Los glifos de los siete pueblos de Tláhuac

Junio 11, 2017.- No fueron elaborados por alguien que supiera de escritura pictográfica de códices indígenas

Por Baruc Martínez | Nosotros, número 91, abril de 2006

Primera de dos partes

Ipampa cemihcac quimatizqueh Cuitlahuac tepilhuan, tlein oquinmotlanilihqueh ihuan tlein oquimanilihqueh in incolhuan ihuan teteuctin cahmo zan quen omonemiltihqueh ahmo zan quen omotlacheltihqueh in Ticic

Para que siempre sepan los hijos de Tláhuac, lo que ganaron y lo que entregaron sus abuelos y los señores principales que no en vano vivieron, no en vano permanecieron en Ticic

Desde hace algún tiempo nos hemos interesado en la historia de los siete pueblos que hoy conforman, políticamente, la delegación Tláhuac; en esta búsqueda constante muchos aspectos nos han llamado fuertemente la atención, uno de ellos es el de la representación glífica que se les da a los pueblos antes citados. Hoy día en muchos lugares podemos admirar los glifos de cada pueblo; sobre todo se trata de los lugares públicos o sitios donde se realizan muestras culturales; asimismo en libros y revistas se encuentran estas representaciones gráficas.

Sin embargo, al buscar en diversos códices de tradición indígena, no hemos localizado más que tres glifos de los pueblos de Tláhuac: Tzapotitlan, Cuitlahuac y Mizquic. Estos son los únicos que aparecen representados en los documentos del siglo XVI [1]. En la otra cara de la moneda se encuentran Yecahuitzotl, Iztayopan, Tetelco y Tlaltenco, pues no poseen ningún elemento de escritura indígena que los identifique. ¿Cómo explicar entonces el que en museos y casa de cultura aparezcan los glifos de cada uno de los siete pueblos?

Para responder a esta pregunta es necesario saber en dónde aparecieron por vez primera estos dibujos y cómo se formaron; más allá podemos preguntarnos quiénes fueron los creadores de estas expresiones gráficas y, si en verdad, forman parte de la escritura indígena tradicional o no corresponden a ésta. Los anteriores cuestionamientos los pretendemos resolver de una manera satisfactoria en este pequeño artículo.

Nuestra historia parece remontarse a mediados de los años ochenta, cuando por primera vez aparecen estos siete glifos, de manera estilizada, en la monografía de Tláhuac que realizó el licenciado Carlos Justo Sierra B. Antes de esa publicación no podemos hallar las representaciones gráficas de cada pueblo de Tláhuac.

Los glifos aparecen en un capítulo, del libro citado, que lleva por título «Los siete pueblos»,  el cual se refiere específicamente a rasgos de la historia y tradición de cada uno de ellos. En varias páginas se dibujan los glifos, sólo en blanco y negro, de los siete pueblos, y al pié de la página el nombre en nahuatl que llevan actualmente [2].

Por ningún lado se puede ver de dónde fueron tomados o en qué se basaron quienes los idearon para reproducirlos. En la bibliografía del libro del licenciado Sierra no se encuentra algún trabajo al respecto o algún códice que nos haga pensar que de ahí surgió tal información. Durante un buen tiempo buscamos datos que nos pudieran ayudar a determinar el origen de los glifos, pero en ningún lugar, llámense museos delegacionales, casas de cultura, incluso con las mismas autoridades delegacionales, pudimos hallar un indicio para lograr nuestro objetivo.

Al transcurrir el tiempo y, gracias a una investigación que hicimos para montar una exposición acerca de los siete pueblos, conocimos al ingeniero Esteban Chavarría Salas, nativo de Tzapotitlan. Él mismo nos refirió que hace tiempo, junto con otras personas, habían elaborado los siete glifos, como una actividad de la Junta de Vecinos que en ese entonces presidía. Nos mostró, además de los siete glifos a colores, otros más sobre las nuevas colonias que habían surgido en la delegación Tláhuac; también nos pretendió explicar qué significaba cada uno, la historia de los pueblos y otras cosas por el estilo.

