El devenir territorial de la Tacuba colonial

El libro ahonda en los problemas derivados por la pertenencia de la tierra fértil de esa región

La Villa de Tacuba fue el granero de la Ciudad de México. Sus características geográficas, la irrigación de sus aguas y el tipo de tierra le confirieron a esta área, que formó parte de la región tepaneca en la época prehispánica, una importancia económica destacable, resaltó la etnohistoriadora Emma Pérez Rocha.

La tenencia de los terrenos y las diversas maneras en que fueron aprovechados son los principales temas abordados en su libro La tierra y el hombre en la Villa de Tacuba durante la época colonial, que publicó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) —en 1982—, y que ahora cuenta con una segunda edición que fue presentada hoy.

La autora destacó que para esta reedición se incluyó información sobre la dinámica de la comunidad indígena, resultado del estudio de sus mayordomías y cofradías, además de consignar los cambios físicos que sufrió la iglesia de San Gabriel Arcángel, así como develar datos sobre algunos trabajos arqueológicos que se han hecho en la zona.

Oriunda de la zona de Tacuba, Emma Pérez Rocha explicó que durante sus estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, el historiador Carlos Martínez Marín, uno de sus maestros, la exhortó a estudiar este territorio, puesto que en esa época, como ahora, hay poco conocimiento del área tepaneca, concretamente en Tacuba y las influencias que tuvo en la región.

Mencionó que a la llegada de los españoles, el territorio tepaneca abarcaba lugares distantes de la Cuenca del Valle de México, como Tlalnepantla, Huxquilucan, incluso hasta el Valle de Toluca; para los siglos XVIII al XIX, esa área se fue comprimiendo hasta quedar en lo que fue la Villa de Tacuba, y en el siglo XX, en la colonia que actualmente conocemos.

«En esta edición definimos el territorio que abarcaba la región tepaneca en la época prehispánica y la de la Villa de Tacuba en la Colonia, lo que pudimos hacer gracias a los datos localizados en documentos como el Memorial de Tlacopan, los códices Osuna y el Mendocino, así como la Matrícula de Tributos, que si bien son fuentes para el estudio de los gravámenes, también nos develaron la estructura de lo que fue este lugar», indicó.

Al indagar en el Archivo General de la Nación y en el Parroquial de Tacuba, se encontró una gran cantidad de acervo documental sobre el manejo, división y tenencia de la tierra, ya que, debido a lo fecundo de los terrenos, rodeados por la serranía de los Montes Bajo y Alto, y a un sistema hidráulico de gran magnitud, estos territorios fueron motivo de disputas entre indígenas y españoles.

Esta situación trajo consigo numerosos conflictos territoriales, debido a dos visiones sobre su uso y aprovechamiento: la privada (españoles e Iglesia) y la comunitaria (indígena), además se fundaron un sinnúmero de ranchos y haciendas que envolvieron, en varios casos, a los pueblos y barrios de la Villa de Tacuba.

«Las primeras mercedes de tierras que se otorgaron fueron para cultivo de trigo y cría de ganado menor. Sobre cómo llevaban agua a estos lugares no tenemos mucho conocimiento, sin embargo, en documentos históricos sobre las peticiones de agua, se consigna que cada hacienda o ranchería tenía que contribuir para la edificación de los acueductos. De ahí la trascendencia de esta región, cuya importancia económica fue destacada», expuso.

Otro apartado importante que se añade en esta segunda edición es el dedicado al desarrollo de determinadas instituciones coloniales civiles y religiosas, como las cofradías y mayordomías.

Acerca de las mayordomías, Pérez Rocha resaltó que cada una estaba relacionada con los 14 barrios de esa zona donde atendían cuestiones sociales, como la posesión y comercio de la tierra. Posteriormente, surgen las cofradías, agrupaciones de carácter religioso, siendo la del Santísimo la primera de ellas, fundada en 1596 en Tacuba, la cual estaba integrada, en su mayoría, por indígenas rurales.

Este volumen también cuenta con un texto relativo a los cambios físicos que ha experimentado la iglesia de San Gabriel Arcángel de Tacuba, desde la época colonial a la actualidad, el cual fue escrito por la autora del volumen y por la doctora en historia y etnohistoria María Teresa E. Serrano Espinosa.

A raíz de las obras de la Línea 1 del Sistema de Transporte Colectivo Metro, en 1971, dijo, se le quitaron algunos adosamientos a la iglesia, que no eran parte de la construcción histórica. Al ser retirados se descubrieron algunas columnas que indicaba que el templo tuvo una planta o base de tipo basilical (de tipo romano, con una nave principal cuadrada y otras laterales más bajas con filas de columnas), y no de cruz latina como es actualmente.

«Este cambio obedeció a una petición que hicieron los frailes franciscanos, que era la orden que regía esta iglesia, ya que decían que los feligreses (en su mayoría indígenas) no podían ver el altar por las columnas que lo tapaban. Se quitó la techumbre, que al parecer era de madera y se cambió a la actual», explicó.

También se agregó un texto sobre los trabajos arqueológicos que se han hecho. De acuerdo con la investigadora, hay un completo desconocimiento de lo que fue la Tacuba prehispánica, y aunque si bien hay algunas referencias en las fuentes históricas, lo poco que se sabe es gracias al trabajo de Manuel Gamio.

«Posteriormente, los arqueólogos Rubén Manzanilla, Fernando Miranda y Carlos Teja realizaron trabajos frente a la iglesia (donde ahora se ubican los puentes de Tacuba), gracias a los cuales se pudo conocer la existencia de estructuras como ‘El Cerrito’, un basamento arqueológico construido en una elevación donde después se edificó una casa de tipo neoclásica, conocida como ‘El Castillo’», indicó.

La tierra y el hombre en la Villa de Tacuba durante la época colonial fue presentado en el Auditorio Fray Bernardino de Sahagún, del Museo Nacional de Antropología, con la participación de Cuauhtémoc Velasco, Andrés Medina, Rodrigo Martínez Baracs y la autora. ♦

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