La partida de Enrique Urrutia

Conocí a Enrique Urrutia en el otoño de 2008 cuando me invitó a participar como conferencista en el marco del X Aniversario del Consejo de Fomento Cultural en Xochimilco, AC. La reunión se realizó en uno de los salones de la casona de su amiga Alicia Trejo.

2001

 

Enrique Urrutia

 

Por Ricardo Flores Cuevas | Revista Nosotros, número 186 | Febrero de 2017

Conocí a Enrique Urrutia en el otoño de 2008 cuando me invitó a participar como conferencista en el marco del X Aniversario del Consejo de Fomento Cultural en Xochimilco, AC. La reunión se realizó en uno de los salones de la casona de su amiga Alicia Trejo.

Desde aquel 11 de diciembre tuve la fortuna de comenzar a frecuentar al personaje del que, siendo sinceros, desconocía quién era a cabalidad. Cuando lo visité por primera vez en su casa experimenté la maravillosa curiosidad que despiertan los muros saturados de pinturas, artesanías, esculturas y libros.

Su colección fue el resultado de una larga trayectoria como gestor y promotor cultural, pero sobre todo de su amor por el arte. Su infancia estuvo marcada por el ilustre José Farías Galindo, quien invitó al niño Urrutia, de apenas siete años, a declamar en fiestas cívicas, sociales y culturales del pueblo de Xochimilco y en las citas bohemias que el profesor organizaba. Enrique recordaba aquellos años de ensueño, escuchando y hablando con artistas, escritores y músicos.

Aprovechó todos los recursos a su alcance para continuar la veta cultivada desde su infancia, fue integrante del coro de la Secundaria Número 1, y en la Preparatoria 5 formó parte del grupo de teatro dirigido por Héctor Azar.

Las artes escénicas no estuvieron ausentes en su vida universitaria; fue integrante del Grupo de Teatro de la Escuela Nacional de Economía con la dirección de Herber Darian y Carlos Fernández.

El teatro, sin duda alguna, fue la disciplina más desarrollada por Enrique. De ser actor pasó a fundar y dirigir en 1965 el Grupo de Teatro Experimental Xochimilco, creado para dinámicas de análisis juvenil y difusión de mensajes de integración social. Este grupo dio su última función en 1991 y en este mismo año a Enrique le fue otorgado un reconocimiento en el Foro Cultural Quetzalcóatl por los 25 años de su grupo teatral. Nunca más retomó su pasión.

A los 26 años nuestro amigo ya brillaba con luz propia en la escena cultural de la demarcación, por lo que fue invitado en 1973 por el delegado Mariano Velasco Mújica a formar parte de la primera Junta de Vecinos de la Delegación Xochimilco, la cual fue presidida por la señora Dolores Olmedo Patiño. En estos años se consolidó la amistad entre Urrutia y Olmedo.

También fue convocado en 1992 para ser miembro fundador del Patronato del Parque Ecológico de Xochimilco. Cinco años más tarde fundó y presidió hasta su fallecimiento el Consejo de Fomento Cultural en Xochimilco, AC.

En los últimos años de su vida, debido a su vulnerable estado de salud, se retiró de la esfera pública: En 2010 la delegación Xochimilco le otorgó un reconocimiento «por su participación indomable, incansable, en el arduo camino de la cultura». La ceremonia se realizó en la Casa de Cultura de San Mateo Xalpa, dirigida por Herlinda García Ortega.

Inmerso en la vida privada se dedicó a cultivar a su larga lista de amistades. Siempre bien vestido, esperaba el momento en que sonara el teléfono o llamara a su puerta alguien que deseara charlar con él. Desde el interior de la que antiguamente fuera conocida como la «Quinta Rosario», ofrecía entrevistas, preparaba discursos, escribía algún prólogo, leía o bien, veía películas. Fueron pocas las pláticas que sostuve con él en la que no hiciera referencia detallada a algún filme.

Preocupado por el deterioro cada vez más avanzado por el que atraviesa Xochimilco, organizó ciclos de conferencias en 2014, 2015 y 2016, donde convocó a académicos, investigadores y funcionarios. Cabe resaltar que el último coloquio lo orquestó con un teléfono desde la cama; su cuerpo había perdido vitalidad, pero ese obstáculo lo superó recurriendo a una silla de ruedas y con ella se plantó en cada una de las tres sedes del último evento que organizó en su vida.

Muy a tiempo, en octubre de 2016, el Centro de Información y Documentación Específica de Xochimilco (cidex) le otorgó, junto con otros personajes, un reconocimiento en el marco del homenaje al doctor Andrés Medina.

Contra todo pronóstico, vale la pena resaltar que a Enrique no le interesaba ser homenajeado; en la última etapa de su vida fue modesto y reservado; satisfecho de la vida que le tocó y procuró vivir.

En este tenor, vale la pena recordar que nació en el seno de una familia de profesionales, su madre Ernesta Méndez Rivera, oriunda de San Pedro Atocpan, se graduó como enfermera en 1922. Su padre Vicente Urrutia, él sí de Xochimilco, concluyó sus estudios de medicina a mediados de la década de los treinta. Los ingresos familiares fueron bondadosos si pensamos que en esos años nuestro país gozaba de crecimiento económico; vivieron la antesala, el apogeo y decadencia del Milagro Mexicano.

Cuando Enrique nació Xochimilco ya era el lugar adoptivo de varios artistas e intelectuales, además de que el número de técnicos, profesionales y creadores oriundos de la demarcación iba en acelerado incremento.

Este contexto le permitió conocer, por ejemplo, a Francisco Goitia: le fue a dejar a su casa un cráneo humano. Sí, el pintor lo requería para la obra que tenía en marcha y contactó, a través de un vecino, al doctor Urrutia para que le facilitara uno y Enrique se lo llevó.

Viajó a Japón, Estados Unidos y a diversas ciudades europeas, lo que le dotó de cierto aire cosmopolita, al mismo tiempo que valoró y defendió los valores propios. Se formó como economista en la UNAM y laboró en diversas instancias del Gobierno Federal y delegacional desde 1968 a 1998.

Sin lugar a dudas tres han sido, por lo menos, las huellas que ha dejado en el entorno cultural de la región: el impulso al teatro; el fomento cultural y su vasta colección artística. Sobre esto último, no se definió asimismo como coleccionista, sino como un defensor. Apreció no a las obras en sí mismas, sino a los valores culturales que contienen.

Enrique Adrián Urrutia Méndez murió en su casa de toda la vida en el barrio de Tlacoapa el día 28 de diciembre de 2016 a los 69 años de edad. En el mismo lugar donde su señora madre atendió en el parto a incontables mujeres de Xochimilco.

Descanse en paz.

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