El altar de la iglesia de San Bernardino y el Iztaccíhuatl

La gran importancia del Iztaccíhuatl en el pensamiento indígena se refleja en altares de otras iglesias dirigidas hacia el «pecho» del volcán

Por Juan Rafael Zimbrón Romero | Nosotros, número 71, julio 2004

Al entrar por la avenida principal que nos conduce al centro de Xochimilco, no podemos dejar de apreciar que al fondo dominando el paisaje se encuentra el gran volcán Iztaccíhuatl, que en tiempos prehispánicos fue la representación en el territorio de la diosa Cihuacoatl, «patrona de Xochimilco» (Durán, 1984, Cap. XIII, I:125) Su templo se llamaba Tlillancalco, ocupaba el mismo terreno donde fue construida la Iglesia de San Bernardino (Cordero, 2001: 92), edificio cristiano que heredó la orientación del templo xochimilca.

Recordemos que en el urbanismo indígena era costumbre dirigir sus construcciones hacia prominentes cerros que eran la representación corpórea de sus dioses o morada de ellos, y que se creía que en estas prominencias en su interior se almacenaba agua y alimentos (Sahagún, 1989); pero también, alineaban sus pirámides hacia determinados eventos astronómicos, que se efectuaban atrás de las altas cimas, y que marcaban días importantes dentro de sus calendarios civil, agrícola y ritual.

Así, para auxiliarse en la medición del tiempo, los sabios y arquitectos prehispánicos, fijaban fechas importantes con la orientación de sus principales templos, hacia puntos de orto y ocaso solares, o sitios de aparición o desaparición de algunas estrellas o planetas y posiciones de la Luna. Esta forma de coordinar el tiempo con el espacio (Broda, 1986: 76), dio como resultado que sus urbes tuvieran una planeación física calendárica y que sus principales templos, calles y avenidas, registraran determinados días calendáricos, es decir, la traza de sus ciudades, basadas en la desviación de sus edificios, permitían anclar fechas en el territorio, por lo que cada poblado representaba una o varias fechas.

A nivel marco esta característica planeación urbana calendárica producía alineamientos entre los asentamientos humanos; en otras palabras, esto significa que si nos ubicamos en un sitio localizado en la Cuenca que contara con antecedentes prehispánicos, en algunos casos, visualmente se establecía una línea que unía a otros lugares y ceros destacados en determinados días. Por ejemplo, si nos instalamos en la pirámide de Cuicuilco y esperamos la salida del Sol, en el solsticio de invierno, observamos que se establece una línea visual, hacia este evento solar, que une este sitio del Preclásico con la iglesia de San Bernardino, la zona arqueológica de Acalpixcan, el volcán Teutli y el Popocatépetl (Broda, 1991: 91).

A la llegada de los europeos y después de la derrota de Mesoamérica, dioses y templos que representaban al viejo poder, fueron destruidos y sustituidos por los del nuevo control colonial; así, donde se encontraban los principales edificios mexica, sobre sus ruinas, ocupando su propio material, sus cimientos y el mismo terreno, se erigieron las iglesias y las nuevas construcciones de conquista, heredando con esto la antigua orientación calendárica.

La iglesia patronal de Xochimilco no fue la excepción, ocupando las ruinas del Tlillan, se construyó sobre este templo un nuevo edificio en el siglo XVI, que se dedicó primero a otros santos y al final quedó San Bernardino. Así, su altar cristiano quedó orientado hacia el pecho de Iztaccíhuatl, considerado como la ara indígena más alta de Mesoamérica. Ya que en el busto de la «Mujer Blanca», en 1983 un grupo de montañistas descubrió artefactos de cerámica, instrumentos musicales de madera, rayos de Tláloc, fragmentos de obsidiana y puntas de maguey para sangrado ritual. En un nuevo ascenso, en 1998 los arqueólogos de alta montaña Montero e Iwaniszewski, encontraron restos de una escultura femenina de una diosa, determinando con esto que este sitio, en el Postclásico, fue ocupado como altar, donde se hacían las peticiones de lluvias.

Por otra parte, sabemos que tanto el Popocatépetl como el Iztaccíhuatl formaban parte del axis mundi de la cosmovisión mexica, el centro mítico y ritual en torno al cual giraban y ordenaban jerárquicamente los demás montes, dominaban el paisaje de la Cuenca. Muchas de estas elevaciones montañosas eran consideradas deidades y tenían su celebración en el treceavo mes del año azteca llamado Tepelhuitl, que quiere decir «fiesta de los cerros». En dicha fiesta, además de celebrarse a Tláloc y a Chalchiutlicue, se festeja especialmente a estos dos grandes volcanes.

«En aquellas piecesitas y oratorios hacían esta ceremonia de hacer cada uno la figura de todos los principales cerros de la tierra, poniendo en medio de todos el volcán y la Sierra Nevada y a Cihuacóatl» (Durán, 1984, tomo 1: 279 y 165).

Así, a través del fraile dominico podemos establecer una relación muy importante entre la diosa Cihuacóatl, las montañas y los volcanes.

En la época moderna, en 1991 el geógrafo alemán Frank Tichy midió la orientación de la parroquia de San Bernardino, y encontró que su eje se dirigía a 11 grados hacia el sur. Luego el arqueoastrónomo esloveno Sprajc, calculó las fechas de la salida del Sol, atrás de la iglesia, y determinó que el día 24 de febrero era el primer alineamiento con el astro y el segundo se efectuaba el 17 de octubre.

Para el ocaso, las puertas de la parroquia se encontraban exactamente enfrente del Sol descendente, los días 20 de abril y 23 de agosto.