Ya teníamos dos elementos a nuestro favor: el libro de Carlos Justo Sierra y la información de Esteban Chavarría. No obstante, esos elementos nos mostraron dos cosas diferentes y extrañas. ¿Cómo podíamos relacionarlos? Posiblemente no había conexión entre uno y otro. Necesariamente habría que revisar, una vez más, la historia; necesitábamos saber en qué época se gestó el libro de Tláhuac que ya mencionamos y cuál era la influencia de Chavarría Salas.

El libro del licenciado Sierra tiene por fecha el año de 1986; el delegado que se ubica en ese tiempo es el licenciado José Irabién Medina, debido a que su periodo fue de 1985 a 1988. Precisamente, en el segundo año de su gobierno fue elaborada dicha monografía; al respecto, él mismo nos comenta en su informe de actividades lo siguiente: «Siguiendo la huella de rescatar y difundir las hondas raíces de nuestra historia (…) estamos en el quehacer de integrar los materiales que harán posible la publicación de la monografía de Tláhuac, bajo un esquema histórico, político y económico» [3].

En ese mismo informe encontramos la conexión que buscábamos. En la primera página del mismo se menciona a Esteban Chavarría Salas como presidente de la Honorable Junta de Vecinos [4], luego entonces, al ser editado el libro de Carlos Justo Sierra le fueron anexados los «glifos» de los siete pueblos, los cuales fueron proporcionados por Chavarría y la Junta de Vecinos. Es precisamente ese momento cuando se gestan los siete glifos que, hasta nuestros días, han sido usados como símbolos representativos de los siete pueblos de Tláhuac.

Ahora bien, esos glifos han sido muy difundidos, desde su creación hasta la actualidad. La mayor parte de las veces son utilizados sin ser sometidos a una concienzuda crítica o, por lo menos, sin que alguien se pregunte cuál es el origen de los mismos y en qué están razonados. Al principio parecería que fueron tomados de ciertos códices y luego estilizados, porque efectivamente, sí pueden ser apreciados algunos elementos de la escritura indígena tradicional; empero, también muestran bastantes símbolos que no constituyen parte del legado indígena tradicional. Más adelante, cuando nos refiramos específicamente a los glifos, mostraremos cuáles son dichos elementos constitutivos.

Como bien venimos diciendo, hasta el momento (marzo de 2006), no conocemos algún estudio que haya sido elaborado con relación a los glifos y topónimos de los siete pueblos de Tláhuac. La persona más indicada para dar esa explicación sería el cronista de la delegación pero, dado que aquí no hay uno sino varios cronistas, resulta todavía más sorprendente el que no exista ningún estudio al respecto.

José Eduardo López Bosch, cronista delegacional, escribió hace algunos años un pequeño artículo acerca del significado de los siete pueblos. Su trabajo apareció publicado en la Revista Nosotros [5] en una sola página, en donde, además de dar una traducción a los siete topónimos, reprodujo los glifos a los que nos referimos, con excepción del de San Pedro Tláhuac (Cuitlahuac Ticic). Solamente aparecen los seis glifos; sin embargo, el cronista no se refiere a ellos, sólo se limita a aceptarlos y los coloca como ilustración de su trabajo. Líneas abajo nos volveremos a referir a dicho texto.

Por otra parte, es necesario recalcar que los siete glifos mencionados han tenido una repercusión de largo alcance, cuando menos en el territorio político de Tláhuac. Resulta muy común que se muestren en diversos lugares públicos y que aparezcan como el sello de cada pueblo en publicaciones monográficas.

Para no sólo hablar a la ligera, mostraremos algunos ejemplos de lo que ya hemos afirmado: En dos pequeñas monografías [6], las cuales han sido editadas por la delegación Tláhuac, aparecen los glifos en un apartado de tipo turístico acerca de los atractivos de los pueblos originarios, y en ninguna parte se hace mención a su procedencia; no obstante, es posible inferir que éstos provienen del libro de Sierra, pues éste es citado en la bibliografía respectiva. Además, en una de ellas, se menciona a Chavarría Salas con motivo de su participación en la elaboración de los «datos históricos de Tláhuac» [7].

