¡A darle que es mole de olla!

Antes que nada Aurea Reza dice que escribe porque le gusta el oficio de escribir y es feliz al «garrapatear letras que poco a poco alcanzan sentido», además de sentirse libre cuando consigue enlazar las palabras justas.

Z5 Leticia Reza

Aurea Reza, al centro, con su libro

 

Por Sergio Rojas

Antes que nada Aurea Reza dice que escribe porque le gusta el oficio de escribir y es feliz al «garrapatear letras que poco a poco alcanzan sentido», además de sentirse libre cuando consigue enlazar las palabras justas. Y es que su pasión por la lectura, la llevó a ser una aficionada de la lectura.

En su libro ¡A darle, que es mole de olla!, de reciente publicación, la escritora milpaltense habla de la autora de sus días y sus cocinas, «de la alegría con la cual ella guisaba, y del gusto con el que comíamos lo que ella preparaba», comenta. «En fin, los aromas y sabores de mi infancia me acompañan todo el tiempo, quedaron retenidos en mi olfato, en mi tacto, en mi memoria gustativa», explica.

A partir de este libro tu oficio es el de escribir, decimos.

«¡Ya quisiera yo poder decir que mi oficio es escribir! –responde sorprendida–, como lo dijo Natalia Ginzburg en Las pequeñas virtudes. En verdad me agradaría que en mi caso fuera así, aunque suene un poco presuntuoso; sin embargo, no he dedicado el tiempo necesario para hablar de un oficio y soy una aficionada de la escritura. Siempre quise dedicarme a escribir, pero no lo hice antes por miedo a mí misma, por vergüenza ante el qué dirán, por inseguridad; sin embargo, no se puede renunciar a tu naturaleza, a lo que crees ser, a lo que te gusta, a lo que te hace feliz; si no lo haces corres el riesgo de convertirte en una persona amargada y eso es perjudicial para la salud».

Pero lo más difícil es publicar el primer libro, y tú ya lo hiciste.

«Bueno, pues después de rastrear recuerdos, explorar espacios prohibidos y evocar sucesos que se encuentran adheridos a la piel de mi memoria surgieron los relatos que conforman la primera parte del libro A darle, que es mole de olla».

¿Plasmas en tu obra recuerdos de familia?

«A la primera parte del libro la nombré ‘El dulce aroma de los recuerdos’, porque son textos de cierta manera autobiográficos, en los cuales se añora el pasado: la infancia en un entorno rural, la familia, el paisaje, los animales, las costumbres, la comida, los aromas y sabores de un tiempo irrecuperable. Menciono la casa de los abuelos maternos, Paloco, un lugar lleno de historia y de importancia en la historia local».

Recoges tus vivencias de otros tiempos ahí…

«En efecto, añoro la casa de mis abuelos, los atiborrados sincolotes, que me parecían gigantescos; las dos trojes, los corrales llenos de vacas, gallinas, pollos y marranos. Echo de menos los corceles, las yeguas y las mulas, aposentados en la caballeriza».

«En estos textos nos encontramos con fantasmas, leyendas, cincuates enamorados, hombres que venden su alma al diablo a cambio de monedas de oro, buscadores de tesoros, nahuales, mujeres que al trenzar su cabello trenzan su tristeza; escuchamos las voces de los niños que juegan con los juguetes que les traen los Reyes Magos, y nos encontramos con una tlacualera que en la Revolución anduvo pa’arriba y pa’bajo con la tropa y gozó de amores hasta quedar rendida, pero ¡nunca tuvo dos queridos al mismo tiempo!», exclama divertida.

La segunda parte del libro se titula «El agripo sabor de la vida», y lo tituló así porque al decir de Aurea Reza ahí descubre historias.

Son historias, explica, que «tienen obsesiones y delirios, amores vaporosos como el sueño, crítica social y política, como dice el editor A, Texcahua. Aquí encontramos a una mujer que asesina a su esposo porque huele a rancio, a pasado. Nos topamos con una adolescente que mata a su madre y a su hermana porque la ‘Bonita’ se lo ordena. A una mujer que asiste ilusionada a la presentación de una revista y esto da pie a una serie de reflexiones sobre la situación actual de Milpa Alta. A un muchacho originario de Oaxaca que en la gran urbe pierde hasta el nombre, se convierte en un ser anónimo…

—Está bien, ¿cómo te llamas amigo?

—El Oaxaca.

—¿Cuál es tu nombre?, te estoy preguntando tu nombre, pendejo.

—Soy el Oaxaca», relata.

Varios de los textos que contiene ¡A darle, que es mole de olla!, han sido publicados por la Editorial Benma, así como por Trajin, por lo que ahora se encuentran en esta antología.

«Espero que les interesen, les gusten y les dejen algo estos relatos. Bueno, eso se dice, pero si no les dejan nada, no importa, sólo disfrútenlos, que para eso se lee y… ¡a darle que es mole de olla!», concluye Aurea Reza. ♦

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