El Teutli en la historia de los pueblos de Milpa Alta

Junio 16, 2017.- El autor incluye la leyenda de los colosos guardianes que rodean al Valle de México: Iztacíhuatl, Popocatepetl y el Teutli

Por Manuel Garcés Jiménez | Nosotros, Núm. 82 | Julio de 2005

La mañana del domingo 13 de marzo los integrantes del Consejo de la Crónica de Milpa Alta nos reunimos para ascender al volcán Teutli o Teuhtli, teniendo como invitados de honor al arquitecto Jorge Legorreta, director del Centro de Información de la Ciudad de México, y a su esposa, así como a José Genovevo Pérez. El recorrido tenía un objetivo, admirar en gran parte el Valle de Anáhuac que llega precisamente hasta ese lugar, así como escuchar en voz propia de cada uno de los integrantes del Consejo de la Crónica los relatos, mitos y leyendas que se cuentan de ese majestuoso lugar.

Después de caminar por una estrecha y sinuosa vereda de arena hacia la cumbre del mítico volcán, por fin llegamos a la cima donde los integrantes del citado Consejo relataron la enorme importancia teogónica que tuvo durante la época prehispánica. Fue aquí donde se concentraban los indígenas de los pueblos aledaños para la realización de la ceremonia del palo volador.

Desde las alturas nos embelesamos con los gigantes de la naturaleza: clavamos la mirada hacia el norte donde aparece la serranía de Santa Catarina, al noreste el legendario Xico citado por Gutierre Tibón cuando relata de la estancia de Quetzalcóatl al dirigirse al sureste, y a lo lejos el enorme cerro de Tláloc, al este los imponentes volcanes Popocatepetl e Iztaccíhuatl, al sureste el Teopayo, al sur vemos cómo se yergue otro enorme cerro llamado por los antiguos milpaltenses el Tláloc, donde se comenta que los indígenas de estos lugares se concentraban para rendirle veneración al dios que propicia la lluvia, y al oeste el imponente Pico del Águila, en el Ajusco.

Al descender, visitamos las cuevas que existen al poniente del Teutli, de donde se relatan algunas leyendas, no sin antes refrescarnos con un poco de agua, al pie de una enorme cruz que se enflora en la víspera del tres de mayo, día precisamente de la Santa Cruz, es aquí donde los milpaltenses se concentran durante una noche y el mero día para convivir con ella en las alturas.

La amena plática se desarrolló en la cumbre del Teutli, fue en medio de fuertes ventarrones, como queriendo limpiar el ambiente de la gran urbe, es aquí donde Ehécatl abraza a los asistentes, pero a pesar de ello nuestros acompañantes quedaron maravillados al observar desde ese mítico sitio los pueblos de Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco con sus lagunas y la raquítica zona lacustre que aún sobrevive, como si se resistiera a desaparecer ante la mancha urbana que cada día crece hacia el sur en detrimento de la naturaleza.

Antes de descender descansamos un poco frente a la capilla dedicada a Santa Marta, que se localiza muy cerca de la pendiente del Teutli, donde por cierto departimos mientras consumíamos los alimentos que llevábamos. En medio de la amabilidad y cordialidad de los anfitriones, nuestro invitado, el arquitecto Jorge Legorreta, enfatizó lo siguiente: «No sólo realizaremos un programa para Radio Red, en el 1110 de amplitud modulada, de Para descubrir y disfrutar la ciudad, que se transmite los viernes de 22 a 23 horas, si no que serán más programas, uno con el tema de la importancia de la lengua náhuatl; otro acerca de Milpa Alta a través de su historia y, por último, ¿qué ofrece Milpa Alta a los visitantes?, entre otros temas de interés para los habitantes de esta ciudad».

