Reflexiones acerca del significado de Malacachtepec Momoxco

En los documentos coloniales Milpa Alta fue La Milpa

Por: Baruc Martínez Díaz

De acuerdo con la tradición oral actual de los milpaltenses, su pueblo, en idioma náhuatl, se llama Malacachtepec Momoxco; sin embargo, no existe, hasta la fecha, un consenso general acerca del significado de tal topónimo, ni mucho menos una sola variante del mismo, ya que en la documentación aparecen distintas grafías y, de hecho, variadas formas para designarlo [1]. Por ello, en las líneas siguientes intentaré, aunque brevemente, realizar algunos comentarios que permitan un mayor esclarecimiento de esta cuestión.

En primer lugar, hay que señalar que en los documentos coloniales a Milpa Alta siempre se le conoció con el nombre de La Milpa [2],  por lo cual habrá que advertir que la denominación actual es posterior o, por lo menos, se utilizó a la par de aquélla, pero en un contexto más local. La variante más antigua del topónimo náhuatl actual, hasta donde tengo noticias, es la que se encuentra en los títulos primordiales de Milpa Alta. En ellos aparece Malacatepetitla Momosco [3] pero, al parecer, no para referirse a todo el pueblo, sino sólo a aquel paraje en donde se construyó la parroquia de la virgen de La Asunción [4].   Después de esta antigua noticia, no aparecen más referencias sino hasta los primeros años del siglo XX, es decir, casi 150 años después pues, como se sabe, los títulos primordiales de los pueblos nahuas fueron elaborados a mediados del siglo XVII [5]. A mediados del siglo XIX, por ejemplo, el nahuatlahto de Tláhuac, Faustino Chimalpopoca Galicia, al traducir algunos apuntes dirigidos a los habitantes de Milpa Alta, se refirió a ellos, en náhuatl, como «milpaneca» y a su pueblo lo nombró como Milpalta, pero, en ningún momento, aludió al término Malacachtepec, como uno podría pensar [6]. Isabel Ramírez Castañeda, en su texto aparecido en 1912, de manera sorprendente no menciona el nombre de Malacachtepec sino sólo Milpa Alta, a pesar de ser nativa del pueblo y de que, con toda seguridad, conocía tal denominación porque por aquellos años era frecuente, según se verá enseguida [7].  Una paisana suya, doña Luz Jiménez, mencionó en náhuatl: Ompa nochan, Momochco Malacateticpac (allá en mi hogar, Momochco Malacateticpac) [8]. Así pues, aunque con variantes notorias, es claro que los milpaltenses se referían a su pueblo de manera distinta en náhuatl y en español.

Posteriormente, en la década de 1950, cuando William Madsen, antropólogo norteamericano, realizaba una investigación acerca de San Francisco Tecoxpa, se utilizaba Malacachtepec Momoxco como nombre nahua de Milpa Alta, pues de esta forma lo registró el autor [9].  Luego, al no entender la segunda denominación, creo que Rudolf van Zantwijk, antropólogo holandés, cambió el nombre por Malacachtepec Momozco en la década de  1960 [10],  título que, por cierto, es el más difundido y aceptado hasta nuestros días, inclusive por los maestros nahuahablantes de Santa Ana Tlacotenco. Sin embargo, de acuerdo con hablantes nahuas de Milpa Alta, desde los campesinos hasta los más connotados maestros del idioma, el topónimo milpaltense es Malacachtepec Momoxco, pues así se refieren ellos a su pueblo en su cotidianidad y así lo continuaron usando tanto Fidencio Villanueva [11] como José Concepción Flores Arce, dos distinguidos nahuatlahtohqueh o hablantes nahuas.

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Momoxco puede traducirse como lugar con musgo o moho

Así pues, me parece que por conocimiento y por tradición el topónimo nahua de Milpa Alta debe ser Malacachtepec Momoxco, el cual, a continuación, intentaré traducir; empero, reconozco como válidas las demás variantes a excepción de la propuesta por van Zantwijk, ya que esta última se basa, ante todo, en un desconocimiento del idioma náhuatl. Malacachtepec proviene de tres raíces. La primera de ellas es malacachtli, sustantivo que aunque no aparece en los principales diccionarios nahuas, puede ser traducido como vuelta o alrededor, de ahí que el verbo malacachoa, que sí aparece en el Vocabulario de Alonso de Molina, por ejemplo, se traduzca, en su forma transitiva, como «volver algo al derredor» y, en su variante reflexiva, como «volverse al derredor estando en pie, o dar vueltas alrededor» [12]. Luego tepetl significa cerro y la c final es un locativo que puede traducirse como «lugar» o «en». Así a la letra diría: «Lugar en donde los cerros están alrededor o donde se dan vueltas», o «en el derredor de los cerros».

La segunda palabra, Momoxco, puede traducirse como «lugar con musgo o moho». El término momoxtli no aparece en los diccionarios, no obstante, es posible inferir que se trata de una variante local. La palabra amoxtli, se sabe, significa «musgo», pero trae consigo dos raíces: moxtli y atl (agua), por ello, es factible interpretar a la primera como «musgo» solamente, y así juntas dirían: «musgo acuático», ya que debido al elemento líquido, es decir, a la humedad, aparece ese tipo de vegetación. En esta tesitura, si aceptamos que moxtli quiere decir musgo, la duplicación de la misma, cosa frecuente en náhuatl, denota una abundancia del elemento o la profusión del mismo. Luego, Momoxco [13] puede traducirse como «lugar en donde hay mucho musgo», traducción mía que, por cierto, está acorde con la que dio Flores Arce, conocedor veraz de la lengua náhuatl en su variante milpaltense [14].