Asimismo, algunas publicaciones derivadas del Programa de Apoyo a Pueblos Originarios del Gobierno del DF, han utilizado las representaciones gráficas referidas; aunque en una de ellas se menciona de manera escueta que se trata de un «glifo imaginario» [8]. Y para terminar con esta lista de ejemplos, en el Museo Regional Comunitario Cuitlahuac y en el Museo Regional Tláhuac se pueden admirar los glifos, lo mismo labrados en tezontle o mediante muestras pictóricas.

La cuestión principal y el motivo por el cual nos animamos a escribir el presente artículo, es que nadie ha criticado esos glifos y, en cambio, sí han sido utilizados por muchos, como si se tratara de una plausible muestra de escritura indígena. Desde nuestra perspectiva, los glifos que se han usado  no corresponden a la realidad histórica, ni están elaborados por alguien que conozca bien la escritura pictográfica de los códices indígenas.

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Tlaltenco

Brevemente haremos una descripción de los glifos que fueron creados. El de Tlaltenco nos muestra el símbolo de la tierra (tlalli) dibujado en la parte superior; hay también algunos círculos que se llaman chalchihuitl (piedra preciosa) y que significan el agua en movimiento; por último, en la parte inferior se encuentra el agua misma.

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Iztayopan

El de San Juan Iztayopan tiene el mismo símbolo de la tierra, pero ahora ubicado en la parte inferior, además presenta un dibujo de un montículo o un cerro pequeño, diferente a alguno de un códice; sobre el montículo fueron dibujadas unas huellas de pies.

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Yecahuizotl

El de Santa Catarina Yecahuitzotl se compone de un cerro, éste sí parecido al de algún códice, y dentro de éste se encuentra un árbol.

Por último tenemos al de Tetelco, que tiene una casa (calli) encima de seis símbolos de piedra (tetl) [9].

Una vez descritos, aunque sea en forma somera, es necesario afirmar que ninguno de ellos, pese a contener ciertos elementos de escritura tradicional, corresponde a los que podríamos denominar glifo y, menos aún, al sentido del nombre de cada pueblo. Después de cuidadoso análisis lo único que podemos concluir es que fueron creados a partir de una idea preconcebida de lo que significa cada pueblo en nahuatl.

Pues bien, ya que es necesario para el estudio de los glifos lo que significa el nombre nahuatl de cada pueblo, en las líneas siguientes lo desglosaremos. No nos referiremos a lo que muchos han dicho al respecto de su significado [10], sólo bastará señalar cada partícula que compone el nombre propio. Baste decir que las más de las veces, aquellos que han intentado traducir los topónimos han errado debido a su desconocimiento de la lengua nahuatl; la mayoría de las personas que han escrito acerca de nuestros pueblos se encuentran en la misma situación.

Empezaremos con Tláhuac, apócope de Cuitlahuac. López Bosch dice que «(…) se le conoce dándole una interpretación literal, como serpiente celeste, y desde la óptica filosófica, sol que brilla en el universo (…)» [11]. Estas ideas que vierte el cronista delegacional parecen ser tomadas de Antonio Gomora Xokonochtletl [12], un mexicanista radical que danzaba en el Zócalo. Desde luego que no corresponden al nombre propio de Cuitlahuac. La idea de serpiente celeste podría traducirse como ilhuicacoatl, y la de sol que brilla en el universo como cemanahuacpetlantonalli, que de ningún modo se encuentran asociadas con el nombre de nuestro pueblo.

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Glifos de los pueblos de Tláhuac del historiador Baruc Martínez

Ya con anterioridad hemos tratado esta situación en la Revista Nosotros, y concluimos que el nombre completo del antiguo pueblo de Tláhuac fue Cuitlahuac Ticic, y que esto significaba: «lugar de excrecencias acuáticas (geográfico), en donde están los hombres del conocimiento supremo antiguo (cósmico)» [13]. Cuando expliquemos el glifo correspondiente veremos esto con mayor detalle.