Todo salió como se esperaba, tan bien que algunos amigos del Consejo de la Crónica recogieron una buena cantidad de basura inorgánica; vasos, envases y bolsas de plástico, envolturas de frituras y botellas de vidrio que han invadido una enorme área y que fueron recogidas en bolsas de regular tamaño donde cada uno de los integrantes se la llevó para depositarla al lugar que le corresponde. Al respecto, alguien preguntaba: ¿Por qué no se colocan letreros invitando a quienes ascienden a no dejar basura? ¿Por qué no se manda periódicamente a brigadas a limpiar ese histórico lugar? ¿Por qué no se reforestan las pendientes? Ojalá que el jefe delegacional de Milpa Alta, Cuauhtémoc Martínez Laguna, diera la orden al personal de ecología lo más pronto posible para mantener limpio ese espacio que nos enorgullece a los milpaltenses.

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Jorge Legorreta escucha con atención a Manuel Garcés

Motivado con el ascenso me di a la tarea de involucrarme una vez más en los antiguos documentos, libros y revistas que hablan y confirman que efectivamente el Teutli fue un sitio de gran interés tanto en el pasado como en la actualidad. Leí y releí algunos datos, repasé leyendas como El Teuhtli y el Iztaccíhuatl escrita por doña Luz Jiménez, y publicada por Fernando Horcasitas, nahuatlato e investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Además de la leyenda Teutli, escrita por el profesor emérito Carlos Villanueva Yescas.

Con esas lecturas volví a valorar lo que para nuestros indígenas fue el sitio idóneo, precisamente por estar en las alturas, posiblemente para estar más cerca de los dioses y de las nubes, las que propician la lluvia. Por si fuera poco, a la llegada de los españoles Cortés creía que en el Teutli existía azufre, el cual necesitaban para fabricar pólvora que pudieran utilizar en los arcabuces. Además, de ese lugar se cuentan una serie de leyendas que provienen de los abuelos, y todavía algunas de esas personas los narran. Cabe indicar que además el Teutli, debido a su ubicación geográfica, une a tres delegaciones: Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta.

Las fuentes de la historia

Al respecto, Raymundo Flores Melo cita a ese lugar (tomado de los documentos de la Propiedad Comunal de Milpa Alta) como la mojonera natural escogida por los habitantes de Milpa Alta, donde da inicio y terminan los linderos: «…y fueron subiendo por encima del cerro nombrado Teutli Xahuecatzin que es donde empiezan y acaban los linderos, y allí les dieron (a los principales que hicieron el recorrido) rosas en la mano y todos en conformidad se abrazaron y se hincaron de rodillas y llorando dijeron demos gracias a Dios y dijeron a sus hijos sepan queridos hijos que hasta aquí se cierran nuestros linderos y aquí es estos papeles dejamos señalados con esta llave que todos nuestros hijos lo vean».

A estas fechas podemos encontrar la base de la mojonera que se localiza en la parte norte de la cumbre del Teutli.

Debo manifestar que de pequeño me llamaba mucho la atención las narraciones que brotaban de los labios de mi madre, la señora Conchita. Entrada la noche narraba que de este lugar, en plena revolución, los zapatistas se escondían en el interior de las cuevas, teniendo como única salida en algún lugar del estado de Morelos. Otras más nos narran que las personas se dedicaban al robo de ganado, estos animales lo introducían en las cuevas, cavernas que servían de escondite para los bandoleros y su botín.

En fin, dicho sitio no deja de ser un cerro importante, que además de ser hermoso nos llena de orgullo por todo de lo que cuenta, y por su ubicación geográfica es considerado como el icono de Milpa Alta.

Como muestra de su importancia encontramos algunas evidencias escritas.

De las faldas del Teutli, hacia el este y el oeste del centro de Tecómitl encontramos un lugar singular, debajo de la lava se encuentra una oquedad donde los habitantes de Tecómitl le hallan la forma de olla. Es aquí donde surge la leyenda de la aparición del actual Patrono San Antonio de Padua, personaje bienhechor que creó la leyenda de su aparición dentro de una burbuja volcánica que lleva por nombre Tecómitl, la Olla de Piedra, localizada por las ceremonias católicas que se hacen los días 13 de junio, al este del Teutli.

