Agustín Timoteo Villanueva Yescas, compilador de historias

Junio 12, 2017.- Hombre sencillo, modesto e inquieto por fomentar la educación y la cultura de Tecómitl

Por Manuel Garcés Jiménez | Nosotros, Núm. 82 | Julio de 2005

Una de las pocas memorias que narran la historia de la educación del México posrevolucionario del sureste de la Ciudad de México se encuentra en la revista de la Escuela Secundaria Número 9 que se encuentra en San Antonio Tecómitl, Milpa Alta. Se trata de un trabajo sumamente trascendental realizado bajo la dirección de Agustín Timoteo Villanueva Yescas (1925-2004), interesante en su contenido tanto textual como gráfico, con dibujos hechos a pulso por el pintor y escultor Raymundo Cobo Reyes. Cada una de sus líneas nos lleva de la mano para entender y comprender el nacimiento de la primera escuela del sureste del Distrito Federal considerada, por eso mismo, la Atenas del Sureste.

Al adentrarnos en su contenido, nos damos cuenta de que la revista es toda una retrospectiva histórica hecha gracias al trabajo silencioso, modesto y de gran interés, donde se rememora cómo nuestros ancestros fueron los forjadores del inmueble, construido sobre rocas que sirvieron para levantar las gruesas paredes a iniciativa y motivados por el insigne profesor Quintil Villanueva Ramos.

Fue en los terrenos del paraje Tzalanzin donde se levantó tan interesante plantel, orgullo de los habitantes de Tecómitl, y fue ahí en el que se realizaron las faenas de fines de semana durante cuatro años. Pero, además del trabajo manual y la donación de materiales, la participación de la mujer fue interesante en tanto dio el aliento espiritual a sus esposos y, por supuesto, la fuerza material en forma de alimentos.

La figura del profesor Quintil Villanueva Ramos estuvo siempre presente y, tras de él, sus sobrinos con el también profesor Carlos Villanueva Yescas al frente, así como don Alfredo Yescas Abad. Pero gracias a la compilación realizada por el profesor Agustín Timoteo Villanueva Yescas, actualmente podemos valorar objetivamente ese esfuerzo que realizaron aquellos profesionistas para gestionar, levantar y echar a andar la primera escuela del sureste del Distrito Federal, entre otras obras no menos importantes para beneficio de su pueblo, y que a continuación me permito mencionar: la construcción del kiosco, la introducción del agua potable, la pavimentación de la principales avenidas, la gestión de la Primaria Agustín Legorreta, el Jardín de Niños Amelia Fierro Bandala, la gestión del Centro de Salud Dr. Gastón Melo, entre otras, que se mantienen en la memoria histórica, gracias a que fueron descritas por el profesor Agustín Timoteo Villanueva (qepd).

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Timo, con su sombrero en la mano

Fue Timo (como cariñosamente le llamábamos sus amigos), un hombre sencillo, modesto e inquieto por fomentar la educación y la cultura de Tecómitl, su pueblo natal y su patria chica. Amante de la fotografía, a él se deben las imágenes fotográficas de la revista señalada y sensible de la lectura y, en especial, de Miguel de Cervantes Saavedra con su obra máxima El Quijote de la Mancha, de la cual, por cierto, se dio a la tarea durante años, de coleccionar en distintos idiomas y ediciones, tanto antiguas como recientes, acompañados de figurillas, carteles y souvenir alusivos a tan elocuente personaje.

Timo nació en la Ciudad de México el 28 de agosto de 1925 y falleció el 30 de noviembre del año pasado. Sus progenitores fueron el coronel Timoteo Villanueva Ramos y doña Josefina Yescas Abad. Sus hermanos Carlos, Roberto, Gabriel, Máximo y Gloria Emma.

Habiendo perdido a su padre por los efectos de la Revolución de 1910, ya que fue uno de los primeros habitantes de Tecómitl en sumarse a la revolución del sur en la división de Everardo González, don Agustín quedó bajo la tutela de su tío, el insigne profesor Quintil Villanueva Ramos, guía moral e intelectual de la gran mayoría de quienes, por aquella época, despuntaban como preceptores de futuras generaciones.

Realizó sus estudios de educación media de 1940 a 1943 en la Escuela Secundaria Número 9 Teutli en Tecómitl, siendo parte de esas primeras generaciones construidas con el esfuerzo colectivo, pasaron a beneficiarse de la educación heredadas por nuestros padres y maestros. Su bachillerato en Derecho y Ciencias Sociales lo realizó de 1943 a 1944 en la Escuela Nacional Preparatoria, allá en San Ildefonso, en el viejo barrio estudiantil, donde figuras como don José María Lozano señoreaban la educación media superior mediante las ideas historicistas prevalecientes por aquella época.