Por su parte, Tzapotitlan se deriva de tzapotl, zapote y de titlan, junto a; así vendría a significar «junto a los zapotes». Desde luego no podemos aceptar que se derive, como señala don Cecilio Robelo, de la raíz cuauhtzapotl que dice él que significa «árbol de zapote» [14]. En realidad, en lengua nahuatl la raíz que antecede a una palabra funge como «adjetivo calificativo», y la siguiente como sustantivo, por ello cuauhtzapotl vendría a significar, más que árbol de zapote, «zapote de madera», palabra que no tendría ningún sentido, a menos que se tratase de una variedad de este fruto. Árbol de zapote sería tzapocuahuitl; de hecho, un paraje dentro de Tzapotitlan se llama Tzapocuauhtitlan, «junto a los árboles de zapote».

Tlaltenco se conforma a partir de tres raíces, a saber: co, en; tentli, labio u orilla y tlalli, tierra. Juntos estos tres componentes nos da como resultado: «En la orilla de la tierra», cualidad geográfica que describía su condición al estar ubicado en las faldas del cerro Tetlaman y a la orilla del lago de Xochimilco. No obstante, Tlaltenco poseyó otro nombre en la antigüedad: Tetlalpan. Éste se encuentra registrado en los Títulos primordiales de la antigua ciudad de Cuitlahuac Ticic, fechados en el año de 1561. Ahí se le coloca como uno de los pueblos-sujetos pertenecientes al pueblo-cabecera de Cuitlahuac Ticic; se le menciona como Xan Palanxixco Tetlalpan [15], que claramente se entiende como San Francisco Tetlalpan. Tetlalpan se forma de la siguiente manera: pan, sobre; tlalli, tierra y tetl, piedra; así obtenemos: «sobre la tierra pedregosa», nombre que también describe su situación al estar localizados a las faldas de un cerro.

Al parecer, en un principio era considerado como un barrio, pero intuimos, que su crecimiento le mereció el título de pueblos más delante [16]. En algunos mapas aparece registrado sólo como San Francisco o San Francisco Tetlalpa. Junto a él se encontraba otro pueblo, una posible división del mismo, denominado Santa Cruz Tetzintitlan (al pie de las piedras) [17], llamado así por una cruz que colocó el alcalde de Chalco [18].

El actual pueblo de Santa Catarina Yecahuitzotl poseyó varios nombres en la época colonial. En los mismos «Títulos de tierras de los indios de Cuitlahuac Ticic» se le menciona como Xante Catalinantzin Cuauhtli Itlacuayan, es decir: Santa Catalina Cuauhtli Itlacuayan. No obstante esto, en el mismo documento de Origen de Cuitlahuac…, se observan los títulos de tierras de Santa Catalina Tlamacaztonco (en donde están los pequeños ofrendadores). También hay algunos que [19], apoyados en don Antonio Peñafiel, refieren que este lugar se llamó Acatzinco (en el pequeño carrizal); empero, nuestras investigaciones no arrojaron este nombre, en ningún documento aparece éste, por lo tanto no lo tomaremos en cuenta.

El nombre que se refiere con mayor frecuencia, desde el siglo XVI hasta el XIX, para Santa Catarina es Cuauhtli Itlacuayan [20]. Éste se encuentra compuesto por dos palabras; la primera es cuauhtli, que significa águila. Por su parte, la segunda palabra se divide en tres raíces: yan, lugar donde se realiza una acción; tlacua, comer algo (él come algo); por último, la i expresa posesión de una tercera persona singular. Así, todas juntas sería: «el lugar de comer del águila» y, en una traducción más libre, «el comedero del águila».