La belleza del Teutli no pasó desapercibida para el compositor Quirino F. Mendoza y Cortés (oriundo de Tulyehualco), cuando éste lo cita en la letra original de la canción Cielito lindo. Lo podemos confirmar en un documento con fecha de 10 de mayo de 1882, en donde aparece la auténtica letra: «Vamos al Teutli hermosa niña, | para admirar el campo | y allí los dos unidos, Cielito Lindo, | Nos amaremos…» Pero debido al mercantilismo o a la mercadotecnia, aunado al correr del tiempo, la letra que actualmente conocemos fue cambiada, porque en la actual se omite entre otras palabras la del Teutli.

El poeta sonorense Abigael Bohorquez, radicado en su segunda tierra, la delegación Milpa Alta, no podía dejar de mencionarlo, pues éste se inspiró en muchos de sus poemas cuando se refería a la tierra de la milpa alta, como se puede apreciar en el siguiente trabajo literario titulado Vista del Teutli: «Esto es Milpa Alta, amor: el sobresalto | de la piedra y su luz paralizada, | la osatura (sic) violenta del basalto | y su carácter de estatua derrotada. | Esto es Milpa Alta, amor, la primavera…»

El profesor Sóstenes N. Chapa, nativo de San Gregorio Atlapulco, lo cita cuando menciona que fue en este lugar donde se desarrollaba la ceremonia del palo volador, conocido por los naturales como los teocuauhpatlapanque, de teotl, dios, o sagrado, tuauhtli, polo y patlanque, los que vuelan.

La ceremonia prehispánica del palo volador se realizaba en los años de 1733, 1734 y parte de 1735, tal afirmación se encuentra en los documentos de la Biblioteca Nacional que se localiza en Ciudad Universitaria, donde fray Francisco Antonio de la Rosa y Figueroa, Notario Apostólico y del Santo Oficio de Xochimilco, mandó un informe el 14 de junio de 1766 aduciendo la realización de palo volador en el Teutli.

En el informe denominado Descripción física, Archivero de la Provincia, al Señor Provisor e Inquisidor General de Indias y Chinos, describe acerca de los abusos, supersticiones, idolatría y demás excesos que cometían los indios con motivo de la fiesta realizada al palo volador, localizado en el fondo reservado en la sección del Archivo Franciscano de la Biblioteca Nacional de Ciudad Universitaria, nomenclatura: caja 112, expediente 1534, fojas 9–12, fechado el 14 de junio de 1766. Aquí encontramos un interesante documento (ahora paleografiado), un informe elaborado en 1766 donde señala la fiesta o ceremonia del palo volador que se acostumbraba realizar entre los naturales que vivían alrededor del Teutli.

En este interesante documento podemos notar que el informante al pertenecer al Santo Oficio y ante el desconocimiento del sentido cosmogónico que mantenían los nativos en estas ceremonias relacionadas a sus dioses, es cuando trataban de acercarse a ellos por ser los dadores de la vida. Además del palo volador realizaban diversas danzas en ese mismo lugar. Otro de sus integrantes bailaba en el centro de cabeza: «todos los que han visto bailar allí al indio, hasta de cabeza con los pies para arriba».

Cabe hacer notar que en el citado documento se describe que eran 12 personas, pero además se señala lo mágico y religioso de ese madero cuando se indica que si un hombre veía que el palo no estaba bien plantado, inmediatamente actuaba para dejarlo bien sujeto al suelo: «Volaban a su vista doce indios (serían de Xochimilco) cuando al desprenderse de la rueda y comienzan el círculo a dar a plomo con ellos sobre el concurso llegó improvisadamente un indio (que dijeron ser de Huitzilac) y se quitó el ceñidor de los que usan y llegando por la parte opuesta a la que cae a plomo el árbol con los indígenas lo abrazó con aquel débil paño y lo enderezó dejando fijo (el palo) como si lo hubiera fuertemente acuñado, desapareciendo (esta persona) entre el bullicio (de la gente)».

En el citado informe se señalan a los sacerdotes de Xochimilco, Chalco, Milpa Alta, de Mexicaltzingo, Tepepan, Atocpan, Tecómitl y San Gregorio Atlapulco, como los que advertían de estas prácticas no bien vistas por los frailes.