Entonces, Malacachtepec Momoxco puede traducirse como «Lugar donde los cerros están alrededor, en donde hay mucho musgo». Cuestión que, hay que decirlo, describe cabalmente a Milpa Alta porque ésta se encuentra entre el Teuctli y el Cuauhtzin y otras elevaciones más, en las cuales sigue creciendo musgo debido a la humedad serrana.

Finalmente, y aunque ya dije que la denominación anterior es la que considero como la más correcta, quiero señalar mis traducciones para las otras variantes, si bien escuetamente.  Me parece que el Momochco de Luz Jiménez o fue una variante particular de Momoxco o una mala transcripción de Fernando Horcasitas, algo muy raro desde luego, debido al buen conocimiento que del náhuatl tenía este antropólogo; razón por lo cual no me detendré más al respecto. Así pues, me basta decir que las únicas diferencias notables son Malacateticpac y, la más antigua, Malacatepetitla. La primera puede significar: «sobre la piedra de malacate» [15], quizás haciendo alusión a que los cerros circundantes tienen la misma forma de ese utensilio textil, y la segunda, «junto al cerro del malacate», en igual referencia a la forma redonda de ambos elementos. ♦

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1 Miguel Ángel Farfán ha compilado cinco diferentes variantes del nombre nahua de Milpa Alta. Véase Miguel Ángel Farfán Caudillo, Milpa Alta. Tradición, cultura y lengua náhuatl. Autores y obras, Manuel Garcés Jiménez (pról.), Amigos de Mixquic AC, Consejo de la Crónica de Milpa Alta. México, 2016, 142 p., p. 11.
2 Véase Juan Manuel Pérez Zevallos, «Historia antigua y colonial de Milpa Alta», en Mario Barbosa Cruz y María Eugenia Terrones López (coord.), Tohuehuetlalnantzin. Antigua es nuestra querida tierra. Historia e imágenes de Milpa Alta de la época prehispánica a la revolución. México, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa, Delegación Milpa Alta, 2012, 43-11 p., p. 67. A pesar de tener la documentación colonial a la vista, el autor cede ante el peso de la costumbre y también utiliza el topónimo Malacachtepec Momoxco, intercalándolo con el de La Milpa.
3 El Momosco aquí, pienso que se debe interpretar como Momoxco, ya que en muchos casos los títulos primordiales no escriben los términos nahuas con la mayor precisión, por ello el sonido «x» usualmente aparece representado como «s».
4 «Título primordial de la Asunción Milpalta», en Paula López Caballero (estudio introductorio, compilación y paleografía), Los Títulos primordiales del centro de México, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2003, 219-229 p., p. 222.
5 Serge Gruzinski. La colonización de lo imaginario. Sociedades indígenas y occidentalización en el México español. Siglos XVI-XVIII, Jorge Ferreiro (tr.), México, Fondo de Cultura Económica, 2007, 311 p., (Obras de Historia), pp. 104 y ss.
6 «El catequista en el pueblo de Sta. María La Milpalta», en Universidad de California, colección Hubert Bancroft, Faustino Chimalpopocatl Galicia, manuscritos en idioma náhuatl 1855-1866, Ms. 474:8, 1r-9v f., f. 2r.
7 Isabel Ramírez Castañeda, «El folklore de Milpa Alta, DF, México», en Proceedings of the Eighteenth International Congress of Americanist. Londres, 1912, 352-361 p., p. 352.
8 Luz Jiménez, De Porfirio Díaz a Zapata. Memoria náhuatl de Milpa Alta, Fernando Horcasitas (ed.), Miguel León Portilla (presentación), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1968, 154 p., p. 18.
9 William Madsen, The Virgin’s Children. Life in an Aztec Village Today, Austin, 1960, University of Texas Press, 248 p., p. 3.
10 Rudolf van Zantwijk, Los indígenas de Milpa Alta herederos de los aztecas, Miguel Vilchis Mancera (pról.), Ámsterdam, Instituto Real de los Trópicos, 1960, 100 p., (Colección de Antropología Cultural y Física no. 64), p. 4.
11 Fidencio Villanueva Rojas, Aztecacuicame, cantos aztecas, México, Gobierno del Distrito Federal, Secretaría de Desarrollo Social, Dirección General de Equidad y Desarrollo Social, Programa de Apoyo a Pueblos Originarios, 2006, 156 p. La primera edición del libro es de 1949.
12 Alonso de Molina, Vocabulario de la lengua mexicana castellana y en mexicana y mexicana castellana, Miguel León Portilla (estudio preliminar), 6ª. Ed., México, Porrúa, 2008, entrada malacachoa.
13 Rudolf van Zantwijk cambió el término Momoxco, al no entender su sentido, por el de Momozco: «lugar de pequeños altares», denominación que actualmente ha ganado más aceptación que la primigenia de Momoxco.
14 José Concepción Flores Arce Xochime, Quetzaltlahtolli, palabra náhuatl contemporánea, expresión de la lengua náhuatl del centro de Milpa Alta, Distrito Federal, México, Gobierno del Distrito Federal, Secretaría de Desarrollo Social, Dirección General de Equidad y Desarrollo Social, Programa de Apoyo a Pueblos Originarios, 2005, 190 p., p. 187.
15 Malacatl o malacate es el nombre por el cual se designaba a esas figuras de barro que hoy reciben también el título de «pirinolas» y que servían como husos para que, por medio de él, se enredara o deshilvanara el hilo de ichtle o algodón.

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