Posteriormente, observamos que el 24 de febrero y el 17 de octubre, el Sol matutino en estos días salía exactamente en el pecho del Iztaccíhuatl, fenómeno visual que simula que la mujer dormida da a luz un ser astral. Su significado calendárico podría ser la terminación e inicio del año xochimilca, si fuera válido considerar la fecha 1 de marzo como su comienzo, el día 24 sería el primer nemontemi (que son los días baldíos o adicionales que se colocaban entre la terminación del año y su comienzo), y su salida el 28 de este mismo mes, en la cabeza del Iztaccíhuatl, el último nemontemi y su puesta del astro en el Xochitepec, visto desde la parroquia, el inicio del año en Xochimilco.

Interpretación que el pintor xochimilca Raúl González comparte con nosotros como válida; sin embargo, este calendario fue informado a Durán antes de la reforma gregoriana (10 días de ajuste), por lo que la fecha verdadera de arranque del año tendría que ser el 11 de marzo, por lo que la propuesta del día primero nos e puede considerar del todo válida.

También contamos con un dato muy sugerente. Sabemos que en el mundo prehispánico el calendario fue eminentemente solar, y que los indígenas conocieron y ocuparon los aparentes movimientos del astro: los equinoccios, los solsticios y los tránsitos cenitales. Estos últimos, se refieren a que el Sol, en uno o dos días anuales, viaja por arriba de nuestras cabezas, no produciendo ninguna sombra, fenómeno que para la latitud de Xochimilco se efectúa el primer tránsito cenital del año, el 16 de mayo, un día después de la fiesta de San Isidro Labrador, que es el día 15 de este mismo mes, y cuatro días antes de que se celebre la fiesta patronal de San Bernardino de Siena que es el 20 de mayo.

Aquí nos podemos preguntar: ¿Los xochimilcas ocultaron su calendario solar debajo de las fechas de celebración de los santos cristianos?

Por falta de espacio no podemos responder a esta pregunta, pero sí decir que la gran importancia del Iztaccíhuatl en el pensamiento indígena, se ve reflejado al comprobar que otras iglesias patronales fueron también dirigidas hacia este volcán, como la de San Pedro Tláhuac, la de San Antonio Tecómitl, la de Santiago Tulyehualco y la del Barrio de San Pedro, Xochimilco. Estas dos últimas se dirigen hacia los pies de la Mujer Blanca, mientras que el templo de la Asunción en Milpa Alta, también se orienta el ara hacia «su pecho», con la salida del Sol en este sitio dos días antes y después de los equinoccios (18 de marzo y 25 de septiembre).

Sabemos que la iglesia de Milpa Alta es contemporánea a la de San Bernardino, ya que ambas se construyeron en el siglo XVI. La primera fue estancia de la segunda, y fue dedicada a la virgen de la Asunción, por estar dirigido su altar hacia el busto de la «volcana», que en el mundo indígena representó a la diosa xochimilca de la tierra.

Otro dato importante es aquel que observando desde la iglesia de la Asunción, en pleno equinoccio, la salida del Sol en ese día, se realiza en la cabeza del Iztaccíhuatl ese mismo fenómeno visual. Se ve desde la iglesia de San Salvador Cuauhtenco, San Jerónimo Miacatlán, y una zona de pocitas talladas en San Juan Tepenahuac, estableciéndose un alineamiento solar entre estos sitios en esa relevante fecha.

También, visto el horizonte oriental desde el templo de la Asunción, el 20 de mayo, día de la fiesta patronal de San Bernardino, el Sol sale en el Cerro Papayo, loma redonda que sobresale del paisaje y que fue ocupada como marcador calendárico en la época prehispánica.

Podemos concluir que los xochimilcas lograron salvar parte de su cosmovisión al ocultar, detrás de la parafernalia cristiana y edificios religiosos coloniales, sus cultos, rituales y sus conocimientos calendáricos y astronómicos. ♦

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Bibliografía:

BRODA, Johanna. «Arqueo astronomía y desarrollo de las ciencias en el México prehispánico», en Marco Arturo Moreno Corral (compilador), Historia de la Astronomía en México. La ciencia desde México. SEP, FCE, Conacyt. México, 1986. pp. 65-102.

«The Sacred Landscape of Aztec Calendar Festivals: Myth, Nature, and Society», en David Carrasco (ed.), To change place: Aztec, ceremonial landscapes. Niwot, University Press of Colorado, pp. 74-120. 1991.

CORDERO LÓPEZ, Rodolfo. Xochimilco, tradiciones y costumbres. Serie «Fiestas Populares en México». Dirección General de Culturas Populares e Indígenas. Conaculta. México.

DURÁN, Fray Diego. Historia de las Indias de la Nueva España e islas de la tierra firme. Ángel Ma. Garibay K. (Ed.). Editorial Porrúa. Segunda edición en dos volúmenes. México.

SAHAGÚN, Fray Bernardino de. Historia general de las cosas de la Nueva España. Introducción, paleografía, glosario y notas de Josefina García Quintana y Alfredo López Austin (Eds.) Segunda edición. Conaculta, Alianza Editorial Mexicana. 2 tomos. México, 1989.

TICHY, Franz. De geordnete welt indianischer völker. Ein bespiel von raumordnung im vorkolumbiachen Mexiko. Das Mexiko-Projekt der deutschen forschungsgemeinschaft, band 21, Stuttgart, Franz Steiner Verlag, Wiesbaden. Zimbrón Romero, Juan Rafael. 1991.

* «Observaciones calendáricas de las salidas del Sol detrás del Iztaccíhuatl y el Popocatépetl durante el solsticio de invierno». En Beatriz Barba de Piña Chan (coordinadora). Iconografía mexicana III. Las representaciones de los astros. Colección Científica Núm. 442. Serie Arqueológica. INAH, Plaza y Valdés. México, pp. 93-114.

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