En 1945 ingresó a la Escuela Nacional de Jurisprudencia donde concluyó la carrera de Licenciatura en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, profesión que, sin embargo, no ejerció, su vida estaba destinada para otra causa más acorde con la vocación familiar, el magisterio.

Casó por aquellos años con doña Teresa Bazán y de ese matrimonio procrearon cuatro hijos (María Teresa, Arturo, Patricia y Gustavo), todos ellos dedicados de alguna manera a la docencia.

Entre 1964 y 1965, con motivo de la fundación de la secundaria (un cuarto de siglo de labor educativa), el profesor Agustín coordinó la edición de una revista conmemorativa de 81 páginas: Escuela Secundaria diurna Núm. 9 Teutli. Un cuarto de siglo de labor educativa.

Con un entusiasta grupo de profesores y amigos formó un equipo que se encargó de preservar en la memoria de los tiempos aquella titánica tarea de dar forma a las piedras, a los árboles, a la tierra y construir así el esperado plantel para los hijos de los campesinos. Parafraseando al poeta que dice golpe a golpe, verso a verso, fueron formando las aulas de la Secundaria 9, donde, con afanes de cultura, abrevarían los hijos de este pueblo y de otras delegaciones a su alrededor, incluyendo a los pueblos del municipio de Chalco, estado de México.

Entre ese grupo entusiasta, a quienes no hizo falta el oficio para resaltar la obra realizada, cabe mencionar a don Carlos Villanueva Yescas, a Jorge Ríos Mayoral, al pintor Raymundo Cobo Reyes, al mismísimo don Quintil Villanueva Ramos, artífice de lo que culturalmente parecía imposible y, por supuesto, al profesor Alfredo Yescas Abad.

De esta manera se cumplió el objetivo que se trazara desde que se concibió la publicación y que queda manifestado a manera de colofón en la revista: «Se hizo esta publicación con la esperanza de que llene su principal objetivo: dar a conocer el esfuerzo realizado por una colectividad para superarse, y además, por la obligación que se tiene de manifestar lo que se vio, lo que se oyó o vivió, ya que en esta forma se va escribiendo la historia de los pueblos que viene a ser, en suma, la historia de la Patria».

En 1984, la posibilidad de seguir la vocación que caracteriza a la familia Villanueva Yescas, se hizo manifiesta a Timo, cuando fue requerido para impartir sus conocimientos en el magisterio, impartiendo clases en secundarias de ciencias sociales, historia y civismo, materias desde las cuales ha aportado su grano de arena a la formación de las nuevas generaciones de jóvenes mediante el conocimiento de la vida a partir de un contexto histórico cultural, indispensable en la conciencia, tanto colectiva como individual, de la verdadera identidad. Por cuestiones de salud lo alejaron de las aulas, pero culminó su vida profesional, en la trinchera de la educación desde la biblioteca de la secundaria en que laboraba, al lado de esos libros que tanto amó y que tanto contribuyeron a su formación y a la de los suyos.

En su afán heredado por compartir la cultura, desde 1993 fue dotando a la biblioteca de un pequeño pueblo, Chila de las Flores, enclavado en la Mixteca Baja del estado de Puebla, de un buen número de libros para que los alumnos de la escuela secundaria de ese lugar, según la voluntad de don Timo, se acerquen a los clásicos y conozcan de manera directa las enseñanzas de Homero, Virgilio, Shakespeare, Tolstoi y, por supuesto, de su tan leído y admirado Miguel de Cervantes Saavedra, hacedor de la metáfora cotidiana, de la ilusión, de la vida y de lo bello que se sintetiza en su obra magna Don Quijote de la Mancha. Esta altruista labor le valió un homenaje por parte de la comunidad de Chila de las Flores y la generación 1993-1996 de la Secundaria Ignacio Zaragoza llevó el nombre de «Lic. Agustín Villanueva Yescas». Su trabajo es valorado en esta población con su nombre en una de las principales calles.

Desde el año de 1990, la enfermedad comenzó a hacer sus estragos en el cuerpo, que no en la voluntad de nuestro querido Timo. Si bien, sus fuerzas se fueron minando, esa motivación que sólo da la vida a quienes saben vivirla de buena manera, lo llevó a una larga agonía; sin embargo, de las virtudes que permiten preparase para una muerte digna.

Así, una noche, la última del mes de noviembre, parafraseando a Jorge Manrique, rodeado de su esposa, hijos, hermana y nietos, dio el alma al quien se la brindó (el cual la ponga en el cielo en su gloria) «y aunque la vida perdió, nos dejó harto consuelo su memoria».

Sirva este artículo como un homenaje y testimonio para quien supo mejor que nadie atestiguar los haceres y quehaceres de su pueblo, a sabiendas, como él mismo señalaba, que la suma de esos testimonios viene a ser a fin de cuentas, la historia de la vida en su conjunto.

Su cuerpo descansa en el cementerio de la tierra que tanto quiso y amó, San Antonio Tecómitl. ◊

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Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta

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