas que no sabemos (y ni qué decir de las que no sabemos que sabemos), pero estas estelas han sido refutadas por la comunidad científica

Por Efrén Camacho Campos | Comunicólogo por la UNAM

Hace poco, mientras esperaba a mi nieto a que saliera del Jardín de Niños, empecé a platicar con la mamá de un compañero de mi hijo, sobre temas escolares y las batallas que se tienen que librar con ellos para que atiendan sus tareas. Como faltaban unos minutos para que sonara la chicharra, tuvimos tiempo para conversar un poco más y resulta que, al igual que quien esto escribe, la señora emigró hace varios años al hermoso estado de Aguascalientes y, como siempre sucede, surgieron las coincidencias.

Ella nació en Tláhuac, a donde no ha regresado en varios años. Ante este dato duro, me animé a comentarle que tengo un gran amigo ahí y que además es el editor de la Revista Nosotros, la cual tiene como propósito esencial divulgar temas diversos de esa comunidad; además, ya entrados en confianza, le confesé que eventualmente mando artículos para su publicación, por lo que me solicitó que le obsequiara algún ejemplar.

En eso estábamos, cuando el papá de uno de los escolapios, al escuchar sobre la revista, se nos acercó y sin ningún reparo nos espetó a rajatabla si sabíamos de los «chemtrails», que de acuerdo a lo que él ha escuchado se trata de algo así como una conspiración para envenenar a los habitantes del mundo, vía las estelas de condensación que dejan los aviones.

Ante tal revelación, no sin dejar de acordarme del programa radiofónico de Orson Welles sobre una invasión extraterrestre (guión radiofónico basado en la novela de H.G. Wells, La Guerra de los Mundos), le pregunté acerca de quiénes eran los que ejecutaban dicha conspiración y, asimismo, cómo le hacían para evitar contaminarse ellos mismos. Obviamente, no tuvo una respuesta, pero me dejó la inquietud sobre el tema, por lo que me propuse investigar sobre lo que pudiera denominarse una teoría de la conspiración de las estelas químicas.

Como marcan los cánones, lo primero que me propuse fue realizar una búsqueda bibliográfica y ante la imposibilidad de consultar bases de datos especializadas, disponibles a través del Secobi (Servicio de Consulta a Bancos de Información) del Conacyt, canalicé  la búsqueda hacia nuestro «amigo virtual» Google, donde a su vez desplegó varios hipervínculos, entre los cuales visualicé Wikipedia, y pude leer que las llamadas estelas químicas, quimioestelas o chemtrails en inglés son «un supuesto fenómeno que consiste, según los convencidos de su existencia, en que algunas estelas de condensación dejadas por aviones no son tales, sino que en realidad están compuestas por productos químicos».

La existencia, entonces, de dichas estelas químicas, dice la enciclopedia libre, «ha sido refutada por la comunidad científica, si bien casi todas las hipótesis de esta teoría de conspiración coinciden en que su objetivo sería causar algún tipo de daño a la población. Se trataría de una práctica conocida por unos pocos, quedando fuera de este término la dispersión de sustancias químicas para fines reconocidos (fumigación, sembrado de nubes o exhibiciones aéreas). El término inglés ‘chemtrail’ es una abreviación de la expresión inglesa ‘chemical trail’, cuya traducción literal es estela química».

Generalmente quedamos conformes con lo que leemos y solamente ahondamos en la búsqueda de datos cuando reconocemos que hay muchas cosas que no sabemos (y ni qué decir de las que no sabemos que sabemos); en mi caso, por ejemplo, por qué vuelan los aviones, qué combustible utilizan, entre otras cosas.

Bueno, recordé que fueron los hermanos Wright, a principios del siglo XX, quienes hicieron realidad la visión de prohombres como Leonardo Da Vinci, para que el hombre pudiera volar. Asimismo, reconocer que a partir de la Revolución Industrial se ha generado el mayor conocimiento en toda la historia del hombre, se han dado los mayores desarrollos científicos y tecnológicos, donde la industria de la aviación no ha sido la excepción. Ahora, podemos ver cotidianamente a los aviones surcar el cielo a grandes alturas y, en consecuencia, cuando éste está despejado podemos apreciar nítidamente estas estelas de condensación que dejan las aeronaves.

Ante el comentario de este papá, también reflexioné acerca de lo que varias veces he escuchado y a ciencia cierta no sé qué significa y me refiero a lo que se denomina como teoría de la conspiración. Sin embargo, empecé a «desdoblarme» y a recordar algunas lecturas, programas de televisión o frases célebres, relativas a este concepto.

La primera vez que leí sobre el Gran Hermano fue en un libro que mandé comprar a España, escrito en la década de los 50 (Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco, de Arthur C. Clarke), donde presumiblemente alguien nos observa y manipula a su antojo. Para nadie es desconocida la frase de Albert Einstein: Dios no juega a los dados con el universo. Más  recientemente, en las series televisivas sobre la Casa Blanca de los Estados Unidos, como Scaldal, Designated Survival, o bien House of Cards, no falta ese personaje tétrico que con base en la información que posee, crea conspiraciones para manipular a su antojo a las personas y obtener mayor poder del que ya posee.

Entonces, me queda claro que la Teoría de la Conspiración, no se basa en la información que se posea, sino más bien en el uso que se hace de esa información en nuestro poder. Parece inverosímil, pero el pasado proceso electoral del país como que confirma esta situación: lo que hay qué hacer para preservar el poder y todo lo que implica ello.

De acuerdo a las fuentes electrónicas disponibles, «una teoría de la conspiración o teoría conspirativa puede definirse como la tentativa de explicar un acontecimiento o una cadena de acontecimientos, sucedidos o todavía por suceder, ya sea percibidos o reales, comúnmente de importancia política, social, económica o histórica, por medio de la existencia de un grupo secreto muy poderoso, extenso, de larga duración y, generalmente, malintencionado. La hipótesis general de las teorías conspirativas es que sucesos importantes en la historia han sido controlados por manipuladores que organizan los acontecimientos desde ‘detrás de escena’ y con motivos nefastos».

Regresando a los denominados chemtrails, los aviones utilizan como combustible el queroseno, ya que «a más de 35 grados bajo cero en pleno vuelo los motores necesitan un combustible que no se congele», y que al quemarse desprende estelas de condensación, que en sí mismas están compuestas de productos químicos ya degradados y que evidentemente de alguna forma perjudican al medio ambiente.

En realidad el tema es apasionante y se requiere de varias horas de investigación para acercarnos mínimamente a un entendimiento sobre este fenómeno. Sin embargo, ante el comentario expresado por este padre de familia, preocupado verdaderamente por las estelas dejadas por los aviones y el posible envenenamiento de la población, me quedó la sensación que el ser humano evolucionará y se adaptará a las condiciones que resulten del deterioro al que hemos sometido a nuestro planeta, como lo hemos venido haciendo desde nuestra aparición en la Tierra. ◊

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