Para la realización de la ceremonia del palo volador se señala en el citado documento que cuando los indígenas asistían al monte donde talaban el árbol, ya talado el tronco lo bajaban con toda solemnidad, con enfloramiento (sic) acompañado de música.

En ese mismo sentido, señala el informante, el fraile Francisco Antonio de la Rosa y Figueroa, que ese lugar fue muy importante para los indígenas y lo describe mediante el significado de la palabra Teutli:

«Siempre concebí mayor horror con esos yndios Boladores pero siempre concebí mayor horror al cerro de Teutli porque Teuhtli con aspiración como algunos pronuncian sino Teutli porque Teuhtli significa Polvo y Teutli significa cosa Divina cosa adorada o el Dios adorado, del nombre propio teutl o teotl que significa Dios del qual nombre sale el verbo teoti o teutia adorare Deven y nombrandose este cerro del Teutli, es por la adoración que estos malditos boladores usurpan al Altísimo, y se la van a ofrecer en este cerro al demonio que se les aparece allí en varios y horribles figuras, y por esto son azia alli los mas rendidos acatamientos que haze el Baylarin del Guahtecomate».

A la llegada de los españoles se empezó a fabricar pólvora y fue el virrey don Luis de Velasco, el hijo (1590-1595), quien estableció en Chapultepec la primera «fábrica de pólvora, haciendo para su molienda un ingenio de mulas. Lo asentó todo en un corral como patio con agua y almacenes a la redonda, que todo ello fue obra importante». Para esta fecha Hernán Cortes ya había mandado a sus soldados a extraer el azufre que supuestamente se encontraría en el recóndito de las cuevas del Teutli, de tal forma que este dato lo corroboramos cuando fray Agustín de Vetancurt nos dice: «Piedra azufre ay tanta que abunda, quatro leguas de Mexico en el cerro que llaman el Teuhtli, juridicion de Suchimilco ay una mina de azufre comun para el que quiere sacarlo, y aprobecharse del Volcan que esta sercano a Mexico, sacaron en la Conquista por mandato de Hernán Cortes a tres soldados el azufre en cantidad para la polbora».

Y precisamente fue hasta el siglo XVII cuando se buscan nuevos sitios de «raspa de salitre» o salitreras, señalándose a Cuitlahuac, Mixquic, Mexicaltzingo y otras comunidades como Chalco y Xochimilco, los lugares idóneos para encontrar esta materia prima para la elaboración de la pólvora.

Las leyendas

Por considerarse de interés histórico se transcriben dos leyendas del Teutli, la primera de Luz Jiménez González y la segunda del profesor Carlos Villanueva Yescas:

El Teuhtli y el Iztaccíhuatl

Hacia el norte, hacia México, se yergue el Cerro Sagrado, el Teuhtli o Tehuehuentzin, el Señor Viejo. Y al oriente duerme Iztaccíhuatl, la Mujer Blanca, que separa a la capital del valle de Puebla. Hay leyendas sobre estas montañas.

Se cuentan cosas sobre el cero del Teuhtli y sobre todos los cerros que nos rodean allá en el pueblo de Milpa Alta. Nos contaban nuestros abuelos que el Teuhtli, hablando de cerros, era el más importante. Allí se formaban hombres maravillosos: los curanderos, que se dicen, que se llaman sabios. Cuando alguien se enferma, se dice: «Vamos a limpiarnos con yerbas o con huevos». Allí van a arrojar los huevos o yerbas, con la piedra que se llama jade; allá donde está el Teuhtli.

Y todos estos cerros se comunican unos con otros hasta Cuernavaca. Allí hay otro gran sabio: el gran señor Tepozteco, el que está al otro lado, junto a tierras de Tepoztlan. Este señor también es un gran sabio. Mucha gente de Milpa Alta va a vender leña a Tepoztlan. Luego; allá están con el sabio el Tepozteco.