Ahora bien, el topónimo anterior parece ser que lo perdió a principios del siglo veinte, y el que lleva actualmente lo tomó del nombre que se le daba a la Sierra de Santa Catarina. Efectivamente, a estas elevaciones se les conoció como Sierra de Yecahuitzotl. Al estar situado el poblado de Santa Catarina al pie de dicha sierra se le identificó con ese nombre. El vocablo proviene de dos raíces: yectli, hermoso, recto, bello, y ahuitzotl, animal mítico asociado al agua. Probablemente se le denominó así a la Sierra porque la forma que tiene parece un animal gigantesco y, como estaba situado en la ribera del lago Xochimilco, seguramente se le identificó con ese animal mítico, servidor de Tlaloc. En la actualidad la palabra ahuitzotl también es usada para identificar al castor, por ello alguna vez tradujimos Yecahuitzotl como «hermoso castor».

Iztayopan se compone de tres elementos: pan, sobre; yo, elemento abundancial e iztatl, sal. Una vez unidos significan: «sobre la abundancia de sal». Nos están hablando de un lugar alto, tal como lo es, pues se encuentra en las faldas del Teuctli; pero donde se encuentra gran cantidad de sal, es un terreno salino. Esto es del todo cierto, ya que hasta la actualidad se tiene ubicado un sitio llamado Tierra blanca, describiendo de uno u otra forma la calidad salina del poblado [21]. Desde luego no podemos aceptar la pretendida interpretación que realiza Jorge Flores, al traducir Iztayopan como: «en el corazón de la tierra blanca» [22], título por demás erróneo.

Tetelco se deriva de co, en y tetelli, «montón de piedras». Sin embargo, éste no fue el mismo nombre que mantuvo, ya sea desde la época prehispánica o colonial. De acuerdo con don Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, historiador chalcatl, San Nicolás Tetelco se llamó originalmente Cuitlatetelco. Así, nos dice: «(…) cuitlatetelco yn axcan ytocayocan S(an) Nicolas… (Cuitlatetelco el que ahora se llama San Nicolás)» [23]. El profesor Víctor M. Castillo Farreras menciona en la siguiente página, en una nota al pie, que se trata, precisamente, del actual pueblo de San Nicolás Tetelco [24].

Cuitlatetelco vendría a significar, de acuerdo con sus raíces (cuitlatl, tetelli y co), «en el montón de piedras con excrecencias acuáticas». No obstante, en los primeros años de la Colonia perdió la primera raíz, tal vez por dificultarse su pronunciación.

Por su parte, Refugio Palacios, investigador nativo de Tetelco, sostiene que Tetelco fue Tetelzingo o, mejor dicho, Teteltzinco; además, afirma que fue reconocido, primeramente, como un barrio de Mizquic25 [25]. Esta última aseveración se puede comprobar con el nombre mismo del pueblo, pues la partícula tzinco denota un lugar pequeño; a la letra diría: «el pequeño Tetelco» y, siendo más literales, «en el pequeño montículo de piedras». Asimismo, hay que tomar en cuenta un mapa que se elaboró en 1534 y en el que se asienta que el nombre es Teteltzinco [26]. ◊

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Pies de página:

[1] Sobre este tópico puede consultarse el Códice Mendoza, un inestimable manuscrito azteca. Kart Ross (comentarios). Ediciones del Serbal. Barcelona, 1985. 121 p.; pp. 22 y 24. Asimismo, Códice Xolotl. Charles E. Dibble (edición, estudio y apéndice), Miguel León Portilla (prefacio). 2ª. Edición, 2 t. Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1980, t. 1, pp. 85; 89-90, 111. Como último punto es bueno consultar el estudio de Robert H. Barlow, «El Códice Azcatítlan», en Journal de la Société des Américanistes. Tomo XXXVIII. Paris, 1949. 101-135 p.; p. 119-120.

[2] Carlos Justo Sierra. Tláhuac. Ramón Aguirre Velázquez (presentación), José Irabién Medina (proemio). Departamento del Distrito Federal, Delegación Tláhuac. México, 1986, 222 p., pp. 157-170.

[3] José Irabién Medina, Informe anual de actividades, México, Edición mecanográfica, 21 de enero de 1986, 46 p., pp. 17-18.

[4] Ibid., p. 1.