Luego está el Popocatepetl; también es un gran señor. Allí está durmiendo y su esposa está a sus pies. Se llama la «Mujer Blanca» o «Mariquita».

Cuentan que a esta Mujer Blanca la mandaban a cuidar borregos; cuidaba toros, borregos, caballos. Servía de pastora. Era mujer noble, buena muchacha, maravillosa, bella; la carita de esta muchacha era preciosa.

Este señor, el Popocatepetl, le propuso matrimonio. Pero luego dijo la Mujer Blanca: «Ni tú, ni nadie; me voy a dormir. Tú me cuidarás», y parece que se quedó dormida. Se acostó la Doncella-Montaña a dormir y el Monte de Humo la está cuidando.

Cuando se dieron cuenta ya estaba allí un sacerdote.

«¡Mariquita, Mariquita!» dice el sacerdote, «¡Levántate, levántate! ¿Qué haces? ¿Por qué estás dormida?»

«Yo no me he de levantar», contestó Mariquita. «Aquí es mi casa. Ahora levántate si son tan fuertes. Mi marido, este gran señor, quiso que aquí me quedara dormida y aquí dormiré. Cuidaré todas las tierras. Desde aquí tendré cuidado de lo que beben, de lo que han de comer y todos se tendrán que encontrar con el Teuhtli. Por allí están todos los borregos, los que me cuidaron y ahora cuidan a los borregos». Cuando comienza a venir la lluvia, cuando viene el granizo, a estos borregos se les llama «borregos sabios».

Ante la vasta historia y leyenda del Teutli el profesor Carlos Villanueva Yescas rescata de sus ancestros la leyenda de los volcanes Iztacihuatl, Popocatepetl y Teutli, que como guardianes se localizan al oriente y poniente del enorme Valle de Anáhuac. Esa leyenda se ha publicado en diversos medios, periódicos y revistas, debido a su alto grado de análisis de las principales deidades del mundo náhuatl:

La leyenda se basa en uno de los mitos que nos explica el origen de los volcanes, es la Historia de los Cuatro Soles donde nos narra las etapas que ha pasado la tierra hasta llegar al actual Quinto Sol, donde la superficie terrestre estuvo habitada por gigantes, los cuales eran «tan fuertes que arrancaban los árboles para comer su fruto con toda comodidad», hasta que el tigre Tezcatlipoca devoró a los gigantes, quedando despoblada la tierra y sumida en la oscuridad.

Bajo este mito nace la leyenda de los volcanes y en especial los colosos guardianes que rodean al Valle de México: Iztacíhuatl, Popocatepetl y el Teutli (Gran Señor). Leyenda que ha sido trasmitida por los abuelos hasta su  compilación hace aproximadamente 60 años, por el profesor Carlos Villanueva Yescas, basada a su vez en el dios de la vida prehispánica: Tonacatecuhtli y su mujer Tonacihuatl.

Popocatépetl, Teutli e Ixtacihuatl, pertenecían a esa raza de gigantes y habitaban el pueblo que muchos soles después sería la gran Tenochtitlan, sus familias, unidas entrañablemente, se habían granjeado el respecto y el cariño de sus súbditos a los que gobernaron con justicia y equidad.

Popocatépetl y Teutli eran como hermanos; se habían criado juntos; habían participado en los mismos juegos infantiles, habían recibido juntos también la rígida educación que se impartía a los futuros guerreros y juntos habían luchado en constantes y sangrientas batallas que tenían en contra de las tribus que aún, en estado semisalvaje, incursionaban frecuentemente en los poblados más civilizados  para proveerse de alimentos y acrecentar el número de sus mujeres.

Ambos de la misma edad, rivalizaban en prestancia física; el rigor y la templanza habían cincelado maravillosamente sus cuerpos, su habilidad en el manejo de las armas era terrible, su valor había traspuesto las fronteras de su  pueblo y a sus cualidades físicas se unían las grandes virtudes de su raza: la lealtad, hasta llegar al sacrificio, el honor y la justicia.