[5] José Eduardo López Bosch, «La toponimia de los siete pueblos prehispánicos de Tláhuac», en Nosotros, Revista de reflexión y difusión, México, Número 26, abril del 2000, p. 24.

[6] Tláhuac, monografía. Gloria Brasdefer Hernández (presentación). Gobierno de la Ciudad de México. México, 1996, 62 p., pp. 33-38. Guadalupe Farfán Olvera (recopilación de información), Tláhuac pequeña provincia en el Distrito Federal. Delegación Tláhuac, Dirección de Comunicación Social. México, s. f., 89 p., pp. 31-56.

[7] Tláhuac, monografía…, p. 11.

[8] Jorge Flores Ríos, San Juan Ixtayopan, en el corazón de la tierra blanca. Gobierno del Distrito Federal, Dirección General de Desarrollo y Equidad Social, Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, 2003, 139 p., p58. José Norberto Mendoza Vital, Rescate histórico del pueblo de Santa Catarina Yecahuizotl, En la tercera parte del camino del Sur. Gobierno del Distrito Federal, Dirección General de Desarrollo y Equidad Social, Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, 2004, 172 p., p. 58.

[9] Véase Carlos Justo Sierra, op. cit., pp. 157-170.

[10] Véase Cecilio A. Robelo,  Nombres geográficos mexicanos del Distrito Federal, México, Departamento del Distrito Federal/Tesorería, 1977, 123 p.,  pp. 80, 93-94, 102, 104, 108, 123.

[11] José Eduardo López Bosch, op. cit., p.24. El subrayado es del autor.

[12] Antonio Gomora Xokonochtletl, Juicio a España, testigos Aztecas, tehuatzin ti mexikatl, ¿eres mejicano? México, Tlamatini, 1988, 158 p., p. 20.

[13] Baruc Martínez Kuauhtonal, «¿Qué significa Tláhuac?», en Nosotros, Revista de reflexión y difusión, Número 81, junio del 2005, México. 25-30 p., p. 29.

[14] Cecilio A. Robelo, op. cit., p. 123.

[15] «Títulos de los indios de Cuitlahuac», en Origen de Cuitlahuac y otros documentos, México, Biblioteca Nacional de México, Fondo Reservado, manuscrito 1735, 9r-12r f., f. 9v.

[16] Así se le menciona en un mapa antiguo: Santiago Zapotitlán, Chalco, estado de México, Archivo General de la Nación, Centro de Información Gráfica, Catálogo de ilustraciones, número 1222.

[17] San Pedro Tlahuac, San Francisco Tetlalpa, Santa Catarina Cuauhtli Itlacuayan, Chalco, estado de México, Archivo General de la Nación, Centro de información Gráfica, Catálogo de ilustraciones, número 1155.

[18] Santiago Zapotitlán, San Francisco, Santa Catarina, Chalco, estado de México, Archivo General de la Nación, Centro de Información Gráfica, Catálogo de ilustraciones, número 1154.

[19] José Norberto Mendoza Vital, op. cit., p. 58.

[20] Origen de Cuitlahuac y otros documentos, México, Biblioteca Nacional de México, Fondo Reservado, manuscrito 1735, lámina 2.

[21] Caminos de Tulyehualco, Mapoteca Nacional Manuel Orozco y Berra, Colección Orozco y Berra, varilla 9, número 2567.

[22] Jorge Flores Ríos, op. cit., p. 58.

[23] Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, Memorial breve acerca de la fundación de la ciudad de Culhuacan, Víctor Castillo (intr., tr. y notas), México, Universidad Nacional Autónoma de México, LXVIII+157 p., p. 62. Traducción nuestra.

[24] Ibid., p. 63.

[25] Refugio Palacios Ruiz, Historia de San Nicolás Tetelco, México, 2000, Edición del autor, 71 p., p. 1. Agrega que el nombre completo fue Tetelzingo de los Ahuehuetes.

[26] San Andrés Mixquic y San Nicolás Tetelzinco, Archivo General de la Nación, Centro de Información Gráfica, Catálogo de ilustraciones, número 1186.

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