Ixtacíhuatl, era una mujer núbil, de cuerpo hermosamente esbelta, de rostro suavemente moreno y piel delicada; era la inspiración de los poetas, pues en ella los dioses habían volcado sus dones y en vez de corazón le habían colocado un tzentsontle que extasiaba con sus cantos dulces a todos aquellos que la escuchaban. Habían obtenido el Macuilixochitl, máximo galardón que se entregaba a la mujer y a los príncipes más nobles hubiéranlo dado todo por una de sus sonrisas.

Popocatépetl y Teutli, estaban apasionados por ella, sin que el cariño de uno fuera conocido por el otro. Al verla, sus cuerpos y sus almas se estremecían en dulces inquietudes y una extraña angustia embargaba sus espíritus; cuando no estaban cerca de la amada; hubieran sacrificado hasta la última gota de su sangre por satisfacerle el menor capricho.

Teutli fue quizá, el primero en darle cuenta de los sentimientos de Popocatépetl y desde entonces su nobleza sufrió el tormento de los celos, puesto que su lealtad le evitaba interponerse en el camino de su hermano y comprendía que debía sacrificarse por la felicidad de sus dos seres queridos. No tardó Popocatépetl, en descubrir también el motivo de la angustia y el dolor que aquejaban a Teutli y juró por los dioses no manifestar su amor, para no ensombrecer el cariño que ellos se tenían, pero la tristeza que empañaba sus ojos, era la demostración más grande de las penas que su alma se encontraba padeciendo.

Ixtacíhuatl, con la perspicacia propia de la mujer, se había dado cuenta y también y temblaba al sólo pensar que alguno de ellos le declarase su amor; a los dos los quería entrañablemente y las noches de insomnio eran testigos de la lucha que en su interior se libraba para saber cuál debía ser el preferido. Cuando al fin cerraba los ojos por el sueño, imágenes borrosas en las cuales uno de ellos la abandonaba, la hacía despertar prorrumpiendo en sollozos.

Fue entonces cuando estalló una guerra a muerte entre los pueblos del mundo, guerra tan sangrienta que tiñó de rojo las tierras que se convirtieron en tristes páramos. El odio y la ambición corrieron sin freno por todos los lugares, en forma tan despiadada que los dioses indignados, decidieron exterminar a esa raza soberbia y altanera y para ello llamaron a Chalchiuhtlicue, que al recibir la orden transfiguró su hermoso semblante y agitado terriblemente la bandera en cuyos pliegues se agitaban los signos de los rayos y relámpagos, desató su furia sobre la Tierra. Tal sucedió en la época que se conoce con el nombre de Sol de Agua.

Popocatépetl y Teutli, se aprestaron a esa lucha; fue un combate de titanes; el suelo se estremecía y el espacio se llenaba de lúgubres sonidos que espantaban hasta los corazones más valientes. Los macahuitles, al chocar con los chimallis hacían brotar cascadas de brillantes que chispeaban con múltiples colores a los rayos del sol. Las figuras grandiosas de nuestros héroes con rítmicos y certeros movimientos, alfombraban de cadáveres el campo, pero la superioridad numérica de los guerreros enemigos al fin se impuso y quedaron solos en el campo de batalla protegiendo a Ixtacíhuatl, que con el valor de su raza, también participaba en la epopeya preparándoles las armas y haciendo caso omiso de la herida mortal que una flecha, al atravesar su cuerpo, le había ocasionado.

Sin darse cuenta de lo que acontecía a su amada, preocupados por ella, sin dejar de combatir, Popocatépetl y Teutli tuvieron una breve plática: uno de ellos debía poner a salvo a Ixtacíhuatl, pero ninguno quería abandonar al otro en tan crítica circunstancia. ¿Cómo Teutli convenció a Popocatépetl? Sólo los dioses lo saben, pero el hecho fue que éste, tomándola de la mano la obligó a seguirlo atribuyendo al cansancio o quizá las emociones, la palidez del rostro de Ixtacíhuatl. Así caminaron por montes y valles bajo una lluvia de flechas que ocultaban los rayos del sol, hasta que una de ellas atravesó el cuerpo de Popocatépetl, en el preciso instante que se daba cuenta que la blanca túnica de Ixtacíhuatl, se teñía de púrpura y su cuerpo desfallecía casi sin vida. Con la angustia reflejada en su semblante, sin hacer caso de la mortal herida que también a él, la vida le arrancaba, amorosamente la tomó en sus brazos y siguió alejándose, más y más hasta casi perderse en el horizonte. Cuando sintió que las fuerzas le abandonaban, depositó el cuerpo inerte de su amada en la cumbre de la montaña más alta del valle, cayó de hinojos y así lo sorprendió la muerte, velando el sueño de su compañera.

Teutli, ya solo, seguía luchando; su cuerpo se encontraba erizado de flechas y a pesar de ello, sembraba el espanto y la desolación en las filas de sus enemigos. Desde donde se encontraba había dádose cuenta de la enorme tragedia y por tal motivo centuplicase su fuerza con el ansia de correr en auxilio de ellos, pero un macahuitle descargado con furia asesina doblegó su cuerpo y ahí quedó para siempre con la mirada que no obscureciera ni la misma Coatlicue, dirigida a su adorada Ixtacíhuatl.

Cuéntase que los dioses admirados y enternecidos por el valor de nuestros héroes, ordenaron que fueran cubiertos con el manto piadoso de la muerte y que, como ya se ha dicho, se exterminara por los siglos de los siglos a esa raza sangrienta de gigantes.

La leyenda termina diciendo que así quedaron cubiertos, con el eterno sudario de nieve, los cuerpos de Ixtacíhuatl y de Popocatépetl. De Teutli, cuéntase que era tanto el calor amoroso que corriera por sus venas, que al escapar la sangre de su cuerpo y esparcirse por las campiñas, se convirtió en ardiente lava que destruyó lo que encontró a su paso y que el manto níveo que lo cubriera, se transformó en límpidos y cristalinos torrentes que llegaron a fundirse con las aguas de los lagos de Chalco y Xochimilco que antaño hasta ahí llegaron.

Finalmente, la gente de Milpa Alta mantiene presente y latente el nombre de Teutli porque lo tienen dos escuelas, una es la Escuela Secundaria Número 9 que se localiza en Avenida Las Palmas en Tecómitl, y la Escuela Primaria de San Francisco Tecoxpa, lo mismo que en negocios, lo que significa que al Teutli se le respeta y se le admira. ◊

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Presidente del Consejo de la Crónica, colaborador de El Sol de México.

Bibliografía:

Archivo Franciscano, nomenclatura: caja 112, expediente 1534, fojas 9–12, fechado el 14 de junio de 1766.

Bohorquez, Abigail. Memoria en la Alta Milpa. Colección Palabra Viva, México 1975.

Cordero López, Rodolfo. El Niñopa. Creación Costumbrista de Xochimilco. Editorial Edamex, México 1996.

«Construyendo Nuestra Historia. La Propiedad Comunal. Un primer acercamiento a la interpretación de las pictografías Referentes a los títulos comunales de Milpa Alta». Revista Nosotros, Número 79.

Chapa, Sóstenes N. San Gregorio Atlapulco, Xochimilco. Talleres Quetzalcóatl, México, 1957.

Horcasitas, Fernando. De Porfirio Díaz a Zapata. Memoria Náhuatl de Milpa Alta. UNAM, México, 2000.

Trabajo mecanografiado sobre la vida ejemplar artística y pedagógica del maestro Quirino F. Mendoza y Cortés, con motivo del homenaje que en su honor se efectuó el 29 de julio de 1949, en Tulyehualco.

Vetancurt, fray Agustín de. Teatro Mexicano. Crónica de la Provincia del Santo Evangelio de México. Colección Biblioteca Porrúa, México, 1982.

Villanueva Yescas, Carlos. «Teuhtli. Leyenda», en Escuela Secundaria Diurna Número 9 Teuhtli, 1940 – 1965. Un cuarto de siglo de labor educativa. Lito Impresora Panamá. México, 1966.

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